noviembre 29, 2010

Clásicos de Navidad: El Arbolito.


Ya estamos en la época navideña: hace el típico “friíto” navideño. Está claro de que los dominicanos si pudiéramos vivir en fiesta los 365 días del año, lo haríamos. Eso lo heredamos de la cultura española.  Conozco personas que dejan su árbol navideño y sus cuchumil adornos durante muchos meses. Pero, eso antes no era así.

Cuando yo era un niño-adolescente, el “arbolito” era un árbol natural. Sí, un pequeño pino o un ramo frondoso y resistente que durara un tiempo más o menos razonable. Bueno, lo cierto es que para el Día de Reyes, el condenado siempre estaba amarillo y se caía a pedazos. Recuerde, le estoy hablando de un par de décadas atrás: no había arbolitos chinos por pipá (cantidades industriales) como estamos acostumbrados hoy en día. Bueno, la travesía comenzaba con ir a la finca de un amigo de mi papá, este loco tenía mas pinos que una reserva ecológica y siempre le regalaba a mi papá un pequeño árbol de pino, o en su defecto, una rama gruesa que sirviera a tales fines. El asunto comenzaba con la elección y el “corte” del condenadito pino (daba piquiña). Siempre recuerdo al “moreno”, un hombre alegre (y que le faltaban un par de dientes); él cuidaba esa finca y tenía un colín (machete) que parecía un sable japonés. Al parecer el condenado desconocía el hacha, pero cortaba el arbolito de pocos golpes. Una vez cortado el “Sanbolito” (Santa Cló dejaba los regalos debajo), teníamos que montarlo en la camioneta y rezar porque no se “desconchinflara” (destrucción total). Una vez en la casa comenzaba la “pelea”: había que emburujarse con el pino, desamarrarlo y ponerlo en un tarro lleno de piedras, arena y agua, para que se mantuviera perfectamente nivelado. Recuerdo que con el paso de los años, casi me partía la columna cargándolo, y siempre había que cortarle un pedazo, porque llegaba al techo. No lo niego, llegué a romperle un par de ramas… solo había que darle la vuelta.

Recuerdo que en aquellos años las bolas eran de cristal, y explotaban bien chulo… sí, aún recuerdo las heridas. Las luces eran de muchos colores: rojo, azul, verde, amarillo y mamey (naranja). Soy el encargado de las luces navideñas desde que era un niño y no recuerdo una sola Navidad en que todas las extensiones que usamos funcionaran: siempre hay una que da la brega del año. Recuerdo los corrientazos que me he dado por algún cablecito pelado o bombillo roto. En aquella época, los arbolitos se decoraban con pequeños regalos coloridos, imitación de nieve, campanas, ángeles, el nacimiento y la estrella. Recuerdo la escarcha dorada, roja y blanca de las bolas, etc. Lo gracioso es que el olor a pino siempre queda en la memoria. Basta decir, que con el paso de los años fueron y vinieron formas y colores, pero el espíritu siempre ha sido el mismo.

Y así como todo en la vida: los tiempos cambian, y gracias a los chinos desde hace más de 15 años tenemos disponibles el arbolito artificial. Antes de eso existían, pero costaban un ojo de la cara y eran más inflamables que la gasolina. Uno pensaría que esto ha revolucionado este clásico navideño de buscar, cortar, cargar e instalar esta pieza de espíritu navideño. Bueno, en parte, solo hay que cambiar lo de “cortar” por “pegar”. Me explico: La selección es sencilla: “Fran busca el arbolito en el “cuartico””. A modo de ilustración: el “cuartico” es el cuarto de servicio (que no se usa), y que tiene una tres o cuatro toneladas de cajas, libros, herramientas, alfombras, muebles, y en fin, todo lo que dentro de una casa estorba durante el año y se “guarda” esta ahí… lo gracioso es que el arbolito SIEMPRE queda debajo de todo eso, por lo que hay que hacer una excursión de unas 2 o 3 horas para llegar a él y juntar sus partes.

Una vez realizada la extracción dentro de esta zona de la jungla urbana, hay que revisar que el “sanbolito” esté completo y rogarle a Dios porque una de esas cajas o herramientas no lo haya roto. Tomemos una pausa: en este punto exacto es que aplica el único cambio de la rutina del arbolito a través del tiempo: El arbolito ya no se “corta”… si se le rompió un rama hay que “pegarla”…el lío es que el plástico es de alta densidad y pesado, pero eso es otra historia. Una vez revisada la estructura del arbolito, uno procede a “echarse al hombro” (cargar) las partes para proceder a armarlo en la Sala. Una vez abiertos los ramos, uno advierte de que igual que con su predecesor natural a éste se le caen algunos filamentos, frutos de la tortura del tiempo… y que igual topa el techo, por lo que la “estrella”, debe entrar a “presión”. Ya las luces son de un solo tono, aunque cada año hay nuevas tendencias. Las puede tener fijas o parpadeantes, con música o sin música. Hay miles de tipos de adornos dependiendo el gusto. Sin embargo, hay que dar gracias a Dios, porque las bolas son plásticas, igual que los demás adornos, salvo que el arbolito coja fuego porque algún jodido “bombillito” roto hizo tierra con alguna parte metálica... en este caso quizás pierda su casa. Lo más gracioso es que las condenadas extensiones de luces siguen dando los mismos corrientazos a través de los años: 110 voltios… no sé para qué tienen fusibles.

