febrero 03, 2010

Cada Febrero.

Cada año, en el mes de Febrero, le escribo unos doce posts al tema del amor. No es algo al azar… digamos, que es una tradición. ¿Por qué? En nombre del amor nacemos; gracias a el, vivimos. Y lo cierto, es que nos pasamos media vida tratando de entender su sencilla complejidad. De ahí que yo me metiera en este lío… es algo entretenido.

Elio Carletti dijo una vez, sobre la Belleza, que: “era la suma de las partes trabajando juntas de tal modo que no se necesitaba añadir o alterar nada más”. Y creo que podemos aplicar el mismo criterio al amor: un conjunto de partes, que vistas desde un todo, generan armonía.

Cada persona tiene su propia noción del amor. Arraigados en sus vivencias y experiencias; en sus temores y anhelos… pero yo no busco eso. Me gusta ir un paso más allá y teorizar, dejando a un lado lo subjetivo. Sí, es un poco difícil escribir sobre lo que se siente sin mezclar los sentimientos, pero tampoco es un imposible. Siempre me gusta partir de un algo elemental, para llegar a un objetivo. No se trata de cambiar el mundo, ni de alterar la paz mental de las personas. Lo cierto, es que se trata de divertirme un poco explorando aquellas cosas que no son tan sencillas de encontrar sobre el tema. A veces hago historias; otras, desarrollo ideas; pero, en su conjunto, estos posts son algo así como un camino. Quizás debo partir desde cero, desde la nada. No sé… un amor que nace, literalmente, en las arenas del desierto; y, que yace perdido en el tiempo.

La Rosa del Desierto.
“Todo comenzó con una rosa del desierto, yacía solitaria sobre una peculiar mesa de caoba americana. Interesante contraste. Jamás uno pensaría encontrar una de estas en medio de una ciudad sin desiertos. Así que me propuse preguntar sobre su historia. Me dijeron que tenía cuatro décadas en aquel lugar, y la nadie la había tocado. Por qué, me preguntaba en mi interior. Me vi en la necesidad de sentarme frente a aquella interrogante mientras esperaba por unos documentos.

Mientras más esperaba, más intrigado estaba sobre aquel objeto. Por cosas del destino, una señora muy mayor pasó por mi lado en ese momento, y al mirarme sonrió. Me contó que esa rosa del desierto había estado en su familia por tres generaciones. Su padre, había conquistado el corazón de su madre con tal objeto (te preguntas: ¿con una piedra?... calma). Ellos se conocieron por casualidad: mundos distintos, historias distintas… nada en común. Ella observaba unos muebles, ya que sus padres se habían mudado a una casa más grande; y resulta ser, que él era el artesano que los construía. Al final de la pequeña tienda, bajo una solitaria luz blanca, había una pequeña mesa de caoba, tallada a mano. Era redonda, y tenía tres patas torneadas con una simetría aparentemente perfecta, que formaba un espiral… hacia el infinito. Mientras más se acercaba la joven a dicha obra de arte, más detalles aparecían en su superficie… ¿Cuanto cuesta?, preguntó la inquieta dama, que sentía atraída su mirada hacia aquel objeto. Él contestó: no está a la venta. “En ella se posa la rosa”, comentó, mientras levantaba el velo semi transparente que cubría a su pequeño tesoro.

En ese momento, ella notó, que lo que llamaba la atención era aquella rosa del desierto, colocada y centrada sobre las formas geométricas de aquella mesa. Ella le dijo: “es hermosa”, mientras una sonrisa adornaba su rostro. Y luego, se marchó… debía viajar al extranjero y estaba retrasada.

Un tiempo después, ella volvió a la tienda. Era una mujer mas madura, y el artesano ya era un próspero empresario, pero vivía su vida igualmente sencilla. ¡Aún no has vendido tu rosa!, fueron sus primeras palabras. Y lo cierto es, que era una mujer hermosamente deslumbrante. Una fuente de inspiración, digna de ser tallada en madera. Y digamos que así lo hizo… pero esa es otra historia.

Ella jamás había visto una rosa del desierto, y por más que había buscado una no la había encontrado. Toda aquella conversación sobre el tema fluyó tan bien, que pasaron unas horas conversando sobre sus respectivas vidas y sus diametralmente opuestos puntos de vista sobre todo… quizás por eso se atraían tanto.
Continuará…

4 comentarios:

Liliana dijo...

Tratando de entender su sencilla complejidad...de como podemos renunciar a nuestra libertad, a nuestro modo de hacer las cosas y vivirlas para fundirnos con otro que al igual renuncia a todo por una. No parece logico pero es exactamente lo opuesto al egoismo. Me encanta tu historia y ya quiero leer como este artesano deslumbra la bella dama.

Fran dijo...

Mi querida Lil, efectivamente las cosas son tal y como dices. La verdad no sé como escribiré la historia... eso lo haré mañana :)

Por cierto, mi querida amiga: no me habías dicho que te casas... 12 de junio??? FELICIDADES y muchas bendiciones para tí y para tu futuro esposo: Mr. Nelson Torres Diaz???

Mejor voy a tu blog... :)

Liliana dijo...

Si!! Mr.Nelson Joel Torres Diaz, jeje!! Ya me imagino quien te dio el dato... dile que es el 5 de junio. Despues llega muy tarde y no tengo quien me entregue. :P

Un fuerte abrazo amigo mio

Fran dijo...

Hola Lil. Jajajja... nop, no fue el Sensei (es un hombre muy discreto). Digamos que fue un "fantasma detrás de una máquina". Pero como quiera, para ti: solo lo mejor.

Un abrazo, y esperó que el Sensei Joss entregue a su princesa a tiempo (día 5)

:)