diciembre 31, 2012

Un nuevo año.



Nunca es demasiado tarde, para empezar. No hay un límite en las imposiciones del tiempo para hacer las cosas. Si bien es cierto que vivimos hacia el mañana, la vida solo tiene sentido si recordamos lo vivido hasta el ayer. Incluso las cosas que dejamos olvidadas, las oportunidades que tomamos o las que dejamos pasar, son las cosas que marcan nuestra vida.

Con el paso de los años, las personas cambiamos. De a poco o de golpe, la vida va moldeando nuestro peculiar carácter, y nuestras propias acciones nos otorgan esta distintiva personalidad. De todo cuanto acontece en esos 365 días que han trascurrido en el continuo ciclo de la vida, podemos sacar lo positivo por encima de lo negativo. En este confinado tiempo: algo positivo nos habrá sorprendido; o habremos experimentado cosas, que jamás sentimos; algún corazón, nos habrá cautivado; y, alguna estrella habremos compartido. Lo único cierto es que si vivimos orgullosos de nuestra vida: vamos por buen camino.

Tantas cosas pueden pasar en una fracción de segundo, que al ver, en retrospectiva, esos treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos, uno se pregunta qué tanto valoramos en realidad el tiempo? Y es que si vemos el mundo, esa apreciación solo radica (subjetivamente) en los ojos del observador. Sin embargo, un año no es simplemente un tiempo, ni tampoco un ciclo mas. Un año, es una nueva página en blanco para nuestra vida; es el tiempo que disponemos para comenzar algo nuevo, o para volver a intentar ese sin fin de situaciones a las cuales llamamos metas, deseos o simplemente propósitos. Cada año que transcurre, valoro más la vida. Comprendo mejor el significado de la belleza, el caos y la ironía. Pero, sobre todas las cosas, con cada día que vivo trato de marcar una ínfima diferencia entre lo que es, y lo que debe ser este mundo. 

Por cierto: Felices Fiestas, y un Próspero Año Nuevo. 

P.d. A partir del día 4 de enero: RODEO; y, del 5 al 20 de enero: DAKAR 2013... nada mejor para comenzar el año. J

diciembre 19, 2012

Economías “Apocalípticas” del siglo XXI.




El mundo se puede acabar mañana… o en cinco millones de años. Puede ser el Sol, mega terremotos, volcanes, tsunamis, armas biológicas, nucleares, epidemias, etc. En astrofísica hay una premisa elemental: el Universo es un caos. Técnicamente, la humanidad es un “milagro”, cuyo equilibrio es bastante delicado. Dicho de otra manera: si comparamos nuestro planeta con un huevo de gallina, toda la tierra bajo nuestros pies (superficie sólida) tendría el equivalente en masa al grosor de la cáscara… así de “delicado” es este asunto. Todo lo relacionado al Apocalipsis maya parece basura comercial, porque es basura comercial. La gente le teme a Dios (o a la Naturaleza), le teme a sus semejantes (con justa razón); pero, sobre todas las cosas, las personas le temen a lo desconocido. Y aquí entra en juego nuestro “incentivo” apocalíptico. 

Vivimos en un año 2012 “apocalíptico”, que no tiene nada de apocalíptico, pero que ha impulsado varias economías “rezagadas” (no solo a EEUU) en base al temor (inducido) sobre el fin del mundo. Por cierto, ya las tormentas solares “apocalípticas” que: “acabarán con las tecnologías de la humanidad” y “nos devolverían a la edad de piedra” no serán en este año (2012); ahora, según los “expertos” serán en el 2014 (sí, ahí se descartaron de un plumazo más del 40% de las teorías apocalípticas). Si estoy vivo en el 2014, apuesto a que luego dirán que serán después. Y al final, les dirán la verdad: “las tormentas solares han existido siempre, gracias a ellas nuestro planeta obtiene la energía necesaria para rotar (sí, como un “motorcito eléctrico”) y sin ellas, sí que estaríamos (apocalípticamente) acabados”. Las tormentas solares son tan naturales como la estrella que las produce. Técnicamente, son la base de nuestra existencia, ya que dichas tormentas recargan nuestro “planetita”, y sí, de ahí nuestros polos magnéticos (ahora debe usted estar diciendo: “ahhh, por eso la polaridad del planeta”). Y la única verdad es que si nuestros satélites no fueran tan “delicaditos”, no pasaría nada.

A simple vista, la visión apocalíptica de nuestra extinción, lejos de ser una cuestión sociológica, religiosa o científica: es, simplemente, parte de una “nueva” mercadotecnia que se fundamenta en un consumismo especializado, como forma de sustento de una determinada estructura socioeconómica. (Por cierto, esa “mercadotécnica” es viejísima y poco original, antes le llamaban temor de Dios, el fin de los tiempos… y si: Apocalipsis (pelao, sin mayas)). En este punto hay que diferenciar a los preppers o preparadores de los supervivencilistas, por meras cuestiones económicas. Los supervivencilistas, (técnicamente todos los dominicanos lo somos), son personas que emplean los medios y recursos disponibles para subsistir. En cambio, los preparadores o preppers, son personas que manifiestan una conducta (traumática) con predilección inducida hacia una existencia (vida) sustentada en un consumismo pasivo, que va desde la acumulación de alimentos hasta el estudio metódico de técnicas de “supervivencia” variadas, a los fines de evitar una determinada situación “apocalíptica”, la cual “podría” llegar (teorías y escenarios apocalípticos, los hay de sobra). Ellos (preppers) pasarán toda su vida (y la de su familia) con este “estilo de vida” de consumo de productos), aspecto que los diferencia de los supervivencilistas, ya que estos, solo invertirán lo que tienen disponible. En cambio, los preppers, al margen de ser unos miles: invierten millones, y consumen por miles. Por cierto, si el mundo se va a acabar mañana, paso o la semana que viene: ¿a quién le importa? Todos vamos a morir, es una ley elemental de la vida (y no hay que ser científico, ni mercadólogo para saberlo). Y usted se preguntará qué tiene que ver dos tipos de personas con la experimentación masiva de este “temor apocalíptico”.

La respuesta está en los medios de comunicación (entiéndase: prensa escrita, televisión, cine, Internet, etc.). Y no se trata de la recesión económica de la eurozona, ni de la desaceleración de la economía norteamericana (nuestra madre, en asuntos económicos). El problema son los chinos (jajaja… me parezco a esos tipos de mediados de siglo pasado); me explico: no se trata de  la cantidad de personas o de la nación (deben andar por los mil trescientos millones de personas), sino, del crecimiento exponencial de su economía. Todo el mundo sabe que, en palabras llanas, Estados Unidos y otros países, le debe hasta la madre a China. (Los chinos seguidores del Apocalipsis maya… están verdaderamente desinformados). Para nadie es un secreto que la economía norteamericana tiene un fuerte sustento en la “guerra” (armamento, equipos, tecnología), pero eso lo dejo ahí, para que no me cierren el blog. La cuestión está en que con el paso de los años, los Estados Unidos fueron ganando enemigos de todo tipo, y como siempre, durante décadas se han hecho consultas entre diferentes grupos respecto de las mejores opciones para la subsistencia del “imperio” (no me refiero al término desde una óptica económica, sino desde el punto de vista histórico nacionalista) y la solución fue sencilla: ante una teórica división/aislamiento cada ciudadano/a o aliado, debe estar preparado para defenderse individualmente frente a una agresión externa. Gracias a ello, disponemos de herramientas “militares” a nivel civil. De pertrechos “ilimitados” (de todo tipo) a nivel comercial. Cualquier niño, tiene un videojuego “Shooter” con el cual maneja y conoce cualquier tipo de armamento “elite” y estamos plagados de películas y series sustentadas (científicamente) en probables y/o hipotéticos escenarios catastróficos. Aquí, mis estimados es que los preppers y los supervivencialistas entran en juego, “consumiendo” productos a escala industrial, y generando activos que dinamizan las economías “rezagadas”, por no decir, que las sostienen.   

Aquí abro un paréntesis: ni las armas ni los videojuegos son el problema, el problema está en la falta de educación, en la falta de respeto a la familia, y en la carencia de valores que se viene exparsiendo desde la década de los 90's. Todos los seres humanos somos máquinas asesinas; la diferencia, esa civilidad que nos inculcan como entes sociales, radica en que nosotros (humanos) anteponemos el instinto racional frente al impulso (irracional) en el momento de un conflicto. Al hablar del “fin del mundo”, los comerciantes apocalípticos obviaron el elemento humano de la ecuación, y gracias a ellos, cientos de personas mueren a diario producto de la ignorancia, la codicia y el temor. No hay que ser un genio, ni tener “herramientas” para sobrevivir ante cualquier hipótesis Apocalíptica. Pero, además, ¿por qué hay que temer a la muerte?... si es lo más natural de la vida. No gaste su dinero en kits, refugios o herramientas: invierta en su familia y en se una mejor persona. 

P.d. Hace décadas, fue la crisis de los misiles en Cuba (aún hay gente que vive dentro de bunkers), luego Chernobyl, el 11 de Septiembre... hoy, es el Apocalipsis maya. La única verdad es, que siempre habrá algún “vivo” que quiera engañar a los demás a costa del miedo a lo desconocido. Este planeta tiene una vida útil de varios millones de años más (si lo cuidamos).  

diciembre 03, 2012

Cuestiones “apocalípticas” del 2012.




