octubre 18, 2011

Practica con el ejemplo.



Bueno, hace unos días, estaba en el gimnasio haciendo mi rutina de pesas, y en eso llegaron dos novatos en su primer día: menores de 20 años, como de 90 libras uno; y el otro, de unas 150. El más “delgadito” le dijo al otro: “tu verá, en seis meses tu y yo vamos a estar dándole con ese peso (360 libras, en pecho)… y cuidao”. Con el perdón de la expresión, la maldita risa que a mí me dio al escuchar eso, me hizo bajar las pesas y reírme (hasta se me aguaron los ojos). A los pocos minutos, el más delgado estaba casi en coma por dos pesitas de 20 libras; y el otro, estaba literalmente “explotao”, y no hacía nada más que quejarse.

En ese momento, intervino San Francisco (yo), y los orienté respecto a que no se debe hacer ejercicio cardiovascular antes de las pesas; y, que los novatos, deben comenzar su rutina, exclusivamente, con máquinas (nada de mancuernas). Entonces, una persona que me vio, me preguntó sobre el por qué orientaba a esos novatos, si para eso estaban los entrenadores. Le decía yo, que llevaba más de media vida en estos menesteres, y que era casi obligatorio orientarlos, para que hicieran los ejercicios de forma correcta, y no se lastimaran. Sin embargo, a los pocos segundos me llegó a la memoria la imagen de un buen amigo que falleció hace ya varios años. Era un señor de unos 72 años, muy querido por todos en el gimnasio, al cual llamábamos: “Manito” (diminutivo de “hermanito”, ya que así el nos llamaba a todos).

Era un señor bondadoso, y de gran corazón. Iba todos los días al gimnasio en su bicicleta en un recorrido de unos 8 a 10 kilómetros desde su casa. Siempre estaba dispuesto a orientar a los demás, y vivía sonriendo y saludando a todo el mundo. El es, uno de los mejores tenores que he conocido en la vida. Siempre recuerdo el día que lo conocí: fue el primer día que levanté 900 libras en prensa (piernas). Yo estaba solo en el gimnasio, y me puse a inventar con mis 20 platos de 45 libras… creo que solo hice 4 repeticiones. Al levantarme y voltearme, ahí estaba él, observándome con una cara de sorprendido. Y, con una sonrisa, me dijo: “manito, no me imaginaba que usted pudiera levantar todo ese peso, así que estaba cerca por si necesitaba mi ayuda”.

Con el paso de los años, nos hicimos más amigos. Recuerdo que me relajaba mucho, porque en aquella época tenía yo mi complejo de Hulk (indestructible) en mi máximo esplendor, y el siempre me decía “tómelo con calma, vaya despacio manito”. Como abogado, le di algunos consejos y orientaciones, ya que, al parecer, no tuvo una vida fácil. Me contó de su amor por la opera, y de cómo lo habían entrevistado para un programa italiano, creo. Se le iluminaban los ojos cada vez que hablaba sobre la música clásica y los “grandes” de la opera. 

Vi a ese hombre, lleno de vida y bondad, “meterle” conversación a decenas de personas mientras hacían ejercicio, como excusa; para al final, indicarles que lo estaban haciendo “no muy bien”. (Uno de ellos, fui yo). El murió de un infarto… ironía de la vida. Hacía ejercicio a diario: pesas y cardiovascular. Aún hoy, puedo escucharlo cantando una de aquellas piezas líricas que alimentaban su alma. Recuerdo que le encantaba cantar sus operas cuando el gimnasio estaba casi vacío; decía, que así el sonido reflejaba mejor en las paredes; aunque le gustaban los aplausos de nosotros, sus compañeros de tortura. La música era su vida, más allá de su propia vida.

Muchas personas, no tienen la más mínima idea del valor real de cada vida. Cómo nos puede cambiar una sola persona. En esos segundos, mientras estaba en la caminadora,  recordé que ayudo a las personas porque es, sencillamente, lo correcto. Una sola acción, causa una infinita reacción en cadena tanto presente, como futura. Si algo me enseño ese buen amigo, fue a que debes practicar con el ejemplo las cosas positivas… no importa el resultado. 

2 comentarios:

soy... dijo...

Te estoy poniendo letras de canciones que no son movidas... disculpa... jeje. pero es que me llega esto a la cabeza cuando te leo.

Expresa Lo Que Sientes

Expresa con tus manos lo que sientes,
el amor no lo encierres,
déjalo salir
déjalo salir.

Demuestra tiernamente tu cariño
con un gesto sencillo
déjalo salir
déjalo

Una caricia,
una sonrisa,
déjalas salir
déjalas salir

Un saludo.

Fran dijo...

Soy, amigo: a veces, creo que eres mas "religioso" que muchos cardenales. :)

Saludos.