octubre 10, 2015

Una cuestión de... reemplazos.





Tengo la arraigada costumbre de durar una década con los autos. En ese tiempo, pasan muchas cosas... y, muchas anécdotas. Hace unos días, me tocaba cambio de bujías, líquido de transmisión y filtro de aire (mantenimiento habitual). En eso, noté una mancha de "aceite" en la junta de la tapa del motor y hasta la compré luego para cambiarla. Dado que ya había cambiado las bujías y el líquido de transmisión, procedí a encender el auto con el bonete (capot) arriba. En eso, mi papá que pasaba por ahí, me dice: "apágalo... rápido", algo que me extraño porque todo funcionaba aparentemente bien. Y, cuando salgo, me muestra que, la mancha de "aceite" era... gasolina, que saltaba de un inyector.

Procedía a desarmar los inyectores, y efectivamente, el sello de goma del inyector ubicado sobre el tercer cilindro estaba roto. Lo gracioso es, que fui a la Delta Comercial (Concesionaria) y no lo tenían; así que, 4 horas después y unas 3 tiendas de repuestos recorridas: encontré la condenada junta superior (la de la izquierda de la imagen). Sobra decir que, compré 6 juegos y cambié todas las juntas superiores e inferiores de los inyectores... incluso, el conjunto quedó mejor que de fábrica, ya que las juntas superiores son el doble de grosor de las originales (más seguridad).

Si mi papá (quien disfruta de supervisar mis trabajos) no hubiera estado en ese lugar y momento: quizás, se me hubiera incendiado el carro con el calor del motor y las gotas de combustible. Técnicamente, le debo la vida a mi papá, como por quinta o sexta vez (me ha salvado en otras ocasiones). En fin, con un simple mantenimiento, mi consumo mejoró en un 12-20% en ciudad- autopista. 

P.d. Ahora, me toca cambiar la correa del alternador... y, la junta de la tapa del motor: cosas, de la edad.

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