Hace unos cien años, un científico alemán se puso a estudiar el “Códice Dresde” (copia de un libro maya del cual algunos cuestionamos algunas “cositas”: como su veracidad) y al analizar la ultima página, específicamente, la imagen en la cual caía un torrente de agua de la boca del “caimán” y aparecen dos dioses, uno de ellos portando unos huesos cruzados (o sea, la imagen superior del post), aquel estudioso “dedujo” que el veintiuno (21) de diciembre del 2012 (solsticio), con el “fin” del 13avo baktum del calendario de cuenta larga: la Tierra sería impactada por un gran diluvio (ese es un capítulo viejo, ya que el diluvio fue el fin del Cuarto Sol). En una palabra, todos nos “ajogaríamos” (el error consiste en que el quinto Sol acaba con un terremoto, no con diluvio). Sin embargo, de ahí, empezó a rodar el Apocalipsis maya. (nota: publicar el post sobre economías apocalípticas del siglo XXI). Hace tiempo, al escribir sobre el tema “apocalíptico” del año 2012, hice la notable distinción entre la superstición, el negocio; y, el estudio científico del clima (por cuestiones alimentarias, principalmente), respecto del cual, las antiguas civilizaciones mesoamericanas eran verdaderos maestros, estableciendo ciclos  relacionados con los fenómenos naturales. 

Hace más de un mes, tuvimos en el Caribe y Norteamérica al huracán Sandy (el cual tuvo un comportamiento “anormal”, pese a que los pronósticos computarizados así lo indicaban). De igual modo, en estos últimos meses hemos tenido inundaciones en Panamá, Italia y otros países del globo (algo no tan extraño). Actualmente (desde ayer), tenemos una inusual tormenta azotando a California con nieve, vientos y lluvia. Sin embargo, Argentina tendrá su año más caluroso en los últimos 50 años y Rusia está sufriendo tormenta invernal que supera... los últimos 50 años. En general, las personas consideran que todo fenómeno anormal de la actualidad se debe al “calentamiento global” y/o “cambio climático”. Sin embargo, todo es natural y cíclico, a eso se referían las civilizaciones mesoamericanas. (En esta parte debería maldecir a los conquistadores españoles por haber quemado tantos textos antiguos y habernos privado de información invaluable: por cuestiones religiosas... pero, la iglesia me excomulgaría).

Argentina y Rusia, estando en polos opuestos del planeta, tienen situaciones inversas, pero similares en cuanto a su cadencia cíclica (50 años). Si unos se fija en la astronomía de las antiguas civilizaciones mesoamericanas, se hace referencia a que la traslación conlleva un movimiento elíptico y no circular (algo que es cierto, aunque aún nos preguntamos cómo lo sabían (ojo por ciento?)). Y ellos, establecieron que el movimiento de los cuerpos celestes (alineación, o posiciones específicas) tenían una incidencia directa en el comportamiento del clima de nuestro planeta (también es cierto). Hablando claro, las civilizaciones mesoamericanas conocían mejor el clima, de lo que nosotros lo conocemos hoy. 

En fin, al observar la imagen final del “Códice Dresde”, unido al avanzado estudio del clima, la astronomía y de los ciclos naturales que tenían los pueblos mesoamericanos: está claro, que ellos no harían ninguna referencia al final de los tiempos (hay inscripciones en piedra que hacen referencia a fechas posteriores), sino a que, sencillamente: el 2012 sería un año lluvioso, y de un clima inestable. (Tal y como hemos comprobado). Por cierto, se los repito, el calendario de cuenta larga: NO ES UN CALENDARIO MAYA. Ellos, como pueblos mesoamericanos, lo adoptaron (es anterior a la cultura maya). Pero, esa es otra historia. J 

noviembre 27, 2012

El mito del vampiro, Crepúsculo y otros “chupasangre”.



Recuerdo que fue el anochecer de un viernes, hace ya unos meses, estaba sentado en el patio (ayudado por el wifi del vecino) y en eso llegó mi sobrino mayor a mi casa. En ese momento, un murciélago pasó volando bien bajo hacia el árbol de níspero; y, en lo que pestañeo, el muchachito pega un brinco (no sacó lo valiente de su tío, solo parte de mi cerebro) y con la cara “aterrada”, me dice: “lo viste”… y le pregunto: qué, al murciélago, me responde. Y le digo que sí, que no se preocupara que estaba comiendo nísperos, y que lo peor que podría pasar era que lo “ensuciaran” (los murciélagos, al parecer, sufren de problemas intestinales, digo, para ser mamíferos). En fin, fue en ese momento que le dije: “recuerdo la primera vez que vi un vampiro”… el muchachito abrió los ojos como dos pesetas (aún me río de su rostro aterrado). “Estaba sobre una vaca”, continué… y en ese momento, con los ojos casi saliendo de su rostro, me preguntó: “¿Es verdad que los vampiros existen?” Y le dije, con una mirada tétrica, que: Siiii! (buajajaj). Y el muchachito casi brinca del sillón. Entonces, me preguntó: ¿Y cómo son?  Lo miré a los ojos, hice una pausa, y le dije: “son chiquitos, como 2/3 partes del murciélago que pasó volando¿es que tu no ves Animal Planet?” (Jajaja). Entonces, ahí fue que el manganzón (ya está casi de mi tamaño) razonó y con su voz semi-ronca (de “hombrecito”) me dijo: “ahhh, los vampiros son murciélagos”. Y le dije “sí.  Si mal no recuerdo, son tres variedades de murciélagos americanas (quién sabe y han emigrado o descubierto otras) ¿qué pensabas, que era como en Crepúsculo?”... y me eché a reír.

Por cierto, como ustedes entenderán Crepúsculo (o Twilight) es una historia absolutamente ficticia (repito: ABSOLUTAMENTE ficticia)  para “niños y/o adolescentes”. De ahí que los vampiros parezcan globos de “disco light” (brillan), no les afecte la luz, y corran como “flash”; bueno, y que los hombres lobo parezcan una cruza entre lobo y perro san bernardo… lo de los efectos especiales y la aventura, es para que nos entretengamos con los gritos y el juidero. En fin, si usted ya sabe que los vampiros son solo una especie de murciélago, y que no son personas: felicidades!!!, ya puede guardar esa estaca para el próximo asado. Por cierto, yo dejaría que Kate Beckinsale (Underworld) me diera mil mordidas y me “secara”… ya sabes Kate. Sin embargo, eso no es lo que nos trajo aquí. Veamos: chicas sexys y hermosas, cuerpos semi desnudos, algo de sangre e inmortalidad… comencemos por ahí. Y dejemos a Batman, a un lado (por cierto, “Batman” no representa a un superhombre: es solo un símbolo (héroe); cualquiera con dinero puede ser un Batman, Green Arrow, etc.; solo hacen falta unos años de entrenamiento, y mucho dinero para comprar “juguetes”).

Tolerancia, debe ser la primera palabra relacionada al tema. Los seres humanos tenemos la costumbre de partir desde una primera impresión (subjetiva) y deducir lo demás en base al empirismo. Si la chica es hermosa, es bruta. Si no es hermosa, debe ser bien “inteligente”. Si el hombre es fuerte, debe tener poco cerebro, etc. Y, hace siglos, si alguien era deforme o, simplemente, extraño… a ellos, se les llamaba muertos vivientes, sin alma… o vampiros. Eran personas a quienes ni se les consideraba como tales, sino como “monstruos” o aberraciones, sencillamente por su apariencia física; y, a ellos, le eran atribuidas cualquier muerte “extraña”. Por cierto: Vlad el Empalador es solo el “rostro” comercial del cine (pueden brincar el 80% de los “eruditos” sobre el tema…no me interesa). Bueno, debido a las chicas sexys y la poca ropa, el tema de los vampiros resulta algo interesante. Sin embargo, el público joven se ve seducido por una sola cuestión: el “amor eterno”. Pero, este tema de los vampiros se remonta mucho más atrás... y no tiene nada que ver con amor. (Ahora deben estar brincando los seguidores de Crepúsculo).  Si usted es seguidor de crepúsculo: no siga leyendo (JAMÁS se deben destruir los sueños de alguien)… sigan creyendo en el amor eterno, hasta que conozcan a la nueva vecina, y se auto cuestionen del por qué cada vez que levantan la mirada ven una mujer hermosa. (Ya escribiré sobre el amor eterno en Febrero)

Desde el origen de la humanidad, la sangre ha sido ese extraño líquido portador de vida. Los sumerios, mesopotamicos y los babilonios trataban de comprender los poderes de la sangre. Y cómo no: la sangre es lo que nos da la vida y muchas culturas veneraban la vida (y no la muerte, la cual era considerada como un tránsito hacia otro mundo). Lo cierto es, que se sabe que ante la ignorancia y el desconcierto, algunos pueblos buscaban la explicación de sus males (enfermedades y/o desastres) encarnándolas en seres físicos portadores de mal y de muerte. De ahí que se considere al vampiro como un ser maldito, sin alma y desterrado a divagar por sus pecados. Pero, como siempre digo, a medida que avanzamos, retrocedemos… me explico. Con el paso de los siglos, la humanidad siguió su curso, y debido a cosas del destino, nacieron algunas personas aquejadas de deformaciones congénitas o enfermedades. Esas personas, tuvieron una crianza en donde se les excluía de llevar una vida social ordinaria. Sume, sencillamente, la falta de Sol, la mala nutrición, el miedo a ser objeto de burlas (asustadizos), y obtendrá el verdadero origen moderno de esta leyenda. La literatura, como siempre, ha jugado un papel primordial en nuestras creencias y costumbres. Fue así como surgió nuestro Drácula, el cual encarna más a un zombi (muerto viviente) que a la figura del vampiro que conocemos hoy; y, ni siquiera quiero referirme a la “brujería”: demasiadas vidas se perdieron, por simple intolerancia.   

