mayo 06, 2018

@manuel_hutama


Bien podría ser una de nuestras playas de arenas blancas; sin embargo, esta foto de @manuel_hutama pertenece a Nuevo México (desierto). El ímpetu de la vida natural, nunca deja de sorprender. Eso, me llevó hace años a una pregunta: ¿En verdad afectamos al medio ambiente; o, solo somos parte de un ciclo?

Sabemos que en la era de los dinosaurios, la concentración de oxígeno en el aire era bastante alta en relación a nuestros días. De ahí, una de las hipótesis de por qué eran tan grandes en relación a… un lagarto “hogareño”; aunque, si bien son pequeñitos, son igual de “valientes” (las carreras que les dan los gatos debe ser “karma”, o algo así).

Hace tiempo escribí sobre teorías conspirativas y “descubrimientos” arqueológicos que de un modo u otro no cuadran con la Historia. Pero, ese no es el punto; el punto es un simple razonamiento deductivo: sabemos por las cenizas que los “supervolcanes” jugaron un papel en la extinción de gran parte de la vida de este planeta por el curso del Tiempo; nadie discute eso, sin embargo, no he escuchado teorías “locas” sobre que el calentamiento de la Tierra es su medio de defensa para “equilibrarse”. En simples palabras: la pregunta sería ¿Cuál es el punto crítico del planeta?

Si, se han gastado miles de millones y muchos recursos humanos (quemando neuronas) creando proyecciones y escenarios sobre crecimiento exponencial (humano), crecimiento económico y sostenibilidad ecológica. Sin embargo, conociéndonos (comportamiento humano: autodestructivo, por naturaleza), la verdadera pregunta es: ¿Cuál será la zona segura? Y tiene cierta lógica, de algún modo u otro, la vida ha subsistido a todos los cambios climáticos. ¿Será la zona más verde, la más árida, la más fría?

Lo cierto es, que como parte de la vida, nos adaptamos a las circunstancias. Tenemos el ímpetu humano de nuestro lado: desafiamos las probabilidades a favor de nuestras habilidades… y, sí: apreciamos esta vida como el don que es. Así que, más allá de cualquier situación “caótica”, “imprevisible” y “aleatoria”, disfrute cada momento como lo que es: algo único e irrepetible. Por cierto, no tiene que convertirse en “supervivencialista”; conviértase, en un ser vivo. Disfrute las cosas, sin importar las demás circunstancias.  

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