febrero 08, 2015

Como en un sueño.



Digamos, que la historia comenzó así…

Llegué a ese lugar, en el cual no había estado nunca… parecía una cafetería. Había muchas personas sentadas en las mesas. Era una tarde cualquiera, algo soleada. Había una barra algo abarrotada de gente que estaba de pie; y un cristal, era lo único que me separaba de ella. Recuerdo que tomó su bolso y lo ponía sobre su hombro izquierdo… pude verla entre la multitud, como si no hubiera nadie más. Noté que se disponía a salir cuando me vió. Pasó de huida por mi lado, quería ignorarme, y evitaba el cruce con mi mirada a toda costa. En ese momento, no podía recordar el por qué ella actuaba así; pero, sabía que no huía de mí, ella huía de sus propios sentimientos. 

En el instante que pasó por mi lado, tomé su mano derecha, suavemente… y ella, no quiso seguir: se detuvo. Estaba un poco molesta, creo que me había alejado de ella (sin decírselo) por algún motivo. Recuerdo, como se sintió mi alma al tocar su mano: no quería soltarla... nunca. Rubia, algo delgada, de piel clara, de unos 5,7 de altura... ella tenía el pelo recogido, y un temperamento imponente. No sé, por qué aún no puedo recordar su rostro; aunque, recuerdo que era la mujer más hermosa del mundo. Sus palabras exactas, tampoco las recuerdo… solo recuerdo que le contesté: “todos somos infelices… hasta que encontramos el verdadero amor, y esa eres tú”. Ella se echó a llorar como una niña y sus piernas se aflojaron al punto que pensé que se desplomaría. En ese momento, me di cuenta que ella era distinta a cualquier mujer que había conocido; era, algo más allá de lo que ya había vivido... Y, en ese preciso momento, mientras la sostenía: desperté.

Se, que la fui a buscar en aquel café; también se, que la conocía mejor que a nadie; que, había soñado con ella muchas veces. Una mujer así, no inspira a un hombre: lo cambia de por vida. Quizás, si hubiera dormido unos minutos más, ese sería el sueño más real que he tenido... por un instante, ella centró mi mundo: solo con el toque de su mano. Sentía que ella sabía que jamás la dejaría, y me esperó a que volviera… hoy, solo me pregunto: ¿Cómo habrá sido nuestra historia antes de aquel día? y ¿Dónde estarás hoy, mi eterna desconocida?

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