julio 06, 2011

Hasta la orilla.


Debo confesarte que en este océano que es la vida, navego errante a merced de las corrientes del destino. Y debo decirte que tras este mar de vastas experiencias, los hay quienes se pierden en el triángulo del olvido.

Las tormentas del silencio pueden llegar a hundir tus sueños. Y sin nada a qué aferrarte, flotas como náufrago, sin ningún rumbo o sentido. Pero, en el lugar más oscuro y solitario de la más fría y desolada noche, siempre habrá algo que llevarás contigo.

Pueda ser que no comprendas, en el momento, de lo que se trata. Quizás solo veas los vestigios de una vida pasada, o sientas aquello que aún nos mantiene vivos. Lo cierto es, que todos navegamos sin rumbo fijo, buscando en mil lugares... aquello que jamás perdimos.

Quizás te preguntes el por qué de mi viaje, o el por qué no puedo seguir ya contigo. Yo pertenezco a un lugar más allá de las olas, en donde ya no existen el tiempo, ni los caminos. Y por más que te aferres para sobrevivir, debes saber que esta historia termina al llegar a la orilla; cuando estés a salvo, y puedas encontrar un camino.

No debes preocuparte por mí ahora, el tiempo y el mar borrarán todas mis huellas. Y al bajar la marea, debes comprender que aunque que te serví de guía y de sustento, debo volver a ese mar, a navegar tras mi propia estrella.

Toda vida necesita algo de lluvia, y toda historia necesita de un testigo. Debes entender que esto no fue una aventura; fue más bien, un salvamento de aquellas cosas que jamás perdimos. Al llegar a la orilla, nuestra historia habrá terminado. Pero, tu oportunidad de vivir… habrá comenzado.

Y si alguna vez volvieras, y recordaras a aquel tronco a la deriva que te cruzó el destino. Regala una sonrisa al viento, en su nombre; pues su recuerdo, siempre estará contigo.

1 comentario:

Ly dijo...

Hubo una huella que nunca borrarás es tu luz, luz de estrella como faro guía siempre vivirás...

Ly