Ahora bien, la segunda palabra es: juventud. La juventud, me atrevo a afirmar, es el concepto humanamente más frustratorio de toda nuestra existencia (aunque yo la gocé, quizás, demasiado). Las personas la desperdician; y luego de madurar, darían lo que fuera por volver a “esos” años en donde la “fuerza”, la “belleza”, la “inexperiencia” y la “esperanza” son los cuatro puntos cardinales. No es de extrañar, que cada escritor plantee en su guión la materialización de sus sueños y frustraciones. “Eternamente jóvenes y enamorados”… pero eso, no importa. Recuerdo que hace unos años, en una feria de antigüedades se vendía una maleta que contenía un kit para cazar vampiros, de finales de los 1700 (una verdadera obra de arte). Pero este tema, surgió desde el origen de nuestra raza; aunque  las pandemias de Europa y el desconocimiento de las enfermedades fueron el detonante de su concepción actual. Un vampiro, no es más que la representación terrenal de un demonio. Es solo, el lado oscuro de nuestra humanidad (temor a lo desconocido). Lo de la sangre, la oscuridad y el sigilo: proviene de las batallas y guerras que se daban entre los clanes de la antigüedad (el miedo es la mejor arma, aún en nuestros días), así como del producto de las enfermedades desconocidas o epidémicas que causaban muertes “extrañas”. Por otro lado, con el paso del tiempo, el desarrollo y el comercio, las personas que transitaban por nuevas ciudades se encontraban con personas que eran físicamente similares a aquellos que habían conocido décadas atrás, súmele un poco de superstición (de ahí le vino el jueguito a los gitanos) y tendrá a su ser inmortal. Lo cual me lleva al aspecto zombi, el cual tendrá su post propio. Yo, al igual que algunos “locos” soy de los que cree que la muerte es una sencilla enfermedad (Podríamos vivir siglos). Es un simple error genético, fácil de corregir. Pero eso, es otra historia. (nota: escribir post de zombies).

El mito del vampiro existe en todo el globo desde el origen de las civilizaciones, más por religión que por vínculos culturales. Y es que, cómo explicar de forma creíble las extrañas desapariciones de personas, la pérdida de sangre y figuras fantasmagóricas (palidez). Fácil, con vampiros (superstición+ ignorancia= problemas). La verdad es que entre las enfermedades epidémicas, los psicópatas y asesinos seriales (antes no se conocían), animales salvajes e histeria colectiva… creo, que englobamos todas las causales. La gente ve, lo que quiere ver. ¿Cuantos seguidores del vampirismo no tenemos en la actualidad? Es algo triste y sin sentido que el cine y la literatura post moderna, hayan convertido el instinto asesino del ser humano en una historia de romance y aventura (remanentes del nazismo). Pero, quién puede culparnos con tantas guerras, hambre y barbarie que tenemos en la realidad. Hay quienes creen en los vampiros como seres de carne y hueso (con colmillos), inmortales sin alma, desterrados del Cielo. Yo he visto y leído sobre experimentos con niños (hechos por los nazis) los cuales buscaban corregir el “error” al cual me referí (la muerte).Y si algo he aprendido en esta vida, es que: los monstruos no tienen una apariencia grotesca, ni una vida solitaria: los monstruos tienen familia, estudian, trabajan… y algunas veces, salen de noche a mostrar su verdadero rostro.

Y por si no lo ha comprendido: desde el origen de los tiempos, cuando un ser humano lastima a otro por simple placer (hiriéndolo o matándolo) es un ser maldito, un animal horrendo que divaga entre los vivos con el peso de la maldad que lo rodea. En ciencia, los llamamos dementes, sociópatas, psicópatas o simplemente: asesinos. No hay capas, ni colmillos, no hay sigilo, y ni siquiera la nocturnidad. La maldad está ahí afuera: no tiene rostro, ni nombre, no tiene edad, sexo, religión, etnia o grupo social. En fin, ser “vampiro” no tiene nada de bueno, y nada de amor eterno; quizás, maldición eterna. J

noviembre 13, 2012

Una cuestión de… asfaltado.




Al estudiar civilizaciones antiguas, uno llega a comprender la dimensión de la ideología o la visión a futuro de sus constructores, sencillamente, con estudiar el arte, la arquitectura y la economía aplicada a una determinada obra. Tenemos el ejemplo de los caminos y acueductos romanos, que aún funcionan en nuestros días, a miles de años de su construcción. De igual modo, tenemos el “esqueleto” de las pirámides de Giza (Gizeh), las cuales fueron despojadas de su manto de piedra caliza blanca, y aún así son imponentes. Tenemos a Machu Picchu, con sus paredes de piedra de cortes y uniones milimétricas; y, a los moais de la Isla de Pascua, conmemorativos de los jefes de las tribus. Todas estas civilizaciones llegaron a su fin, pero su obra perduró gracias al empleo de un material común y abundante: la piedra.

Por otro lado, nuestras civilizaciones actuales fueron encausadas por el camino del oro negro (petróleo). Fuente única de nuestro desarrollo moderno. Causante de guerras y fortunas, elemento fundamental en el cambio climático de nuestro planeta; y, padre de nuestro querido asfalto (o lo que sea esa mezcla), el cual es empleado en la pavimentación de las vías públicas de la República Dominicana. Si se fija, me he referido a “lo que sea que sea esa mezcla” porque, definitivamente (sin ser ingeniero), le puedo asegurar que eso no es asfalto (aglomerante).

Como amante de los autos y la velocidad, deben entender que para mí el tema tiene relevancia, ya que, diariamente, vivo el “desastre” de nuestras calles y avenidas MAL reparadas; y, además, tengo una suspensión semi rígida, neumáticos deportivos de bajo perfil… y, en esencia, yo siento el más mínimo desnivel, grieta o desperfecto de la vía). Y qué mejor ejemplo que la Av. Núñez de Cáceres o la Av. George Washington. Ambas vías, con reparaciones absolutamente mal hechas (que van desde sumideros hasta protuberancias, desde hace más de una década), empleando materiales de mala calidad y una aparente pésima mano de obra y dirección. Resulta increíble que cada vez que llueve más de media hora la capa “asfáltica” del retorno de la Av. Núñez de Cáceres hacia la Av. Anacaona se desprenda del suelo y literalmente se desborone, dejando cráteres (parecido a una película post-apocalíptica). Lo cual sucede por igual en varios puntos a lo largo de la Avenida George Washington… es algo frustrante para los que conducimos un automóvil. Bueno, al menos nos aprendemos los “hoyos” de memoria y los esquivamos inconscientemente… algo así como un videojuego de primera generación: esquivar obstáculos.

Soy de los que cree que la ingeniería, es un arte solo limitada a los recursos disponibles. Tenemos excelentes ingenieros en República Dominicana, ellos no son el problema. Tenemos, mano de obra calificada desde los peones hasta los capataces, ellos tampoco son el problema. ¿Tenemos los equipos? ¿Tenemos un material de calidad? Bueno, creo aquí está el problema: los equipos y los materiales cuestan; y creo, que aunque los tenemos disponibles, alguien se ha estado ahorrando dinero en los costos de producción. En esencia, creo que el problema del asfaltado es solo un problema de economía básica.

Y hay quienes hablarán de cubicación, peaje, deudas del Estado, etc. Pero, se lo voy a exponer sencillo: un “hoyito” de 10 pulgadas x 10 pulgadas y una pulgada de profundidad. Para su reparación: cierran un carril desde 100 metros antes (deberían ser 10mt) y lo llenan de letreros del ejecutor de la obra, creando un entaponamiento para que puedan “admirar” que ellos sí están trabajando. Buscan una retro excavadora o pala mecánica (que es “alquilada”) y la ponen a un lado, traen un compresor/martillo neumático (que dura 5 horas prendido, para ser usado solo 10 minutos), estacionan un camión de materiales y un “tanquero” de asfalto (o lo que sea ese desecho). Lo más relevante es que este trabajo lo realizan a horas pico (12:00p.m; 4:00p.m.) y NUNCA se les ocurre hacerlo de noche, sin estorbar el ya entorpecido tráfico cotidiano.

En esencia, el trabajo (mal realizado) se hace de dos formas: a) amplían el hoyo, dañando la capa inferior (relleno) y zonas en buen estado, y luego lo recubren con unos 3 metros cuadrados (tipo cuadrícula) de nuevo “material”; lo cual, va creando (con el paso del tiempo) un desnivel pronunciado (tal y como es el caso de la Av. George Washington y muchas otras vías); o, mi opción preferida: b) le “tiran” el material nuevo sobre el “hoyo”, sin limpiarlo y apisonándolo, al parecer, con los pies. Lo cual se traduce en que a los 2 meses (o al primer aguacero), nuestro querido “hoyito” vial reaparezca feliz y sonriente, destruyendo nuestros vehículos y causando accidentes. La pregunta es: ¿Es que aún a finales del año 2012, los encargados del asfaltado del Distrito Nacional (desde el Ministerio de Obras Públicas hasta los subcontratistas) aún no han aprendido a asfaltar, o es que ven esto como un simple negocio? 