En fin, el árbol de navidad es un clásico. No por la brega que da instalarlo sino por los gratos recuerdos que trae. Esa magia que acompaña a la familia durante esta época. No importa el tamaño, el color o la forma. Este símbolo, no tiene un significado basado en su origen, sino, más bien, en que evoca el espíritu mismo de la navidad: la familia. Quizás de ahí es que siempre necesite de un Nacimiento que adorne su base para completar el concepto (la natividad del Señor). Son tantos los recuerdos que tengo junto a tantos árboles tan distintos y tan similares que quizás solo merezcan ser recordados como lo que son: un clásico de navidad.

noviembre 25, 2010

¿Thanksgiving?

Nosotros los caribeños somos americanos, y aunque a veces lo olvidamos: nacimos en América. El asunto es que como cada año, hoy, cuarto Jueves de Noviembre: se celebra el Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos. Uno pensaría que es un día comercial, pero creo que el verdadero día comercial comienza mañana: “Viernes negro”, fecha en la que podemos obtener buenos descuentos en los cachivaches que compramos vía Amazon o Ebay… pero eso es mañana, es otra historia... hay que vivir el presente.

Los dominicanos tenemos la particularidad de que convivimos con una parte de la cultura norteamericana y por ende, a veces, nos vemos envueltos en algunas de sus costumbres. Yo me crié con algo similar al Día de Acción de Gracias, pero con una pequeña diferencia: Cada Domingo, o cada día en el que nos reunimos en familia damos gracias a Dios por nuestra familia, lo que somos, y por todas las cosas positivas que nos brinda y nos ha dado. El asunto es saber agradecer, y compartir la dicha de estar ahí.

Usted puede creer o no en Dios, lo malo es que dude en qué creer. Sin embargo, es muy difícil pasar un año en el que a alguien no le sucedan cosas buenas. Al mirar los detalles, siempre hay algo bueno por lo que uno debe agradecer: la vida. Agradecemos la dicha de compartir con la Familia, el bien más valioso. Y por encima de todo, siempre debemos agradecer, por el mero hecho de estar aquí, en este preciso momento. A veces, para un momento mágico solo hace falta la presencia; y, sobran las palabras. Ese es el verdadero espíritu del Día de Acción de Gracias. Y quizás todo se trata de esto: de esperanza. En fin, la vida es demasiado efímera como para pensar en el pobre pavo, si puede y lo tiene: disfrútelo… con un poco de puré de papas. Así, algo simple como compartir, se convierte a la vez, en algo espectacular.

P.d. Yo agradezco a Dios cada día. :)

noviembre 18, 2010

Cuando un amigo se va.


Esta madrugada falleció Don Freddy Beras Goico. Muchos lo recordarán como un comediante, un humorista cuya gracia desbordaba cualquier parámetro dentro del diario vivir. Sin embargo, quienes nacimos hace más de tres décadas, tenemos en nuestra mente una idea acabada de lo que verdaderamente fue Don Freddy: un ejemplo a seguir.

Fue un hombre íntegro que supo anteponer el respeto y los valores familiares ante un mundo que cada vez valora menos ésta cualidades. Padre ejemplar, “hermano” de muchos y amigo de “todos”. Don Freddy siempre supo alegrar el día... y la noche. Sin embargo, debo señalar que este hombre, dentro de su “gracia”,  sabía llevarnos un mensaje de reflexión humana y social. Un hombre en sí mismo no es nada, pero si levanta su voz para expresar su sentimiento y su opinión: es más que un todo. Y eso, era Don Freddy Beras Goico. Fue un hombre bondadoso que siempre estuvo dispuesto a tender su mano a los demás, y a luchar por la defensa de los valores familiares. Tenía un carácter fuerte, pero era un hombre humilde que en su legado nos deja: TODA SU VIDA.

Dedicó su tiempo a hacernos reír… y llorar. Y, aunque tenemos la tristeza de haber perdido a una leyenda, tenemos la alegría de saber que mientras en alguno de nosotros exista un recuerdo de Freddy Beras Goico, su legado... permanecerá vivo.

noviembre 11, 2010

El Tren de la Vida.


