enero 31, 2012

Por las veredas... del destino.



La vida es un largo camino. A veces termina, sin haber comenzado; y, otras veces, nunca tiene un final. Si imaginas la vasta complejidad del mundo y de quienes lo habitamos, tendras esa vaga visión de aquel sentimiento que compone el eje de tu existencia: tu destino. Y ¿qué es el destino?… sencillamente, es hacer aquello que te plazca; y en lo cual, inviertas tu alma y tu tiempo. No trates de ver un futuro incierto; el destino es solo la certeza de lo vivido, dentro de la inconformidad de la naturaleza humana.

¿Qué te hace feliz? ¿Qué dibuja una sonrisa en tu rostro? ¿Qué quieres hacer?... Solo hace falta valor y empeño para encontrar tu respuesta. Pero bien, esto se trata de las “veredas del destino": desde nuestros orígenes, algunas culturas consideran que cada ser vivo tiene una finalidad específica dentro de su existencia. Algo así, como un fin ulterior dentro de la comprensión efimera del camino de la vida, y que nos empuja a seguir adelante hasta lograr cumplir nuestro cometido. Y ese camino, no es más que todo el tiempo dentro del cual existimos… aún en el recuerdo.

Se dice, que quienes no cumplen con ese fin predestinado, están obligados a repetir sus hazañas. Aquí nacen las veredas, esos pequeños caminos hechos paso a paso por una o varias personas errantes, a lo largo del tiempo y que nos llevan de un lugar a otro, separados e incomunicados por el azar, más que por la distancia; ya que, al parecer, esos destinos están unidos bajo una misma razón: la razón de existir. Es loable imaginar como una necesidad o un sentimiento te empuja un paso a la vez, hacia  un lugar donde no existe un claro camino; y sin darte cuenta, el tiempo pone ante tus ojos un pequeño trillo (lleno de recuerdos, sueños, pensamientos y esperanza) que te muestra la ruta que debes tomar. Y cada vez que levantas la mirada, comprendes, que sin importar la distancia o la aparente “desconexión” con el mundo, lo que te empuja a seguir cada día y vada paso, sigue ahí: dentro de ti.

Quienes la encuentren, verán solo el paisaje. Y quizás, alguna que otra forma de cruzar. Sin embargo, cada vereda trae consigo un pequeño secreto: todas llevan al mismo lugar. Ellas son las verdaderas rutas del destino, pues cruzan nuestros caminos sin dirección, sentido o lugar. Muchas personas pasan su existencia tratando de comprender el significado de la vida. Es decir, que pierden su vida… en una absurda existencia. Cada vereda de nuestro destino, no es mas que cada experiencia, sueño, recuerdo o sentimiento, que nos empuja a seguir adelante y ver lo que hay mas allá. No importa hacia dónde nos lleve el destino, siempre y cuando el paisaje sea algo digno de admirar.

Al final de la historia, todo se resume en aquello que compartimos: aquí y ahora.

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Escuchas: Emma Hewitt - Colours.