junio 24, 2013

En el muelle de San Blas...


Quien espera toda su vida al amor, no está loco. Locos están, los que pasan su vida sin saber, lo que es el verdadero amor. Hace un momento, leí la noticia de que la señora Rebeca Méndez Jiménez había fallecido el 20 de septiembre del 2012, luego de más de 40 años de espera. Quizás usted no la conoció por ese nombre, pero ella fue la inspiración que tuvo Fher (Maná) para la canción que se titula como este post. Ella, era la “loca” del muelle de San Blas.

Maná inmortalizó la “locura” del amor de una mujer que perdió a un hombre llamado Manuel en 1971, una semana antes de su boda… y nunca dejo de esperarlo. Hoy, quizás están juntos. No importa el tiempo, si lo que se siente es sincero y es real. Ese, es el verdadero legado de doña Rebeca, quien más allá de una tormenta, de la distancia y de la ausencia: creía en el amor.

Nadie la pudo arrancar y del mar nunca jamás la separaron”… ese fue su último deseo (descansar en el mar); y, ya la familia lo está tramitando. Bueno, al final, todos los que creemos en el amor: somos LOCOS!!! …Que descanse en paz y con su amor  :)

junio 17, 2013

Un simple saludo.


Un saludo: a aquellos que buscan, aunque no encuentren nada. A aquellos que lo entregan todo, a cambio de “nada”; Un simple saludo, a quienes avanzan por la vida, sin dejar nada en el camino; y, a quienes viven, sabiendo… que solo nos espera morir.

Todos somos parte de algo más grande que nosotros mismos. Pequeñas piezas de un complejo rompecabezas que conforma el equilibrio del universo. Un saludo, a cada mortal que se ha atrevido a alterar el destino, a romper las reglas por un bien mayor, y a encontrar (en una sonrisa) su razón de existir.

Un saludo: a quienes creen en el amor; a aquellos, que buscan la bondad en otros ojos; un saludo, a quien regala una caricia; a quien compone un verso… y a quien lo sabe escuchar en el silencio.

No es más que un simple saludo; pero, marca una gran diferencia. A sí que, también a ti te saludo, por el simple hecho de existir. Tu poder no está en lo que haces, sino en lo que eres capaz de hacer. Así que, con este simple saludo… tan solo recuerda, que solo debes creer en ti. 

junio 13, 2013

Reencontrar lo perdido.

Se dice que cuando encontramos algo que hemos perdido, lo valoramos más. A veces, eso es cierto, otras es solo la novedad de la situación. Hace unos días, mientras organizaba algunas cosas en la habitación, encontré un recipiente que había olvidado en una esquina. La descripción más exacta, es que era un tesoro…

Según me cuentan y según recuerdo, desarmo cosas desde que tenía unos 5 o 6 años de edad. Bueno, la curiosidad se abrió paso dentro del conocimiento y así pasaron los años. A los doce o trece años, ya podía reparar cualquier cosa en la casa; y, no lo niego, dañé muchos aparatos eléctricos y electrónicos: lo divertido era repararlos; o, tomar las mejores piezas y desechar el resto. Podría hacer un análisis conductual, una reseña psicológica o simplemente podría admirar la belleza, aún donde no debería existir. Imagina cientos de diminutas piezas, pequeños componentes mecánicos, tornillos, resortes, motorcitos, poleas, rodamientos, engranajes, condensadores y un sinfín de piezas únicas de todo aquello cuanto ha pasado por tus manos y que por una u otra razón ya no existe. No son las herramientas o repuestos de un hombre, ni los juegos de un niño: son la historia de una vida, un orden dentro del caos. No es hierro, plástico, caucho, aluminio o bronce: son parte de mis recuerdos.

Guardé muchas de esas pequeñas piezas, como repuestos. Sin embargo, al ser piezas tan únicas y tan especiales, en el sentido de que llamaron mi atención, quedaron ahí olvidadas en el ajetreo de la vida. Recuerdo que con unos 16 o 17 años, me pasaba horas creando sistemas de engranajes y artilugios con piezas que, sencillamente,  no fueron creadas para funcionar en un conjunto armónico. Eso, era lo divertido, darle un orden a ese caos (desarme). En aquella época, quería ser ingeniero automotriz… en ese recipiente estaba mi primer prototipo de auto, hecho con piezas de electrónica,  de alarma de auto y algunos misceláneos (jajaja) … se le rompieron algunas partes plásticas (tostadas por los años)… debo reconstruirlo y crear otras cosas.

Cuando crecemos, aprendemos más allá de nuestros límites y expandimos nuestra razón; sin embargo, a veces olvidamos que con un poco de esfuerzo e imaginación, cualquier cosa común se transforma en una verdadera obra de arte. Todas esas piezas, son un pequeño tesoro: no por su valor, sino por sus recuerdos. Al ensamblar algo que no debería existir, le das una razón de ser a las cosas. Ese es el verdadero tesoro: el tiempo que le dedicas a las cosas. 

junio 02, 2013

Simple voluntad.


Mahatma Gandhi dijo una vez, que: “La fuerza no procede de las facultades físicas, sino de una voluntad invencible”. Lo recordé porque hoy vi una pequeña hormiga arrastrando un pedazo de alimento como del triple de su tamaño y lo llevaba a su nido. Muchas personas creen que las hormigas se comen estos desechos orgánicos, ignorando que los acumulan para fermentarlos y alimentar a un hongo que crece dentro del hormiguero: que es lo que en realidad las alimenta… esa es la voluntad que las empuja a seguir y esforzarse tanto en fuerza como en resistencia.

Cuando uno levanta pesas durante muchos años, ve y escucha a muchas personas “gritándose” y “enfureciéndose”, con la idea de obtener una supuesta máxima fortaleza derivada de un torrente de adrenalina (estímulo psicológico). Yo: aprendí a reírme. Comprendí que sin importar los “gritos”, la presión, la tensión o el miedo, sencillamente nada de eso importa. Ni siquiera el peso a levantar. Si bien un ejercicio con pesas presupone estrés físico, es quizás por ello que la pasibilidad se convierte en la mejor arma contra el dolor del esfuerzo, y en el verdadero estímulo.

De qué vale romper fibras musculares, si no hay una mayor resistencia al esfuerzo; de que vale “crecer”, si no obtienes una mayor agilidad o velocidad? Los seres humanos somos similares a las hormigas: con una voluntad férrea podemos hacer cosas casi imposibles y es así, porque cada uno de nosotros lleva dentro de si una voluntad indomable, esa sed por alcanzar lo que nos proponemos. Y al mirar a las hormigas, “comiendo” níspero… y picándome, me di cuenta de que defendernos, fortalecernos e ir más allá de nuestros límites es un sentimiento universal de los seres vivos.

Si estamos estáticos, no habrá ninguna voluntad; sin voluntad, no habrá cambios; Y, sin cambios, no hay vida. Más allá del trabajo diario, de los problemas, de las cosas pendientes, te das cuenta de que lo que te mantendrá vivo, lo que definirá tu vida y te definirá como persona es, simplemente: tu voluntad. No hay por qué rendirnos ante las inclemencias de la vida: vivir solo es eso, una excusa para seguir adelante.