enero 31, 2011

Training.


Bueno, una de las metas de este año es dedicarle un poco más de tiempo a la salud física. La historia es corta: media vida en el gym, lo dejé por estudios, y volví al gym… lo mismo de siempre. Bueno, estoy llevando un entrenamiento de “animal”, para tomar plenitud de forma y disfrutar de una salud “aceptable”, por lo que no he de extrañar que casi no escriba, ya que el tiempo que “sobra” pasó a ser dedicado a otros asuntos más imperiosos (como dormir y quejarme del dolor físico). Por cierto, he dormido mejor en este último mes que en los últimos 3 años. Los abogados vivimos en constante tensión, por lo que necesito algo que me de un poco de paz propia.

Cuando comencé a levantar pesas a eso de los quince años, ya había pasado por un sin fin de deportes, pero las pesas son algo más que especial para mí, pues son un tiempo en el que el mundo se detiene. Por esos 60 minutos somos solo yo, dolor y mucho metal.

Sin embargo, como uno va entrando en edad, uno pensaría que va “decayendo”… pero carajo, yo si estoy fuerte (jajajaja). En menos de un mes ya tengo una fuerza física similar a la que tenía cuando dejé el gym hace unos años. Aunque debo admitir, que el dolor muscular inicial, ese que uno siente al volver a ejercitarse luego de mucho tiempo, se sintió igual de horrible las primeras dos semanas. Pero al margen de esto, estos 60 minutos diarios en el gym equilibran mi vida. La mente se aclara, el mundo desaparece… y sí, todo te duele. Pero te dices: yo puedo un poco más. Y das así lo mejor de ti.

Por cierto, hablando de la edad, ahora incluyo media hora de cardio; “juyendo” en una caminadora para que se me explote el corazón, digo, por salud. Quizás muera de un infarto (aunque después de estos días, lo dudo), pero la verdad que llegar a los límites de la tolerancia física es bastante memorable. Estoy haciendo una rutina de múltiples grupos musculares para aumentar la resistencia y la estoy combinando con el cardio. En esencia, estoy en los límites de un sobreentrenamiento… pero he soportado bastante bien. Incluso, ya he podido controlar la respiración (aspecto que me estaba dando problemas) y la sed.

Y nada, esto no se trata de metas: es un reto. Comer sano y vivir sano. Y dado el hecho de que la motivación es la salud, creo que todo está bien. No sé qué pasara mañana, pero esto es la vida: enfrentar el día a día de la mejor forma posible.

enero 06, 2011

Unas merecidas vacaciones.


Antes que nada: Feliz navidad (pasada) y un próspero año nuevo (presente) para tod@s. En fin, dadas las circunstancias existencialistas, psicofácticas y ambientales de nuestro planeta, yo, gran señor todopoderoso de mi vida, decidí tomarme unas merecidas vacaciones navideñas (cosa que no había hecho en años). Y lo cierto es que... casi me maté... Jajajjajaja.

Santa Claus (y el niño Jesús) les dejaron a mis sobrinos varones el día 25 de diciembre una interesante pieza de ingeniería mecánica: Dos magníficos Casterboard… de Ripstik (ver imagen de arriba). Dichas tablas endemoniadamente interesantes y mortales, me llevaron a la necesidad de recordar tiempos de antaño en el que era un Skaterboy. Sin embargo, quien ha tenido la osadía de probar una casterboard sabrá que incluso la cajita en que viene es bastante clara: “puede ocasionar graves heridas e incluso la muerte”… pero qué importa eso a la hora de disfrutar un regalo. Tiene un par de errores de diseño, pero se ha vendido como pan caliente ya que ejercita bastante el cuerpo y es absolutamente silencioso, ya que sus dos gomas nunca dejan de tocar el suelo (en teoría), contrario a los skateboards que hacen su típico ruido de “cajas de bola”.

Al día de hoy, mis sobrinos (luego de unos 20 estrallones diarios de promedio, por cabeza), son bastante hábiles (los entrené en obstáculos y giros). Yo, ese día, solo me dí un estrallón… y casi me maté. Pero, me levanté con una sonrisa en el rostro, porque la culpa la tuvo la señora del servicio, a quien, luego del lavado, se le ocurrió dejar el suelo del patio lleno de residuos jabonosos del detergente, lo que sumado a un pequeño movimiento involuntario (traté de levantar la goma delantera para doblar en un giro cerrado) termino como un accidente memorable. El resultado fue: un pie medio pelado (estaba descalzo cuando me monté... es mas comodo, aunque estos casterboard no tienen lijas como los skates sino “dientes” y los piés duelen al rato), un golpe leve en un brazo; y la verdad, no sé como no me rompí nada ya que el “guayón” que dí en el suelo cuando resbaló la goma trasera me dejó en caída muerta (vertical, de panza). Lo interesante de este diseño es que sus dos gomas giran libremente 360 grados, lo que hace que sea la gravedad y las oscilaciones del cuerpo (en direcciones opuestas) las que creen el empuje frontal, por lo que si le sumamos un angulo de inclinación unidireccional respecto a un giro, obtenemos una “barrida” óptima que resulta en mi estrallón... lo de levantar la rueda delantera (involuntario) era tratando de contrarestar la “barrida”, lo cual está directamente relacionada a la dimensión de la tabla (error de diseño). Nota para el futuro: eso no funciona. Cero piruetas, no está hecho para “adultos”.

Bueno, en fin, una vez curado de las “lesiones navideñas” (bautizadas como “el estrallón del año”... quizás del milenio), decidí volver a uno de mis “malos hábitos” que tenía pendiente desde hace meses… algunas personas beben, otros fuman; y yo, levanto pesas. Sip, volví a mi gimnasio luego de tres largos años de ausencia. Es cosa de salud... y nada, a ver si escribo.

P.d. Espero que un fin de semana de éstos mis sobrinos vayan a casa con sus casterboards... para montar otro poquito; al fin y al cabo: solo se vive una vez.