La solución económica, sencilla y duradera es: Alrededor de las doce de la noche, resguardado con una patrulla policial (pal bulto y/o protección) tomar un cubo (o la cantidad requerida) de una mezcla resistente (la que usted desee, pero de secado rápido y de grado industrial), una plana de albañil, una mandarria de 10 libras, un cincel y un martillo. Nada de rodillo de compactación doble o camiones de materiales (con una camioneta basta). Lo primero, es parar la camioneta (la que tiene la brigada (de 3 hombres: 2 indicando que se realiza el trabajo y uno que hará el trabajo: que debe ser un ingeniero capacitado, y el cual será el único responsable) y el material al frente del “hoyito” y el vehículo de la policía detrás, el único hombre que trabajará tomará la plana (u otra herramienta) y limpiará el material suelto (si lo hubiere), no hay que romper media vía; escarbará eliminando todas las partes sueltas con el martillo y el cincel; y, sencillamente rellenará, compactando con la mandarria (si usa un aglomerante asfáltico, gravilla y arena), hasta que la altura del relleno y la vía estén milimétricamente parejas. Es más, solo copien de los ingenieros alemanes (son enfermos con eso).

Pero usted dirá: ¿Y los daños grandes?: una vía bien hecha tiene décadas de vida útil, sin necesidad de reparaciones mayores. Este post se limita al mantenimiento víal. A veces creo que el estado de las vías públicas en República Dominicana es un complot. Y es que, no me explico, como es posible que tan pocas personas puedan realizar correctamente esa sencilla labor; y, además, que no haya un cuerpo especializado en mantenimiento de vías públicas que tenga el profesionalismo de darle a sus trabajos un acabado, literalmente, impecable. La verdad es, que transitamos por vías públicas que se asemejan a los caminos romanos; solo, que dos mil años después de su construcción. :(... 

P.d. Debería cobrarles mi neumático: pero eso, es algo utópico.

noviembre 08, 2012

De vuelta a mi “Scorpy-on”.




Uno de los mayores “golpes” que me ha dado Blogger con el paso del tiempo (cambios de plantillas, plataformas, etc.), fue el hecho de que “restringió” el empleo de imágenes “*.gif” dentro del perfil de los blogueros (a mucho/as blogueros le gusta su fotito), lo que conllevó (hace unos años) a que tuviese que cambiar (involuntariamente) mi imagen de avatar original por la de dragón. Pero, como nada es imposible, una de las metas de este año fue la de RESTAURAR el equilibrio del Universo (con mi avatar original)... y nada, ya mi pequeño escorpión se está “moviendo” de nuevo. La solución fue sencilla: ya que Blogger no acepta “*.gif” de servidores externos, probé copiando la imagen del post que escribí en el 2007… y problema resuelto.

Así que, estimados amigo/as, lectores, y/o compañeros de batalla, cuando vean ese pequeño escorpión sumado con un Fran... quizás sea yo. 


octubre 28, 2012

A mis 34.



Antes que nada, debo dar gracias a Dios, por haberme permitido llegar hasta aquí y ser la persona que soy. Quizás, he vivido demasiado en poco tiempo, o tal vez, no viviré lo suficiente… pero, lo cierto es, que he disfrutado de este viaje.

Hace unos días, cumplí mis 34 años de edad, y estaba pensando en todo lo vivido hasta este momento. He adaptado el mundo a mí, y me he hecho parte del mundo; he “devorado” el tiempo, y he jugado con el; he visto la vida y la muerte, en toda su plenitud; he comprendido la subjetividad del bien, y del mal; he vivido los cambios de nuestra raza, he estudiado nuestras civilizaciones, y  he teorizado sobre nuestro futuro; he estado ahí, en momentos cumbres de la historia; he cambiado vidas, y me han cambiado la mía; he visto nacer un río, hasta “morir” en el mar (cosa de “viejos”). He recorrido caminos, montañas, bosques y praderas. He sobrevivido a la muerte, varias veces (quizás por eso, veo el mundo con otros ojos); he servido a mis semejantes, y me han servido como a un rey; he tratado de dar lo mejor de mí, aunque ello implique un sacrificio propio; soy un niño de corazón, con el alma de un hombre recto. He conocido maravillas, y personas maravillosas; he reparado tantas cosas, y he creado otras; he amado y he sufrido; he soñado y he visto mis sueños convertirse en realidad. Dios… he vivido.

Se dice que la vida es el juego más “jodidamente” increíble que tenemos a nuestra disposición. Y siendo así, la carrera de ¼ de milla que era la vida hace unos años atrás (vivir el momento: sin pasado, ni futuro), se convirtió en muchas “temporadas” (un pasado que intervino en el presente para formar el futuro), llenas de experiencias, más que de triunfos o derrotas. Pero, también, llenas de teorías “alocadas” que quedaron en el papel (Nota: debo escribir un post sobre esto). No hay reglas para vivir, pero vivimos gracias a nuestras reglas.

Cada año, el día de mi cumpleaños, uso la balanza entre propósitos, metas y logros para el año siguiente. El año que pasó, conllevó algunos sacrificios a cambio de recompensas (equilibré bastante bien la balanza), y son esas cosas las que van trazando el curso de nuestra vida, aunque no queramos. Sin embargo, a veces encuentras la paz en el simple hecho de fabricar una tsuba (Nota 2: Debo escribir sobre esto). O disfrutas de la vida, con el mero hecho de compartir tiempo con los tuyos. Cuando llegue a los 35 (si llego), pienso jugar este juego de una forma distinta... pero, aún debo ajustar algunas tuercas. J

septiembre 22, 2012

Las palabras, el tiempo… y las oportunidades.



Son tres cosas de la vida que nunca volverán. Desde pequeño, se me permitió expresarme libremente. Bueno, era un carajito jodón que inventaba mucho, y como era el más pequeño de la casa y el único varón, era la novedad educacional de la familia (quienes “trataban” de controlarme); y sí, lo reconozco, he sido difícil de controlar.

Siempre le digo a las personas que busquen un sentido a su vida, es lo que hago cada día. Los seres humanos no somos simples eslabones evolutivos encerrados en una burbuja de gas y cumpliendo un ciclo de vida. Somos unos animalitos bastante interesantes, al menos, comparados con una roca “espacial” (salvo que sea de un mineral nuevo…J). Nosotros, somos un resultado de experiencias, aptitudes y actitudes que se conjugan a través del tiempo; de ahí, que cada vida sea única e invaluable.

Las palabras… a veces sobran; otras, marcan la total diferencia. Sin comunicación, no existe nada en la vida, en ninguna de sus formas. Pero, poco importa el idioma o el dialecto al momento de expresarnos: de expresar lo que en verdad sentimos o pensamos. Hay tanto por aprender y por enseñar, que nunca nos alcanzará el tiempo para concebir la comprensión absoluta de nuestra existencia terrenal. Quienes me conocen, saben que puedo hablar o callar durante horas, pero, a la hora de escuchar y responder, siempre trato de buscar las palabras precisas. A veces, las personas solo desean ser escuchadas, sentir que ahí afuera, en algún lugar hay alguien a quien le importan… y es ahí, donde las palabras juegan su rol: un simple gesto, un solo: “hola”, puede cambiar toda una vida. Por eso, siempre trato de estar ahí, en el momento oportuno.

El tiempo… nuestro mejor aliado y nuestro más mortal enemigo. Nos lleva por un camino desconocido al cual llamamos vida, y nos muestra sus atributos y sus pesares. Siempre habrá un mañana, para lo que hagamos el día de hoy. El tiempo que he vivido, siempre lo he considerado “tiempo extra”: nunca me he roto un hueso, pero, literalmente, he caminado por el infierno, y he vuelto… por los míos. Siempre bromeo con que no hay parte de mi cuerpo que no haya recibido alguna herida o golpe, pero estoy entero y en salud, eso es lo único que importa. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que aprender tanta “basura” era algo útil si mezclaba las ciencias con el arte y los oficios… de qué vale estudiar civilizaciones si no comprendes la tuya. Por cierto, esto nos lleva a las “oportunidades”.

Las oportunidades… bueno, son la esencia de la vida. Forjan el camino que tomamos, las puertas que abrimos, o las que cerramos. Son esos pequeños momentos de duda o decisión los que nos hacen ser las personas que somos. Siempre me preguntan por qué elegí ser abogado y no ingeniero (construyo casi de todo) o médico (me encanta “reparar” personas). Al principio pensaba que era por mi ego juvenil (Fran el todopoderoso, omnisciente e invencible); después, pensé que era por la sed de conocimiento (soy adicto a aprender… aunque prefiero la “basura práctica”); pero, luego, con el paso de los años, comprendí que lo hice, sencillamente, por la falta de monotonía. Por esa libertad intrínseca, el cambio de escenarios, y el sin fin de posibilidades y combinaciones fácticas. Bueno, sumándole que me encanta el pleito y la Justicia.

Hace un tiempo, pensaba en las oportunidades de la vida: estoy completamente seguro de que tomé las indicadas. Lo demás… es solo historia.

agosto 21, 2012

La Fábrica de Tiempo.




