febrero 17, 2016

El hombre y sus ruedas.


Siempre he sostenido que: un hombre se define por la relación con su vehículo. Y, no me refiero al modelo, al año o la marca del fabricante; sino, a cómo trata a su vehículo. Según mi teoría, la relación entre un hombre y su vehículo está directamente relacionada con los conceptos: matrimonio, compromiso, dedicación y trastornos obsesivos-compulsivos (risa). Y por qué, porque la relación se sustenta en la confianza y el cuidado.

Si usted tiene una bicicleta, triciclo, skateboard o patineta: no le aplica la teoría, ya que todavía no conoce del concepto “mujer” dentro de la lógica del universo (sociedad, familia). Pero, no se desanime: es pura teoría; y es, para uno divertirse un rato… yo, aún uso la patineta de mi sobrinita (Dora la Exploradora) una vez al año, cuando limpio el cuarto de los regueros (sacando el arbolito), aunque la tabla es del tamaño de mi pie… y nunca me he caído; salvo, el estrallón del Ripstik en el patio hace unos años (esos no me los han traído; quizás, para que no me mate antes de cumplir 38).

Por otro lado, si usted tiene una pasola o una motocicleta en República Dominicana: usted no es considerado gente por la mayoría de conductores . Y no importa que sea una Road King (Harley) o un Supergato (usted anda en el medio, exponiendo su vida... y mojándose). Ya, en serio, digamos que, son vehículos de recreación o de trabajo; sin embargo, son un capricho o una necesidad cuya posesión está limitada a las circunstancias (y la edad... alguien dijo crisis de la mediana edad?). Aunque he visto familias enteras (7: padre, madre y 5 hijos) en un motor de "2" pasajeros (ver imagen superior). Pero, mi teoría va orientada a automóviles, ya que representan un mayor apego a los conductores.

No existe el concepto amor por los autos; los hombres sentimos PASION por los vehículos... de ahí que algunas mujeres los destruyan solo para hacernos sufrir. Bien, si usted es de esos hombres que no le ha hablado a su carro en medio de un charco, con el agua casi a mitad de puerta: usted no tiene sentimientos; es un animal... insensible. Bueno, aunque los BMW's se apagan por menos: y nadie les habla. También, en ese momento en el que el delivery del pica pollo (quien hace las entregas mas rápido que Flash) le topa al bumper, cruzando por el frente, y lo mira a los ojos (tipo slow motion) ... usted ya sabe que le rayó la pintura; y entonces, solo desea llegar a su casa a ver el “desastre”, para saber cómo va a repararlo: así se va formando una verdadera relación con su carro. Bueno, debo aclarar que si el vehículo en el que usted anda no tiene radio, entonces es solo un automóvil (sin “alma”); salvo, que usted cante como loco dentro de el.

 Ahora bien, como toda relación, cuando usted ve que a la puerta se le desprende un pedazo, o hay partes que se le están cayendo o un sonido "raro": usted sabe que no todo esta bien.  Pero, no por ello corre al dealer a cambiar el carro: nooo!!!... lo remienda lo mejor que pueda, con lo que tenga a mano, y… sigue adelante. Aunque, algunos empeñan hasta el alma por comprar autos de lujo, deportivos, último modelo; sin embargo, el secreto no está en la marca, sino en el uso y el cuidado (compromiso). Su carro puede ser de los 90’s y estar en perfectas condiciones; o, ser del 2015 y estarse cayendo a pedazos; todo, se debe a la dedicación. 

Existe una marcada diferencia entre llevar un vehículo al taller a hacerle un servicio (bueno si está en garantía, es un palo) a hacerle un servicio uno mismo. Y no tiene que ser ingeniero de la NASA para hacerlo. La diferencia, al margen de que se cuida mejor de los componentes del motor (y que no le rompen nada) es que usted sabe las piezas que le pone a su vehículo, a veces, superiores en calidad a las de fábrica. Y eso influye mucho si piensa durar una década o más con su vehículo. Si, leyó bien, y ese es otro aspecto: algunos duramos largos años con un mismo vehículo (fidelidad??); otros, los cambian de 1-3 años, casi siempre, dependiendo de la garantía, ofertas, préstamos bancarios, etc. Sobre este punto, resulta interesante este dato: muchos de los que conozco que entran en esta última categoría: suben la foto de su nuevo carro en Instagram: SIEMPRE (hasta ahí, bien); pero, al cambiarlo: la borran. Es lo mismo que hacen cuando cambian de pareja, o están en “búsqueda”(eliminan esa parte del pasado (Por qué?).

Me gusta diferenciar la dedicación del cuidado. Por un lado, hay personas (mujeres y hombres) que se montan en un vehículo y no tienen la más mínima idea de cómo se realiza el mantenimiento del mismo, ni su chequeo (dedicación). Sin embargo, son casi “religiosos” al momento de darle su servicio al vehículo (cuidado). Lo que me lleva a los histéricos, personas que pulen la pintura semanalmente; que limpian el interior del vehículo hasta con cepillo de dientes, y que manejan a 10km/h para cuidar la suspensión, tapando el vehículo con lona dentro del parqueo (techado). A esos, casi siempre se les estrella un motorista por detrás, el cual termina sobre el baúl o techo del vehïculo, con los brazos abiertos, y diciendo: “Papá, por que frenó así”.     

Parecería tonto comparar autos y personas; sin embargo, si algo hemos aprendido de miles de años de conducta humana es que nuestra personalidad se manifiesta en las cosas que hacemos; de ahí que, si usted anda a pie, en transporte público, en 2 o 4 (o más) ruedas: su única obligación es asegurar su vida y las de sus pasajeros al momento de transitar. Mantenga sus neumáticos a presión adecuada, no compre gomas usadas; respete las leyes de tránsito; ceda el paso; use casco y cinturón; no deje objetos sueltos dentro del vehículo que puedan salir disparados en una colisión; ponga el cinturón a sus hijos; no hable por el celular o se maquille mientras conduce (mujeres); y, siempre recuerde sonreír: una sonrisa le sacará de casi cualquier apuro; bueno, salvo que choque un vehículo de un guardia.

P.d. Y nada, las brochas de pintura son mejores que los cepillos de dientes para limpiar lugares difíciles como los ductos del aire acondicionado o los botones del radio (risa).

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