febrero 16, 2018

“Perdóneme, soy rubia”.


Todo el que me conoce, sabe que tengo una vulnerabilidad (genética), a la que denomino: “Blonde Edition”… me gustan las mujeres rubias (y altas... desde chiquito) las encuentro más atractivas; quizás, por el hecho de descender de europeos locos. Sin embargo, lo de las mujeres altas, es un gusto adquirido: no es lo mismo tener que bajar la cabeza, que mirar a una mujer a los ojos: frente a frente. Pero, nada de eso es el post... salvo por la preciosa “divinidad” alta y rubia que me tocó “enfrentar”, al estacionarse mal frente a mi casa.

La historia va así: un día el pequeño Fran se dirigía a la cocina a tomar agua; cuando, de repente, vio un malvado vehículo que obstruía su entrada. De inmediato, encendió su pantalla “mágica” (DVR) y, al retroceder el tiempo, vio (literalmente) cómo un ángel cayó del Cielo (rubia, ultra HOT) se desmontó de su vehículo a mostrar un malvado castillo (apartamento) de al lado (gracias a Dios por el slow motion). Ya habían pasado 20 minutos y Fran se montó en su corcel (chancletas, estaba descalzo) y fue a desafiar a la “divina” (¿Ya dije que era una preciosura? …que Dios la bendiga a la malvada).

En fin, el pequeño Fran salió a la calle, con el arma más poderosa de su arsenal: el dedito, para señalar a la infractora. Al llegar al lado, dos señoras custodiaban las puertas del malvado palacio. “Disculpen saben dónde está la dueña de ese vehículo” dijo Fran, a lo cual solo respondieron “No es de aquí”… segundos después, Dios dejó ver a su ángel, a la cual nuestro héroe señaló con el “dedito” diciéndole a las señoras: “esa señorita es la que obstruye mi entrada”, a lo que ella (la divina) respondió (con acento extranjero): “Sí, esta señorita lo está obstruyendo, perdóneme... soy rubia”, a lo cuál le respondió nuestro galán (jajajaja): “esa, no es una excusa” (lo cual fue en serio, la risa fue solo por galán).

A ver cómo lo explico… mi mamá tiene los ojos verdes, la mitad de mis tías son rubias naturales y mis primas son preciosas físicamente (y ni hablar de mis hermanas… sip. hablar de ellas sería “raro”): en fin, estoy  “entrenado” contra belleza “superficial” femenina, la cual es usada por muchas mujeres como “arma” contra nosotros los hombres. Y la “divinidad” se dio cuenta de ello: se puso tan nerviosa que tuve que decirle que no era ningún problema.

El punto es, que ni el cabello rubio, ni la belleza superficial (era un 20 de 10, como dice Daddy Yankee) es una excusa para hacer mal las cosas. Usted se preguntará el por qué me refiero a la belleza como una fuente de problemas mientras digo que me atrae: sencillo, una persona vale por lo que es, no por su apariencia. Sin embargo, en una sociedad “machista”, la mujer es criada (y lo aprende por experiencia, con los años), a que será juzgada por su físico antes que por sus pensamientos.

Diablo mami”… “abusadora”… “y esos ojitos son tuyos”… “criminal”… son de los pocos “piropos” (acoso, lo sé) que recibe una mujer a lo largo de su vida. Y, no se confunda, hay mujeres que les gusta “empoderarse” con su belleza… al menos, frente a otras mujeres. Sin embargo, muchos hombres no entienden una simple cuestión: debajo de toda esa “divinidad” hay una niña (ñoña), una adolescente (rebelde), una joven (emprendedora), o una mujer (madura) que tan solo aspira a que la vida le permita desarrollarse a PLENITUD sin tener que lidiar con un acoso diario por su físico. Por cierto, debo escribir un post sobre el acoso intelectual.

Muchas mujeres “atractivas” terminan por desarrollar una coraza emocional (no dicen buenos días al llegar a los lugares, no sonríen a extraños y no conversan con nadie que no conozcan “bien”) que hacen que la única cosa que usted quisiera preguntarle es: “si le hago cosquillas, usted se ríe un chin”. Quizás, la cuestión no es decirle lo bella o atractiva que se ve; sino, preguntarle qué necesita o qué esta haciendo mal. Al final, lo que hace atractiva a una mujer no es su físico, su intelecto, sus gustos o sus aventuras… tan solo es: su trato para con los demás.   

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