octubre 25, 2014

A mis 36.


Mientras estaba esperando una audiencia, se me acercó un colega. Era un señor de unos setenta y tantos años de edad, a quien solo había visto dos veces (de lejos) en toda mi carrera. No sé si tengo cara de sacerdote o de payaso; pero, la mayoría de personas, al verme, tienden a contarme (sin yo preguntarles nada) cosas personales de su vida (problemas, experiencias, etc.); y, lo extraño del caso, es que casi toda conversación (sin importar lo difícil o complicada que sea) termina con una sonrisa.

En medio del salón de audiencia, el señor comenzó a contarme su vida: sus esposas, sus hijos/as, sus amoríos, sus recuerdos de juventud, sus experiencias a lo largo de los años… en esencia, su historia. Yo, que tenía tiempo, le pedí salir fuera del salón para continuar la conversación (hablaba muy alto: es medio sordo, y medio ciego). En fin, le dedique ese tiempo, porque noté que quería: ser escuchado. Nos pasamos más de una hora de conversación sobre el, su familia y su caso. Yo, solo lo interrumpía para recordar una fecha o un personaje de los comentados. En eso, llegó mi contraparte, un abogado de unos cincuenta y tantos años, que lo conocía. Y comenzaron a recordar sobre sus vivencias de la juventud y experiencias de la vida, ya que ambos venían del mismo pueblo. Yo, (el más joven y citadino) les contaba algunas de las mías, y comparábamos recuerdos. Llegó el tiempo de nuestras respectivas audiencias (de las últimas), y el señor tenía una sonrisa en su rostro… y los ojos algo aguados (por algunas “decepciones” que tenía respecto de sus hijos). El me contaba que su mayor ambición en la vida era hacerse de renombre, y que a sus hijos no les importaba la profesión, o sus méritos. Durante la conversación, me repitió su nombre unas cinco o seis veces… y toda su historia versaba sobre: terrenos, dinero y ambición.

Fue en ese momento, viendo a los ojos de ese señor, con más del doble de mi edad, en el que me di cuenta: él, no ha aprendido a escuchar. Quizás, al perseguir su sueño (su renombre, su fama) olvidó que la vida no se trata de nuestras propias ambiciones. Bueno, tampoco se trata de hacer “feliz” a todo el mundo; pero, luego de cuatro esposas: algo debe estar mal. Yo, aprendí de la vida (hace mucho) que debes saber cuando tomar y dejar ir ciertas cosas (no personas, esas nunca son “nuestras”… por eso es importante escuchar). El, me mostró un vivo ejemplo de que puedes tener muchas cosas materiales, y no tener nada; que puedes viajar mucho, y no conocer nada; y que, puedes estudiar durante décadas: y, no haber aprendido nada sobre la vida. Este señor, a quien escuché detenidamente, me enseño el resultado de lo que es: no saber escuchar.

Quizás, me falten algunas cosas de la vida (todo tiene su tiempo). Pero, tengo lo suficiente para salir delante de cualquier situación. Y eso, es la riqueza: tener más, de lo que se necesita (aunque la vida, siempre tiene sus “sorpresas”). Este año, cultive la paciencia: los peces, me ayudaron a “desacelerarme” del mundo (debo escribir un post sobre esa experiencia). Sí, sigo “salvando” personas: cada día; pero, la diferencia es que les dejo su propio camino, no intervengo. Este año, aprendí a pasar más tiempo con la familia, y he aprendido a elegir mejor mis batallas. Aprendí que si soy capaz de recordarlo todo, debo ser capaz de crear los mejores recuerdos. Este año, también aprendí que hay personas sin alma, cuya vanidad y egocentrismo es algo penoso… pero, hace tiempo aprendí que no puedo salvarlas a todas. También aprendí, que hay quienes no quieren ser “salvados”. Sin embargo, ¿qué clase de mundo sería este si ves a alguien implorar ayuda y quedarte indiferente? Es preferible ser un fantasma (desconocido) y no intervenir; que, ser un esclavo del tormento de haber podido ayudar, y no haberlo hecho. Por algo puedo dormir tan bien por las noches: deber cumplido. Por cierto, lo más importante de este post es que: agradezco a Dios, a mi familia y a mis seres queridos por todas las cosas vividas este año (si duro 120 años, no me quejo… aunque por la radiación, la química de los alimentos y la contaminación ambiental: no lo creo). Sin embargo ha sido todo un placer vivir este año: lleno de cambios, de sueños y de esperanza.

P.d. Solo espero que mis cíclidos africanos (mbunas) tengan crías este año… es un capricho; pero, los quiero en la pecera, y no, en el estanque. 

5 comentarios:

Sofía Febles Pérez dijo...

El pasado 2014...lo aprendí yo también....a dejar de salvar a los demás....una sola angustia en mi vida me creo....el ver a las personas...deje de mirar y vi...mi cuerpo sufrió una gran batalla...pero al final llego la calma ....todo gracias a Dios...que me ayudo a quitarme de mi camino a las personas que no valían la pena...me dedico a mi familia...esperando,deseando, soñando....en mi principe azul, mi Peter pan...que algún día vendrá....a rescatarme

Fran dijo...

Hola. Bueno, aún sigo "salvando"... pero, trato de elegir mejor mis batallas. No te preocupes, ya encontrarás tu Príncipe, Dios mediante.

Sofía Febles Pérez dijo...

A quien salvó cada día es a mi hijo....una lucha diaria para toda la vida....la más gratificante....yo espero ahora ser salvada....para empezar a confiar....creer en los demás.....volver a salvar...porque poco a poco,lentamente,iré salvando los obstáculos de la vida siempre que existan sentimientos muy fuertes.....

Fran dijo...

Así es... suerte en tu búsqueda.

Sofía Febles Pérez dijo...

Graciassss....desde las Islas Canarias....un paraíso y una suerte vivir aquí...jaja