Si bien es cierto que nuestra vida no está vinculada a un tiempo; es nuestro tiempo, el que conforma nuestra vida. ¿Cómo cuantificar la existencia en relación al tiempo?... sencillamente, no es posible. Puedes existir un solo momento y tener una vida plena; o pasar toda una vida en vano, sobreviviendo cada día. Sin embargo, lo que motiva estas palabras es una interrogante más palpable que una noción y más radical que una idea: ¿Podré fabricar más tiempo?

En perspectiva, el “tiempo”, como magnitud física, es un elemento que nos acerca hacia la comprensión misma de la existencia de las cosas. Un árbol puede durar miles de años “inmóvil”, creciendo a merced de la simple complejidad del viento y el clima; así como una pequeña tortuga, puede morir, sin haber llegado al mar… ambos, habrán vivido su tiempo. La vida es, sencillamente, tiempo: caóticamente ordenado e insensiblemente majestuoso. Dicho esto, la vida no se mide en segundos, meses o años: la vida se mide en pequeños momentos, tal y como escribí hace muchos años en la frase que titula este blog. Momentos, quizás, fraccionados al tiempo; pero, momentos incesantes que perduran en el recuerdo y escapan a su propio tiempo. Por cierto, hace unos días este blog cumplió su sexto año (auto-felicitación implícita).

A lo largo de la Historia, muchas personas nos hemos preguntado si es posible alterar el tiempo. Parecería algo absurdo, hasta que comparamos nuestra existencia con la de otras especies que nos rodean (animales o vegetales)… digo, no caería mal vivir unos cuantos siglos, o ser inmortal (Nota: debo escribir el post de los vampiros). Bueno, pero el tiempo es solo eso, tiempo. Pero ello no evita nuestro más elemental razonamiento: sobrevivir lo más que podamos. Lo cierto es, que aún cuando pudiéramos detener “nuestro” tiempo: el Universo seguiría su curso lineal, ya que, nuestra materia (realidad) es, literalmente, algo insignificante dentro de la escala existencial del Universo. Pero, la cuestión es: si no puedo ralentizar el tiempo, ¿podré manipularlo?  

Bueno, el tiempo es una magnitud relativa. Un minuto de felicidad, puede compensar meses de angustia. Una idea, puede durar una fracción de segundo e inspirar toda una vida. En esencia, el tiempo no se trata de medir o contar. Se trata, de una forma natural de comprender, de asimilar y de sentir nuestra propia existencia. Lo que nos lleva a la cuestión subjetiva elemental: ¿cuánto valoramos el tiempo? De aquí, es que obtuve la respuesta a su “fabricación”: el tiempo siempre está ahí, y será tan cambiante como nosotros queramos; ya que, si bien llevamos una vida cuantificada longitudinalmente, su verdadera importancia radica en el uso dado al tiempo que se nos da. Nosotros somos quienes fabricamos nuestra existencia. No hay necesidad de manipular el tiempo, solo necesitamos aprender a aprovecharlo.  Esta fue una de mis metas del 2012, y aunque he tenido que dejar a un lado el ciberespacio, cambiar mi horario de trabajo y organizar mejor mis herramientas (a veces, no las encontraba), he logrado equilibrar la balanza de mi vida. Y en el camino, aprendí algo valioso, de lo cual escribiré en el próximo post.

No valores el tiempo, valora tu tiempo.” J

julio 23, 2012

Terrorismo: ¿inducido?




Si pensamos en la época de la “guerra fría” (al margen de la política y sus “juegos”), había un cierto “control” de las situaciones a presentarse. Tenías espionaje, contraespionaje y agentes dobles: todo estaba “calculado” dentro del caos. Esto fue así, hasta que algún que otro “inversionista” hizo de la guerra un negocio. Ya, no se trataba de ideales o políticas: el dinero se volvió el amo de la guerra. Y claro está, el armamento se volvió un pilar de la economía en varias superpotencias. No me malinterprete, aún hoy en día están regadas por ahí suficientes armas (nucleares, de grado militar, etc) para acabar con gran parte de la humanidad. Y la cuestión es simple: en algún momento de la cadena (compra-venta-distribución) algunas cosas se “pierden” entre conflictos. Y es ese elemento aleatorio y fuera de control, lo que nos lleva al terrorismo. La Real Academia de la Lengua lo define como: “el dominio en base al terror”.

Paréntesis: Si algún analista lee estas palabras: soy un civil desarmado, que sabe mucho de “todo”, pero que no cree en la guerra. Soy de los que cree que si intervienes en un conflicto debe ser para resolverlo y no para apoyar un “bando”. Creo que terrorista es quien llega a un país a matar personas por venganza, petróleo, diamantes, oro, o por el control político de una región. Soy Católico apostólico romano, y creo que el respeto se gana; y que, el terrorismo es la excusa que usan los cobardes para obtener un beneficio (venganza, ser famosos, llamar la atención, obtener recursos extra para la “lucha” antiterrorista, etc.)… cierro el paréntesis.

La libertad es un derecho, al igual que la autodefensa. Estas dos palabras son las excusas que nos llevan por el camino que hoy transitamos. Pero, no es cosa de políticas anti-armas, antiterrorismo, cooperación internacional, etc. Esto se trata de nosotros, las personas: víctimas y victimarios de nuestro destino. Y es que, las armas no son “buenas” o “malas”, son solo herramientas. El asunto es que el “arte” de la guerra, se volvió un mero negocio (sin reglas). Siempre he sostenido que para conocer a una persona, solo debes darle poder. Y las armas aparentan eso: poder. Aunque lo cierto, es que el ser humano es la verdadera arma. Lo que nos lleva a la pregunta: ¿Somos violentos por naturaleza? La respuesta primaria es sí; aunque, por algo evolucionamos y nos volvimos civilizados. En República Dominicana, al igual que muchos otros países, tenemos un sistema de educación no acorde con las necesidades reales y le achacamos los actos de violencia a la falta de educación. Sin embargo, nuestra realidad frente al fenómeno de la violencia es algo global sin importar el continente. Aunque, gracias a Dios, nosotros no tenemos problemas de terrorismo ya que al margen de ser una isla, respetamos y acogemos a las personas sin distinción y mantenemos esa cultura de ayuda al prójimo.

Puedo afirmarles que en mi generación no había un control excesivo de armas como el actual, porque nuestros padres y familiares nos educaban y orientaban sobre el uso y el respeto de las armas (blancas o de fuego), aunque la cuestión elemental era el respeto a la VIDA. Sin embargo, la actualidad mundial es otra historia: el niño se cría jugando videojuegos de asalto urbano con técnicas militares (generación Shooter, la podríamos llamar); sabe manipular una PS90 y una AR-15 (virtuales) mejor que su cepillo de dientes; se despierta en un mundo inundado de noticias donde todo radica en violencia humana (desde el preescolar hasta la universidad). Al cumplir 18 o 21 años, en la mayoría de los casos se le recluta y se le entrena en una diversidad de entornos y situaciones hostiles cuyo objetivo elemental es doble: a) sobrevivir; y b) cumplir un objetivo. Envían esos “niños” a un lugar extraño, lejos de su hogar; y en esencia, lo convierten en una mejor máquina (de matar) aunque quizás olvidan hacerlo un mejor hombre (o mujer), privándolo de una verdadera vida.

El terrorismo es noticia del diario vivir. Bien sea como un “incentivo” para la lucha antiterrorista (fondos) o bien sea un “lobo solitario” como el asesino de la premiere de Batman (que se cree el Guasón). Mientras tanto, nosotros, los ciudadanos del mundo que no tenemos nada que ver con su sed de grandeza o sus delirios de persecución, aquellos que comprendemos que no se debe rechazar una persona por su forma de pensar o actuar: seguimos siendo las víctimas de una situación controlable, previsible y sobre todo innecesaria. La cuestión es, que a nadie le gusta dar su brazo a torcer.

Y usted se preguntará a qué me refiero a terrorismo inducido: Los Estados los entrenan (militares o no), les facilitan las armas (autodefensa), los privan de una vida plena (alejándolos de la familia) y luego los rechazan (en esencia, estrés postraumático) o los aíslan (si no son ya útiles) ¿qué esperan que hagan? Las acciones cobardes y homicidas de esos grupos extremistas y de esos “lobos solitarios” son tan “terroristas” como una intervención “pacífica” que busca el control de una zona (para proteger intereses económicos). Solo hace falta un evento que haga detonar una personalidad agresiva de éstas. Todos los seres humanos somos potenciales terroristas desde el punto de vista de que si nos quitan todo, está en nuestra naturaleza tratar de recuperarlo. No es cosa de educación, sino de valores. Imaginen la vida de un huérfano, de un hermano, de un hombre o mujer que ha perdido su familia injustificadamente por un “error” de calculo o por una venganza personal de un extranjero… si le quitas todo, obtienes terror y ese es el credo que les dejas a esas víctimas que potencialmente se convertirán en victimarios. Si bien, en nuestra naturaleza humana la guerra la llevamos por dentro (conciencia), está claro que todos tenemos una cuota de responsabilidad frente al terrorismo. Los pueblos por ser tan permisivos con sus gobernantes para asegurar un “estilo de vida” y las naciones, por respaldar el negocio de la guerra protegiendo sus aliados. Justifican el terror con terror, y no miden sus consecuencias. Sin embargo, todos perdemos con el terrorismo, ya que lo único en juego son vidas, vidas casi siempre inocentes e invaluables que se pierden en vano.

