mayo 03, 2018

@tolivetotravel


Esta imagen pertenece a la galería de Martha (@tolivetotravel); y es, una obra del escultor israelí Ran Morin llamada: “El árbol flotante de naranja” (1993), situada en la ciudad de Jaffa (Israel). Barro y metal convergen con tierra y un naranjo que nos recuerda a un “huevo” (contenedor de vida). Hay leyendas; pero, siendo una obra de 1993 y dada la situación socio-política; creo que, su significado es simple: no se necesita del suelo (territorio) para echar raíces (crear vínculos). Y ese significado, aplica a todos nosotros: humanidad. Aunque, la separación del hombre y la naturaleza también es aceptado.

Tenemos idiomas, culturas, tradiciones y realidades distintas; sin embargo, nuestra capacidad de sentir, pensar y obrar: es la misma. En todos los lugares del mundo, nuestras únicas diferencias radican en: oportunidades. Siempre pongo el ejemplo de los niños en Japón, países en conflicto armado, y un barrio marginal de cualquier país “en vías de desarrollo”: en Japón, se estimula la educación con tecnología (electrónica, robótica e ingeniería) para ir visualizando las aptitudes de cada niño/a; en países en guerra, los niños, ni siquiera tienen una educación real; sin embargo, pueden tomar un arma de asalto, desarmarla, limpiarla y armarla de nuevo (como si fuera un juego); pueden escabullirse y buscar comida, donde los otros no podrían… sus oportunidades, son de subsistencia más que de existencia (desarrollo humano). En medio de todo, usted lleva un celular moderno a un barrio periférico de una gran ciudad; y, si se lo entrega a un niño o niña de muy pocos años, y quizás, hasta le enseñe “trucos”, que usted no sabía.

El error más elemental del mundo en el que vivimos hoy, es pensar que el lenguaje, las fronteras y las culturas nos hacen distintos. Todos, somos lo mismo (humanos), nuestras únicas diferencias radican en nuestras opiniones, habilidades e intereses; los cuales dependen de nuestras oportunidades más que de nuestras culturas. O sea, si juntas a un monje budista, un Shaolin, un sadhu y un grupo de sacerdotes de varias religiones: no, no tendrás una secuela de “Mortal Kombat”; sino, un abanico de pensamientos que, en general, comparten un punto básico dentro de sus diversas creencias (dedicación o fe). Lo que, nos trae al punto de hoy: no puedes andar por la vida buscando las diferencias; sino, lo que nos une. Mire el simple ejemplo: blogger (escritura) e Instagram (fotografía)... solo importa nuestra visión; todo lo demás (país, idioma, religión, política): sobra.  P.d. Está claro que el Shaolín les gana en pelea... Mortal Kombat... videojuego: hahaha.

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