octubre 25, 2015

A mis 37.


Con los años, nos llegan nuevas responsabilidades. Familia... amigos... trabajo... trabajo... y, trabajo. Pero, lo cierto es, que cada momento de la vida tiene su propio encanto y su propia motivación. Y, no se trata de ser mas fuerte, mas ágil o mas "inteligente" que otros. Se trata de cómo nuestro mundo cambia para adecuarse a nosotros mismos. Digamos que, la vida tiene tres caminos básicos, y no importa cuál de ellos usted tome, llega el momento en que reflexiona sobre: lo que tiene, lo que necesita y lo que anhela (o sueña). No lo niego, esas tres variables confluyen, se separan, y... hasta se mezclan. Pero, en esencia, la experiencia es lo que nos define y define nuestro rumbo. Y esa experiencia solo se logra: viviendo (sin comillas).

Algunas personas comenten mil errores para llegar a un solo logro; otras, lo logran: al primer intento. Algunos, se desesperan por cosas que no necesitan, que no controlan y que no comprenden; otros, agradecen lo que sea que la vida les envíe... aún sea, un simple gesto. Vivimos en un mundo de sueños, que se desintegran para forjar nuevas ideas, nuevas metas y nuevos logros, que nos empujan por un camino sin retorno: la vida. Es, literalmente, una sinfonía de sentimientos e ideas que buscan organizarse hacia la materialización de algo muy simple, llamado: voluntad.

La voluntad, nos forja. Nos mantiene incólumes ante la negatividad y el pesar de una realidad cada vez más pesimista de guerras, destrucción, corrupción. Pero eso no es nada, en comparación con el desastre que significa: "crear un mundo, y encerrarte en el". Y es a eso, a lo que aspiran muchas de nuestras sociedades modernas: a mentes abrumadas por el consumo, por la competencia, por el miedo. Y yo, me pregunto: ¿Por qué no podemos abrumarnos por hacer a otros felices? (familia), por evitar que comentan nuestros errores (amigos); ¿Por qué no podemos aspirar a un mundo de igualdad y libertad sin un "control" internacional? (existencia, plenitud)

¿Acaso una idea revolucionaria para acabar con las enfermedades con el hambre y con la pobreza extrema del mundo, no merece más oportunidad que el control de la "temperatura" del mundo o el mercado petrolero? He avergonzado a cientos de personas en sus diferentes áreas, por hacer cosas que se supone no se podían resolver, y tan solo soy un tipo ordinario. Entonces, ¿Por qué limitar la sed humana por progresar, orientándola hacia una cultura transnacional de "zombies come tecnología" (consumistas), en vez de incentivar la creatividad e innovación?

Las personas buscan amor, felicidad, progreso; pero, pasan su vida trabajando como esclavos, descuidando a su familia, e hipotecando su futuro. Buscan vivir de las apariencias, compitiendo con sus "amigos" y familiares; para luego, acabar en el mismo lugar en donde comenzaron décadas atrás. Gracias a Dios, y a todo lo que he aprendido en estos 37 años, estoy seguro de una cosa: no cambiaría nada de lo que he hecho hasta ahora. Por qué, porque en algún punto de mi vida aprendí a hacer de mi vida algo personal, aprendí a doblegar el tiempo (sin luchar contra el), aprendí a dar lo suficiente para lograr las cosas, pero guardando lo mejor para mi; aprendí a creer en las personas, cuando ni siquiera ellas lo hacen; aprendí a que las sombras son solo una prueba de la luz; aprendí que lo que hace hermosa a una mujer no es su apariencia, sino sus gestos; aprendí a enamorarme de esos detalles únicos que la hacen única; aprendí a tropezar, y a levantarme sonriendo; pero, sobre todo, aprendí que nosotros merecemos tantas oportunidades como necesitemos para llegar hacia nuestro fin supremo: vivir nuestra única vida.

Y nada, todas estas tonterías son solo las incoherencias de un hombre de 37 años con mucho sueño (son las 11:50 p.m.; y yo, soy diurno), quien se auto felicita por su cumpleaños con una simple frase: "confía en tu instinto, aún no ha fallado". (risa implícita)

octubre 10, 2015

Una cuestión de... reemplazos.





Tengo la arraigada costumbre de durar una década con los autos. En ese tiempo, pasan muchas cosas... y, muchas anécdotas. Hace unos días, me tocaba cambio de bujías, líquido de transmisión y filtro de aire (mantenimiento habitual). En eso, noté una mancha de "aceite" en la junta de la tapa del motor y hasta la compré luego para cambiarla. Dado que ya había cambiado las bujías y el líquido de transmisión, procedí a encender el auto con el bonete (capot) arriba. En eso, mi papá que pasaba por ahí, me dice: "apágalo... rápido", algo que me extraño porque todo funcionaba aparentemente bien. Y, cuando salgo, me muestra que, la mancha de "aceite" era... gasolina, que saltaba de un inyector.

Procedía a desarmar los inyectores, y efectivamente, el sello de goma del inyector ubicado sobre el tercer cilindro estaba roto. Lo gracioso es, que fui a la Delta Comercial (Concesionaria) y no lo tenían; así que, 4 horas después y unas 3 tiendas de repuestos recorridas: encontré la condenada junta superior (la de la izquierda de la imagen). Sobra decir que, compré 6 juegos y cambié todas las juntas superiores e inferiores de los inyectores... incluso, el conjunto quedó mejor que de fábrica, ya que las juntas superiores son el doble de grosor de las originales (más seguridad).

Si mi papá (quien disfruta de supervisar mis trabajos) no hubiera estado en ese lugar y momento: quizás, se me hubiera incendiado el carro con el calor del motor y las gotas de combustible. Técnicamente, le debo la vida a mi papá, como por quinta o sexta vez (me ha salvado en otras ocasiones). En fin, con un simple mantenimiento, mi consumo mejoró en un 12-20% en ciudad- autopista. 

P.d. Ahora, me toca cambiar la correa del alternador... y, la junta de la tapa del motor: cosas, de la edad.