Lo único cierto es: que la violencia genera violencia. Y nosotros, tenemos la responsabilidad de incentivar los valores en pro de la vida. Mire el perrito de la foto de arriba: está contento, aunque no fue creado para manifestar emociones. Así debemos aprender a encontrar la felicidad, aún donde no debería existir. Esa es, nuestra verdadera naturaleza. 

junio 15, 2012

Solo Palabras.



Estas palabras van solo para ti,
Dueña de mi corazón.
Las he escrito por ti, y por mí;
O, quizás, solo por amor.

Si jamás llegaras a leerlas,
O simplemente, las quisieras ignorar.
Debo fingir que estas nobles letras:
A otro corazón, han de llegar.

Hoy he forjado estos loables versos,
Bajo la lupa de una gran ilusión:
Que aprendió a valorar el tiempo,
Y a no olvidar, el verdadero amor.

Se que otros, soñarán con lo que tuvimos,
Y hay quienes dirán, que nada fue verdad.
Una musa y un poeta: ¿Por toda la vida?
Es que hay amores, que no mueren jamás.

Estas palabras, se perderán en el viento.
O inspirarán amores y anhelos, quizás.
Pues no hay ilusión que muera al tiempo,
Si el amor solo crece, cada día más.

Tu y yo, algo hemos perdido,
Y algo puro, nos ha de recordar:
Que no hay amor en la vaga ironía,
Si una simple palabra, te hace temblar.

Aquí yace un poeta, que vivió por su musa.
Y encontró entre sus letras, una simple verdad:
"Cada palabra es tan mía, como tuya;
Pero el amor es solo mío: de aquí, a la eternidad".

mayo 02, 2012

Pescando Salmones en Yemen (película, 2011).



A lo largo de la vida, nuestra vida cambia. Parecería algo ilógico que una persona pudiera ser y no ser la misma. Pero lo cierto es: que no somos quienes fuimos ayer, y quizás, tampoco seamos los mismos mañanaLa pregunta elemental es simple: ¿Hasta dónde llegan tus sueños? 

Me gusta pensar que más allá de nuestra cultura, sociedad o religión, todos somos “peces”, navegando por el río de la vida (semejantes y distintos). Cada pez es único, pero está incondicionalmente atado a los demás dentro de la cadena de la vida. Si va o no contra corriente, eso es otra historia. Creo que todos los seres vivos somos parte de un mismo hilo dentro de un único carrete; sí, tenemos diferentes tensiones en diferentes lugares; pero, por más alejados que estemos siempre estaremos unidos, aún en la cercanía de lo desconocido. “Salmon Fishing in the Yemen” o “Pescando Salmones en Yemen” está protagonizada por la hermosa Emily Blunt (mi primera razón para ver esta película) y Ewan Mcgregor. La trama se desarrolla en un ambiente algo jocoso, en donde la risa termina por convertirse en seriedad y en sentimientos. Al fin y al cabo, de esto se trata la vida.

¿Podría estar un hombre "loco": por desear algo improbable, más no imposible? Al ir a pescar, debemos aprender a distinguir entre lo que los ojos ven (solo agua) y lo que sentimos (intuición… o fe). “A los pescadores, no les importa si soy oscuro o blanco, rico o pobre, si uso toga o botas de pescador. Solo les importan los peces, el río y el juego que jugamos”. Lo cierto es que no se necesita de una religión para tener fe. Creer en algo fuera de los sentidos es: lo que nos trajo aquí, lo que somos hoy. Y el problema actual es que la mayoría de las personas dan las cosas de la vida por sentado, y simplemente: se dejan arrastrar por la corriente. Sí, nuestro mundo cambió, pero aún nos falta mucho por aprender y descubrir. “Para los pescadores, las únicas virtudes son la paciencia, la tolerancia y la humildad”. Si me pusiera a calcular la parte de mi vida que he dedicado a mis peces, quizás, me los comiera (a pesar de que son “decorativos”). Lo que me lleva al tercer punto: ¿Qué quieres? Y esta pregunta, va orientada a un comentario de la película: “volverás…está en tu ADN”.

A veces, solo basta con dar el salto. Puedes pasar cientos de horas dedicadas a algo, y aunque parezca un tiempo perdido, esas horas constituyen la base de esa experiencia sin importar el resultado obtenido. Es ahí donde entra nuestra cuarta pregunta: ¿te dejas llevar por la corriente, o vas contracorriente? Ir en contra de la corriente es hacer lo que sentimos correcto, y esa búsqueda por encontrar las respuestas que buscamos mas allá de las probabilidades. Al final de la historia, luego de haber hecho todo el esfuerzo, de haber puesto tu empeño en lo improbable, solo queda esperar… un milagro. Lo que me lleva a quinta y la última pregunta: ¿Por qué no? Lo importante es, volver a empezar.

abril 02, 2012

Una cuestión de… chichiguas.


Me duele un hombro y las piernas; me di un estrallón; tuve que buscar un tubo largo para “punchar” un pino; y, además, tengo un par de dedos “quemados” por el nylon… es que ayer (inicio de Semana Santa), estaba volando chichiguas con mis sobrinos. Debo decir, que dado que la mecánica automotriz y la ingeniería de patio me acompañaron desde niño, lo lógico era que, además de hacer explotar las cosas, me gustara hacerlas despegar del suelo: a los ocho o nueve años llegué a mandar un lagarto casi al espacio (así lo veía yo, aunque hoy se que le faltaron algunos miles de metros… pero, llegó lo más lejos que pudo llegar en la vida… hasta que la “varilla” (cohete) explotó (R.I.P. “comandante lagarto”).

En fin, llega un momento en que la pólvora se vuelve peligrosa (en manos de un niño “inquieto”) y entonces los padres nos educan sobre otras cosas más saludables para la familia y los vecinos (menos peligroso… para ellos) y así tomamos la clase elemental del helicóptero de maíz: una pluma de gallina o gallo (correteé un par de gallinas por esas plumas), insertada en el centro de media tusa de maíz; usted la tira con todas sus fuerzas al cielo y el resultado, mas allá de la ciencia, se convierte en el majestuoso movimiento que nos brindan las semillas del árbol de caoba: un helicóptero natural. Más allá de la pirotecnia y los artilugios folklóricos, en algún momento de nuestra vida nos llega a nuestras manos una chichigua. Recuerdo que la mía era de bambú, papel encerado e hilo de cáñamo. Imagine a un niño de unos 10 años, sobre una meseta en una “montaña”: en nuestra finca, mis chichiguas llegaban hasta donde llegaba el cono de hilo de cañamo (lo cierto es que se veían pequeñitas).

Pero, todo en la vida cambia y ayer en la tarde, mi sobrinita llegó a la casa, y luego de casi matarme del corazón (de un susto, al entrar gritando) me dijo que su papá le había comprado una chichigua y que revisara si estaba bien armada. Lo primero que noté era que estaba bien equilibrada (buenas costuras), pero no tenía nada de peso en la cola. Fue entonces cuando mi cuñado me dijo lo que había costado (RD$99.00: la más barata), y me dijo que era algo para jugar ella (9 años). Hice mi revisión oficial de vuelo en el patio, logró planear unos 10 segundos… pero no había nada de viento. Pasamos a la fase dos: el frente de mi casa, que es bastante grande. Luego de ver a mi sobrinita por unos minutos supe que la inversión monetaria había sido justa, pues arrastró el pequeño artilugio por varios metros de la grama… por suerte, no la rompió. Ahí entró en juego mi sobrino mayor (su hermano), tuvo unos cuantos intentos fallidos, pues ninguno de los dos sabía lo que hacía, mientras mi cuñado se reía de ellos.

El problema, no era un juego de niños, los cuatro edificios que están a los lados y al frente de mi casa generan un “vacío”, dejando solo los vientos del Sureste que entran por el patio y por encima de mi casa. ¿Cómo lo sé?  10 minutos de ensayo/error, una pequeña piedra amarrada en la cola y la condenada chichigua alcanzó unos dos pisos de altura… pero no había viento constante. Y la muchachita (chiquita y peligrosa) tenía los ojos aguados porque no veía que su juguete alzara vuelo. Recuerdan los golpes y heridas de los que me quejé al inicio… a mí me pagan por solucionar problemas de otros: esa es mi vida.

Puse a mis sobrinos a unos 15 metros de mi, solté unos 25 metros de hilo en el suelo y halé ese nylon lo más metódicamente posible: el primer vuelo meritorio solo duró un minuto y algo, pero los “cabezoncitos” (sobrinos) estaban maravillados… hasta que la condenada chichigua se me engancho en el cogollo del pino. La muchachita se puso histérica, pues había “perdido” su juego.  Para colmo, su papá (que solo hizo 2 intentos fallidos de despegue), se puso a decirle que ahí arriba la podría ver todos los días… ahí entra en juego el tubo de pvc que recordé que tenía en el patio: Un par de golpes,  un par de jalones, y… “PRA”, algo se rompió mientras jalaba. Ahí fue que la muchachita se le salieron las lágrimas; sin embargo, la tranquilicé diciéndole que había sido una ramita del pino (era la verdad, creo), y mi cuñado diciéndoles: “ahora si que no va a volar”. Yo tenía los ojos aguados de la risa. Y entonces, la chichigua tocó suelo: sana y salva.

