noviembre 29, 2017

El Sexto Baúl.


La historia de los baúles de este blog, se remonta a mi adolescencia. A mi papá se le asignó una casa para residir mientras laboraba en el interior del país. Así que, de un momento a otro: mis padres se “mudaron” de nuestra casa. Y yo, iba los fines de semana y vacaciones a estar con ellos. Los primeros días de mudanza, subí al ático…

Era, literalmente, una pista de baile, de piso de madera (algo absolutamente desconocido para mi) parecía media cancha de basket. Sobra decir que, al subir las escaleras, a mano izquierda, había un armario, y al abrirlo, había un viejo baúl... lleno de cosas. Pero eso, no llamó mi atención. Mi atención y asombro llegó al bajar al sótano (esa casa, debe tener ahora unos 100 años) y encontrar unos 5 o 6 baúles viejos llenos de objetos que habían sido tirados durante años por cada persona que vivió en ese lugar. No se preocupe, no me quedé con nada (ganas no me faltaban de desarmar cosas)… todo se inventario y se llevó a un almacén de la empresa ¿por qué? Había un problema de roedores (y “arañitas”… como de 5 pulgadas); bueno, y de avispas. Sin contar el problema de tuberías y “fantasmas”… otra historia. Por qué el nombre de el ático y no el sótano: porque hacía mis tareas del colegio en ese ático, había un viejo escritorio de caoba... y, era un lugar solo para mi (alejado del mundo). 

El punto está, en que el solo hecho de estar ahí (en ese sótano) y ver máquinas de escribir antiguas, candelabros, lámparas, herramientas y cosas que ni sabía lo que eran (piezas de un ingenio azucarero… lo descubrí luego) fue una de las cosas más emocionantes que sentí, por el solo hecho de ir revisando cada baúl y cada rincón. Recuerdo que, el mayordomo tenía un llavero con decenas de llaves de cada puerta, cada gabinete y cada cerradura… y era supersticioso hasta más no poder. Son esos pequeños detalles, los que marcan nuestra vida.

Bueno, me cuentan que desde los 4 o 5 años yo desarmaba mis juguetes para ver cómo funcionaban. Hace unos meses vi un robot de pilas (azul) japonés de los 70’s que se vendió por miles de dólares… el mío (el mismo) era rojo, y cuando lo desarmé: estaba nuevecito (perdí un dineral; si tan solo no lo hubiera usado en 36 años... jajaja). Reparo cosas, ese es mi don. Y si me toma 3 segundos o un año, no me importa… solo lo hago. Quizás, por eso existen estos baúles en el blog (algo cambia en el Universo). Yo, puedo derivar cada posible resultado de un hecho, antes de que suceda. Sin embargo, al momento en que ocurre: la vida solo nos permite ser espectadores. Es algo así como: “si no puedes detener una bala, aprende a esquivarla”. Y es esa emoción de vivir lo “imprevisible” del mañana lo que hace de este blog lo que es: un lugar de recuerdos, de objetos y situaciones que convergen en un solo lugar y tiempo: yo. Así, sin más, comienza un nuevo baúl: lleno de herramientas, recuerdos e historias... o, algo así (hahaha).

P.d. Hace una década dije que escribiría mi "Teoría cuántica de la vaca"... y como que: ya es tiempo.    


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