octubre 28, 2012

A mis 34.



Antes que nada, debo dar gracias a Dios, por haberme permitido llegar hasta aquí y ser la persona que soy. Quizás, he vivido demasiado en poco tiempo, o tal vez, no viviré lo suficiente… pero, lo cierto es, que he disfrutado de este viaje.

Hace unos días, cumplí mis 34 años de edad, y estaba pensando en todo lo vivido hasta este momento. He adaptado el mundo a mí, y me he hecho parte del mundo; he “devorado” el tiempo, y he jugado con el; he visto la vida y la muerte, en toda su plenitud; he comprendido la subjetividad del bien, y del mal; he vivido los cambios de nuestra raza, he estudiado nuestras civilizaciones, y  he teorizado sobre nuestro futuro; he estado ahí, en momentos cumbres de la historia; he cambiado vidas, y me han cambiado la mía; he visto nacer un río, hasta “morir” en el mar (cosa de “viejos”). He recorrido caminos, montañas, bosques y praderas. He sobrevivido a la muerte, varias veces (quizás por eso, veo el mundo con otros ojos); he servido a mis semejantes, y me han servido como a un rey; he tratado de dar lo mejor de mí, aunque ello implique un sacrificio propio; soy un niño de corazón, con el alma de un hombre recto. He conocido maravillas, y personas maravillosas; he reparado tantas cosas, y he creado otras; he amado y he sufrido; he soñado y he visto mis sueños convertirse en realidad. Dios… he vivido.

Se dice que la vida es el juego más “jodidamente” increíble que tenemos a nuestra disposición. Y siendo así, la carrera de ¼ de milla que era la vida hace unos años atrás (vivir el momento: sin pasado, ni futuro), se convirtió en muchas “temporadas” (un pasado que intervino en el presente para formar el futuro), llenas de experiencias, más que de triunfos o derrotas. Pero, también, llenas de teorías “alocadas” que quedaron en el papel (Nota: debo escribir un post sobre esto). No hay reglas para vivir, pero vivimos gracias a nuestras reglas.

Cada año, el día de mi cumpleaños, uso la balanza entre propósitos, metas y logros para el año siguiente. El año que pasó, conllevó algunos sacrificios a cambio de recompensas (equilibré bastante bien la balanza), y son esas cosas las que van trazando el curso de nuestra vida, aunque no queramos. Sin embargo, a veces encuentras la paz en el simple hecho de fabricar una tsuba (Nota 2: Debo escribir sobre esto). O disfrutas de la vida, con el mero hecho de compartir tiempo con los tuyos. Cuando llegue a los 35 (si llego), pienso jugar este juego de una forma distinta... pero, aún debo ajustar algunas tuercas. J