Las primeras palabras de mi sobrinita fueron: “yo quiero volarla”. Así que, ni modo, tomé la chichiguita, le dí un impulso a unos cinco metros de altura, solté el nylon y le dije a ella que halara y corriera… ella corrió, pero miraba todo menos la chichigua: voló unos 15 segundos y terminó en el suelo (pero, ella estaba feliz, ya que ella sola había volado la chichigua). En el segundo intento de este método fue que casi me maté y quedé “ensartado” en unos arbustos secos… duré varios minutos desenredando hilo… pero la carajita estaba contenta. Y nada, pequeños momentos de la vida por los que vale la pena escribir.

P.d. Debería comprarme una chichigua para competir… jajajaja. La verdad es, que yo gocé más que ellos.   

marzo 09, 2012

The Grey - El gris (película, 2012).


Literatura, Psicología, naturaleza, humanidad y miedo. Es obligatorio para mí hacer mis comentarios sobre esta película bastante interesante y bien orientada hacia la concepción de nuestra naturaleza animal. Por cierto, no se preocupen, no contaré la trama, solo puntualizaré algunas cosas.

Comenzaré por el título: “The Grey”. En lo personal, no considero que haga referencia al color de los lobos, quienes son actores “secundarios” de la película, o al clima turbulento. “El Gris” hace referencia a lo turbio de la naturaleza humana, aquel lugar en donde no puedes decir que existe el “bien” o el “mal”. La vida no es cuestión de semántica, se trata de sobrevivir: desde el momento en que nacemos, hasta nuestro último aliento

En la película, me llamó la atención el pequeño cuadro de la pared de la casa paterna del actor principal, en donde yacía un poema, de pocas palabras y un gran significado:

Una vez más en la lucha…
Hacia la última buena pelea que conoceré.
Vivir y morir en este día...
Vivir y morir en este día.

Una vez más en la lucha”… la vida es, sencillamente, la lucha por sobrevivir cada día; “Hacia la última buena pelea que conoceré”… No podrás rehuir a todas las adversidades, deberás aprender a luchar y a disfrutar dar una buena pelea; “Vivir y morir en este día”… uno de nosotros vivirá, el otro morirá; “Vivir y morir en este día”… el simple auto cuestionamiento moral que nos repetimos a la hora de la verdad: o eres tu, o soy yo. Estas últimas dos líneas, son la esencia misma de la película: lo gris, de la naturaleza humana.

Hay un abismo entre el miedo y el temor. El primero, es algo natural (que aprendemos a controlar y/o superar); el segundo, es un sentimiento adquirido y, en la mayoría de los casos, algo peligrosamente irracional en cuestiones de supervivencia. Esta película nos lleva por esa diferencia y su incidencia dentro de la conducta humana (individual y colectiva). Es cierto, hay un par de litros de sangre en la película, pero no es para nada violenta. Algo cruda, quizás, debido a la realidad del clima y la naturaleza de la zona; pero, solo critico que los lobos se ven medio “falsos” en unas cuantas escenas.

Por cierto, me encantó la escena final. Unos segundos después de que terminaran los créditos (los desesperados jamás ven estas escenas, se paran del asiento). La contaré, porque es algo interpretativo: Es un close up del “macho alfa” de la manada, tirado jadeante en el suelo, que lo recorre desde su columna vertebral hasta el cuello… y cerca de su cuello se pueden ver los cabellos de Liam Neeson (actor principal) recostado sobre el lobo. Es la pura representación de: “vivir y morir en este día. Cuando vean la película, lo entenderán.
_______________________.
Escuchas: Dash Berlin feat. Jonathan Mendelsohn - Better Half Of Me.

febrero 28, 2012

¿Amistad?

No puedo dejar pasar Febrero sin dedicarle un post a este tema existencial tan sencillamente complejo. La amistad, es un vínculo de afecto que nos une a otras personas. Usted dirá que es “amigo” de su mascota, pero eso es solo cariño y afecto. Y, como siempre les digo: “la amistad no conoce fronteras, las rompe”.

En este mundo en el que vivimos, podemos torcer algunas reglas. Por ejemplo: dos completos desconocidos pueden ser verdaderos amigos. Sí, amigos sin comillas. Pueden compartir su amistad durante años, sin saber mínimamente quién es esa otra persona que sabe todo sobre su vida, le orienta y le vive “fuñendo” la existencia: todo por su bien. Nosotros los blogueros, a diferencia de los twitteros y los feisbukianos, tenemos un vínculo especial respecto a nuestra amistad. Sí, habemos algunos locos regados por ahí, pero somos buenas personas. Bloggerland (el universo de Blogger), nos abrió las puertas (hace años) hacia un espacio de expresión personal único.

Los blogs, comenzaron como “diarios” personales. Espacios de libertad intelectual y emocional en donde convergía un cierto grupo de personas muy variado. Tu apariencia, tu nacionalidad, tu religión, tu “conectividad”, tu profesión, preferencia política, estatus social, etc., no tenían (ni tienen) la más mínima incidencia al momento de expresar tus ideas… claro, dentro de los lineamientos de Blogger (buenas costumbres… aunque son bastante liberales). En fin, al llenar tu perfil, podías buscar personas similares a ti en cuanto a una amplia variedad de gustos. Pero, eso no es ni el 1% de la cuestión.

Según pasa el tiempo, vas compartiendo con esas personas tan similares a ti, y totalmente diferentes. Y te das cuenta de algo simple: les tienes un cariño especial, ya que han compartido su vida y tú has compartido la tuya con ellos. Te han visto reír, y te han aplaudido; te han visto llorar, y te han llevado palabras de aliento. Te han visto caer, y te han alentado a levantarte; pero, sobre todas las cosas: siempre han estado ahí, aún en el silencio. Y esto, es el centro de este post: el silencio.

Algunas personas creen que la amistad es acompañar a otra persona en su alegría, o aconsejarla en su tristeza y alentarla a seguir adelante. Pero, a veces, la mejor forma de demostrar tu amistad por una persona es alejarte y mantenerte al margen de sus asuntos. ¿Por qué? Porque, sencillamente, en la vida hay un tiempo para todo: deberás reír, deberás llorar, deberás amar... y, deberás aprender a guardar silencio frente a tus amigos; no para que valoren tu amistad o resientan tu ausencia, sino: para que ellos encuentren sus propias respuestas, para que escuchen su propia voz, y sobre todo, para que aprendan a creer en sí mismos.

No he conocido en la vida a alguien que no sea especial. Si no es especial, es porque no he tenido el suficiente tiempo de conocer a esa persona. La esencia misma de la amistad es compartir nuestras experiencias; y un verdadero amigo: te dirá la verdad, aunque duela. Y la verdad es, que debes valerte por ti mismo/a; debes tomar tus propias decisiones; y sobre todo, debes aprender a vivir con ellas. Tu eres el/la arquitecto de tu propio destino… qué esperas, amigo/a.

P.d. A mis amigos y amigas, compañeros de batallas bloggerianas (experiencias de la vida), antes de culminar Febrero, debo decirles: gracias, por su amistad. Si duró solo un instante, o si tiene años: les aseguro que sigue latente, y que es, invaluable. Brindo (electrónicamente), por este glorioso sentimiento humano, ya que es el lazo que une todo nuestros “hilos” existenciales, mas allá del tiempo. Por cierto, siempre los leo... aunque no conteste :D 

febrero 23, 2012

¿Dos en uno, o uno en dos?


Mi musa, mi alma, mi razón de ser
Tu silueta me acompaña en cada amanecer.
Mi vida, mi sueño, mi realidad
Eres el aire que respiro, aún en la soledad.

Si el tiempo fuera tu nombre, vestiría el atardecer
De un arcoíris de colores, que terminaría en tu ser.
Y mas allá del sentimiento, he perdido la razón
El culpable ha sido el viento, que me robó el corazón.

Mi ángel, mi diosa... mi tempestad
En este mar de recuerdos, me harás naufragar.
Y si el ocaso de mi memoria, se llegara a cuestionar
No habría penas ni glorias, al momento de amar.

En esta calida noche, se ha perdido mi ser
Navegando por tu alma, he llegado a fenecer
Y al final de estas letras, he aquí, la simple cuestión:
Cuando se trata de amar, ¿será cosa de dos?

febrero 20, 2012

Cuestiones de Amor: Felicidad.


El error humano más elemental es: tratar de correr, sin haber aprendido a caminar. Nuestra naturaleza nos empuja a superarnos, de la misma forma en que nuestras células reparan nuestros tejidos: un paso a la vez. Sin embargo: ¿Cuántas personas buscan la felicidad? ¿Acaso debe buscarse?

Nuestras sociedades, basadas en arquetipos culturales segmentados, han empujado al ser humano (en su conjunto) hacia un estado psico-intelectual de razonamiento ilógico… usted dirá “Y qué disparate está diciendo este loco”. Es sencillo, el aprendizaje por inducción (estímulos controlados), como forma de educación masiva, nos lleva a cuestionarnos sobre cómo encontrar la felicidad. Y no, no me refiero a teorías conspirativas. Es, sencillamente, el hecho de que cada nueva generación adopta y hace suya una serie de paradigmas que ineludiblemente define su forma de razonar ante la vida. Y uno de esos paradigmas es: la felicidad. Cabe preguntarse: ¿Para qué sirve?