A veces, me pongo a pensar sobre la vida, vista como un tren que a veces, hace una parada; pero, que nunca se detiene. Es fácil imaginar tu vagón, lleno de personas que el destino pone ante ti, o quizás, ante ustedes. Algunos hacen el viaje, caminando sin cesar de un vagón a otro, otros, se la pasan compartiendo con todos; mientras algunos, solo disfrutan en su asiento de la majestuosidad del paisaje que los deslumbra por el cristal. Pero, en todo viaje llega un momento en que debes dejar a un lado a las personas y al paisaje. Debes detenerte, tomar un descanso y darte un tiempo para ti mismo.

A lo largo del camino, has compartido con estas personas que viajan en el mismo tren. Has conocido toda una variedad exótica de pensamientos, sentimientos e ideas que de seguro marcarán tu rumbo. Y lo cierto es, que todo se reduce a un momento, y a las decisiones y consecuencias que tomaste. Cada vagón es distinto y muy particular en cuanto a la compañía y las experiencias. Puedes ver como algunos miran hacia atrás el camino recorrido, dejando a un lado lo que les trae el futuro. Notas como otros ven perplejos el mundo que les rodea, pero solo hacen eso: observar… ¿y tú? Tu que has transitado en este tren cientos de veces, tu que has sabido ver hacia atrás y hacia delante, que conoces ese paisaje exterior como la palma de tu mano.

En el preciso momento en que sabes quien es y dónde esta sentado cada pasajero, el momento en que frente a tus ojos puedes ver todas las historias vividas por cada uno de aquellos seres que te acompañan. En aquel momento, en que le has dado a ese tren lo suficiente de ti… te darás cuenta de que ya no hay lugar para ti en esos vagones. Comprenderás que cada viaje, será distinto. Nunca habrá dos soluciones iguales, pero podrás meditar a lo largo del camino. Una vez echada a andar la suerte por aquellos rieles, aún cuando el viaje esté frente a la inclemencia del destino, deberás recordar quién dirige a esa máquina. La vida no es solo un camino lleno de rieles. Va más allá de un principio y un fin. Con el paso del tiempo, quizás quieras dejar el tren para explorar por ti mismo el mundo fuera de las vías. Este momento, quizás será el más importante de tu vida. Te habrás dado cuenta de que hay otros trenes, que llevan por otros caminos, llenos de historias que aprender y personas con las cuales compartir. Comprenderás que “el tren de la vida” no es un lugar, sino parte de la vida. La vida en sí, no se trata de un lugar, sino del camino que recorremos para llegar a donde se supone que debemos hacerlo. A lo largo del viaje, siempre aprenderás cosas nuevas y sonreirás por lo que has vivido. Al final de este viaje, le darás gracias a Dios… y seguirás tu camino.

noviembre 08, 2010

A mis 32.



Hace unos días cumplí mis 32 años de vida (casi la edad de Cristo). Y como cada año, me gusta reflexionar sobre las reglas y las metas que me guiarán al próximo año. Y qué decir: llevo una filosofía de vida bastante simple. En fin, el día de ayer estaba viendo (en familia) la película de Charlie St. Cloud, y recordé por alguna razón esa forma peculiar de ver el mundo de Edward Estlin Cummings, ese poeta tan peculiar en su forma de escribir. En esta película, se usa una frase de E.E. Cummings que versa: “trust your heart if the seas catch fire. live by love though the stars walk backwards. honour the past but welcome the future”. El mensaje es simple: confía en tu corazón sin importar la apariencia de las cosas; y, valora el pasado, pero construyendo tu propio futuro. Al verlo desde ese punto de vista, se hace necesario ver todo el contexto de la idea que Cummings plasmó. En este sentido, debería escribir:

Zambúllete en busca de sueños
Pues de lo contrario una consigna puede derribarte
(Los árboles son sus raíces
Y el viento es viento)

Confía en tu corazón
Si se incendian los mares
(Y vive por amor
Aunque las estrellas caminen de espaldas)

Honra el pasado
Pero saluda al futuro
(Y sacúdete la muerte
Bailando en esta unión nupcial)

No te inquiete un mundo
Con sus héroes y villanos
(Pues a dios le gustan las chicas
El mañana y la tierra)

                                                                      Autor: E. E. Cummings

Y creo que es así, al final de la historia todo se trata de esto: de los sueños y los sentimientos que te hacen ser quien eres. De que debes confiar en ti mismo, siempre. Y que debes aprender de las cosas que has experimentado a lo largo de tu existencia. Nunca cierres una puerta sin tener la llave a mano… sería como olvidar en dónde has estado. Debes disfrutar este momento, pues es algo único. Y debes aceptar tu destino, pero aprendiendo a forjarlo por ti mismo. En este camino, no hay héroes o villanos, solo personas que se cruzan, quizás, por casualidad. No temas olvidar, siempre que tu corazón recuerde. Pero, sobre todas las cosas, nunca olvides recordar que siempre debes intentarlo nuevamente, ya que siempre habrá un nuevo capítulo por escribirse, pues ésto, es sencillamente una historia: TU historia... y es a lo que llamamos VIDA.