agosto 01, 2011

Cerrando los baúles.


Bueno, esto es un Atic0 (virtual). Lleno de ideas y recuerdos que escapan al tiempo y al espacio. Creo que ya es hora de cerrar este tercer baúl, y dejar guardados sus secretos, bien resguardados del olvido. Ya es tiempo de sentarme en mi mesa de trabajo, y disfrutar de lo que me gusta hacer (aprender y crear), para ver qué obtengo de esta parte de mi historia.

Ayer celebramos en República Dominicana el día del Padre; y como siempre, lo pasamos en Familia. Creo que hoy debo escribir sobre mi padre (y los padres, en general). Tengo los mejores padres del mundo (eso lo decimos todos los hijos), y cada uno de ellos ha forjado parte de mi personalidad, incluso, mas allá de la genética (mañas). Mi mamá es súper inteligente (eso lo heredé de ella) y como persona… bueno, es mi mamá (la mejor madre del mundo: sobre-protectora, cariñosa, comprensiva y un millón de cualidades más). Por otro lado, está mi papá. Yo fui uno de los mayores regalos de su vida (como hombre): su único varón. De mi papá heredé mi paciencia (legendaria, aunque el logra ponerla a prueba… jajaja) y ese estilo de “guardia” (tipo militar: rectitud, honradez y respeto). Me instruyó en armas desde que era un niño (y fui bastante bueno; al parecer, lo de cazador es genético), y me enseño a manejar vehículos como a los 13 años. Fui su compañero de viajes durante muchos años, y tengo un millón de recuerdos con mi “viejo” (pero lo que más recuerdo es que mi papá jamás me dio una “pela”, me puso de castigo un par de veces, pero mi mamá siempre fue la “Ley” en casa). Y ayer, recordando todas las vivencias en casa, daba gracias a Dios por tener a mis dos progenitores conmigo. A veces, ambos ponen a prueba mi paciencia (pues 3 personalidades dominantes siempre crean fricción); pero, creo que no existe nada más valioso que la familia.

Mi papá y mi abuelo materno hicieron el 50% del hombre que soy (a mi abuelo paterno no lo conocí, murió antes de que naciera). Mi abuelo materno, me enseño a que un hombre debía saber de todo y hacer de todo. Recuerdo que antes de morir, me pidió que cuidara a mis padres, y eso he hecho toda mi vida (bueno, eso hacemos los hijos). Llega el momento de la vida, en que los hijos nos volvemos los padres de nuestros padres (los cuidamos); y como siempre digo, esto no es cosa de un solo día: es por toda vida. Yo soy de los que piensa que la figura paterna es fundamental en la vida de una persona. Y no se trata de ser el “hombre” de la casa (ese papel lo puede hacer perfectamente una mujer). El punto está, en que los hombres somos totalmente distintos a las mujeres en un 70 u 80 por ciento de nuestro ser, y eso influye directamente en el desarrollo de la personalidad de los hijos.

Ser padre, no es “aportar” genes o dar dinero; o, ver a los hijos una vez al año, o los fines de semana. Ser padre es estar ahí siempre (en las buenas y en las malas), es un matrimonio sin divorcio entre usted y esa pequeña “cosita”: desde que nace, hasta que crezca y llegue mas lejos de lo que usted pudo llegar. Doy gracias a Dios por mi papá: el mejor hombre y padre del mundo. Y por cierto, Feliz Día del Padre.

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