He escrito muchas veces respecto de la felicidad, y por qué la considero una aptitud frente a la vida. He escrito sobre el amor, como forma elemental del sentimiento, y de cómo la felicidad pesa más que el amor; pero, creo que no he escrito sobre la felicidad como lo que realmente es: un resultado. Nota: la felicidad no es una meta… ahora usted dirá ”Ahhh, con razón soy un/una infeliz” (Es broma). La forma más sencilla de explicarlo es que la felicidad es el resultado de la paz interior que logramos al equilibrar nuestras emociones y sentimientos con nuestra razón.

Nos educan bajo la fórmula de crecer, estudiar y hacernos profesionales, formar una familia, tener hijos, amasar algo de fortuna... y aquí la fórmula se pone oscura. Odio admitir que este es el modelo norteamericano (igual que el modelo del Imperio Romano), pero es la realidad. Esta fórmula unida a demasiadas drogas (pastillas para todo) y películas, un poco de libertinaje barato, y el resultado casi siempre es un (a) excelente psicópata digno (a) de algún best seller. Ahora bien, ¿qué debe usted de hacer para ser feliz? Debería decir que no hay respuesta, pero eso es tan irresponsable como decir que ¡ya eres feliz! (fórmulas mágicas) Y lo siento, no hay pastillas para eso.

Bueno, suponiendo que fue criado (a) con la fórmula anterior, si no ha crecido: disfrute cada segundo, eso determinará el resto de su vida. Si está estudiando: póngase en eso, en serio; en la vida, la suerte es buena, pero no hace milagros… y al final, usted vivirá de lo que aprenda (aún después de haberse graduado). Si usted es un (a) profesional: trate de ser un ejemplo (bueno o malo)… al final, de aciertos y tropiezos es que se perfecciona el arte. Si ha formado una familia, creo que sabemos que no hay un yo, sino un nosotros: sea un poco egoísta y regálele a su pareja una parte de su tiempo diario. El amor de pareja es cosa de 24/7. Si es padre o madre, aplica la misma regla anterior; solo un consejo: déjelos que cometan sus propios errores. Si le ha ido bien en la vida ($$$): si es estúpido, inconforme o frustrado, le aseguro que usted incursionará en la política… será infeliz, aunque gane. Si quiere marcar la verdadera diferencia: aproveche cada momento del día, viva el presente, disfrute de sus seres queridos, y haga: las cosas positivas que guste y plazca.

La felicidad es el simple resultado de hacer las cosas de la forma correcta. Son las pequeñas dosis diarias de alegría, las que se entrecruzan con las adversidades de la vida, las que llenan esos pequeños vacíos. Si has leído hasta aquí, infeliz, espero haberte sacado aunque sea una sola sonrisa. Al final, la felicidad es solo eso, la espontaneidad de una sonrisa inducida por la satisfacción de haber hecho las cosas de la mejor forma, dentro de lo humanamente posible. Por cierto, el @#$% que hizo la fórmula de la vida, se olvidó de explicar el primer punto: lo que sea que hagas, hazlo de a un solo paso por vez… por algo se dice que la paciencia es una virtud.

febrero 17, 2012

Por las Calles de Nuestra Ilusión.


La lluvia pasajera inunda la frívola noche, mientras que el recuerdo trae consigo este momento perpetuo. No hay nada de razón en los sentimientos, al momento de que nace esta sublime alegría. ¿Qué sería de nosotros sin la ilusión?

La tempestad de la vida, no es más que un espejismo. Cuando un simple hombre, ve a una maravillosa mujer: nace un amor. ¿Irreal? Quizás, ¿Pasajero? Tal vez, ¿Absurdo? Jamás. El amor no es algo de un momento, pero se construye con pequeños e invaluables “momentos”; aunque, a veces, necesita de algún que otro empujoncito. Nuestra forma de vivir, percibir y expresar el amor cambia cada día, a lo largo de nuestra vida; y la ilusión, es la base de todo este entramado.

Cuando niños, solo necesitamos de una sonrisa para enamorarnos (nada mas importa); cuando somos adolescentes, buscamos esa belleza superficial que nos atrae del sexo opuesto; cuando somos jóvenes, a pesar de la incidencia biológica, empezamos a comprender la cuestión de la imperfección humana (carácter); cuando somos adultos, somos casi igual de estúpidos que cuando éramos jóvenes, salvo que la experiencia pesa más que la esperanza; y, cuando llegas a “maduro” (… aún me falta esta partecita de la vida, pero no puedo escribir desde la tumba), esa “vieja”, aquella que has querido “ajorcar” un par de veces a lo largo de los años: la sigues viendo con los mismos ojos que la viste el primer día.

El amor no tiene tiempo, no se evapora, ni se extingue. No cambia en lo más mínimo: los que cambiamos somos nosotros, las personas. Cambia nuestra ilusión, y cambia nuestra forma de ver y palpar el mundo. De ahí que me refiera a las “calles” de la ilusión, ya que toda esa experiencia adquirida con el paso del tiempo (y que nunca cambiará) se cruza ante ti, y determina innegablemente tus sentimientos. Sin embargo, puedes encontrar un nuevo sentido a la vida, sencillamente, saliendo a caminar bajo la lluvia (sal de la rutina). Solo deja que la ilusión haga su trabajo. Verás, que cada momento trae consigo tantas oportunidades, como gotas de lluvia caen del cielo. Sin importar el tiempo, el lugar o la distancia, todos sentimos lo mismo.

Bajo una lluvia incesante de experiencia y recuerdos, solo hay que tener una colorida “sombrilla” (un poco de alegría) y un pequeño corazón (algo que ofrecer) para seguir adelante... por las calles de nuestra ilusión. Por cierto, solo hace falta una pequeña sonrisa, para encontrar un gran amor.

febrero 15, 2012

El Amor en Tiempos de Soledad.


El ser humano, al igual que cada ser vivo: nace solo y muere solo. Soledad, es una palabra escalofriante para algunos; y para otros, una verdadera dicha, que trae consigo la esencia misma de la vida: el amor. Si no existiera individualmente, si no conociera mis límites, mis virtudes y mis defectos… sencillamente, no habría un yo para amar, en ninguna de las formas de las que se conoce el amor.

El amor propio es, quizás, el amor más importante de todos. Cómo podrías amar a Dios o a otra persona si no te amas a ti. Cuando veo a una mujer, observo sus ojos; y mas allá de desnudar su cuerpo con mi mirada, me gusta desnudar su alma (algo que he adquirido con los años… ¿me estoy poniendo viejo?). Ver sus gestos, sus palabras, su forma de ver las cosas… hace de las cosas: algo interesante. Sin embargo, a veces, me toca ver el lado oculto: los miedos, temores, desesperanza, ansiedad y esa maldita desilusión por el amor. Lo reconozco, algunas mujeres son verdaderas “guerreras del amor”, algo que no podríamos ser los hombres. ¿Por qué? Porque casi siempre nos vamos por el camino más fácil y, no luchamos lo suficiente por hacer que las cosas funcionen.

Cuando hablo de soledad, no me refiero a estar alejado físicamente del mundo. Se trata de estar aislado, cuando se está completamente rodeado de personas. Hoy disponemos de una tecnología de “dioses” para estar conectados con todo el planeta a cada segundo de nuestra vida; sin embargo, es notorio como la soledad afecta los sentimientos más elementales. Puedes estar a tres centímetros de una persona y, en realidad, ambos pueden estar a miles de metros de distancia. Uno se pregunta: ¿dónde están? ¿En Facebook o Twitter, con una falsa sonrisa y compartiendo con 300 desconocidos los detalles íntimos de su vida? ¿Aislados frente a una TV, un computador o un videojuego? Hemos llegado a un punto existencial en el que la vida no se trata de compartir, se trata de presumir frente a otros (vacío existencial… o simplemente, soledad). Y lo triste, es que esto es una norma de millones de personas a nivel global.

Amar es, simplemente, la espontaneidad de compartir y compartirte con tus seres queridos; Es entregar, sin esperar nada a cambio; Es tratar de ser alguien mejor cada día; y es: buscarle un sentido a la vida. La soledad, no es un mal; pero, tampoco es un escudo. He visto personas quejarse de los males adyacentes al amor (que no existe, que es algo comercial, que optan por estar solos, blablabla). Los he visto sufrir y llorar por cuestiones de la vida. Pero, al final, siempre trato de hacerte entender que, a veces, lo primero que debes cambiar es tu actitud y tu forma de ver las cosas. Por biológico que parezca, fuimos creados en parejas por algo: para complementarnos. En esencia: Dos, son una unidad... aunque eso es solo un tipo de amor. Los hombres, no podemos vivir sin ustedes las mujeres y viceversa. está claro que sin cualquiera de nosotros: la vida sería algo aburrido y sin sentido.

Las personas pelean a cada momento, y no siempre las cosas funcionan; pero creo, que no hay mayor soledad que dejar de amar. La nobleza de este sentimiento está en que cura viejas heridas, revive las pasiones, y le da un nuevo sentido a la vida. En fin, que Dios bendiga a las mujeres: fuentes eternas de sufrimiento y sabiduría. Y que llene de Gracia sus ojos, pues en ellos está la más sublime perdición de un hombre: el amor.