junio 18, 2008

El Pianista.

¿Qué hace a un pianista?... ¿Son sus dedos? ¿Es su piano? ¿la melodía que toca? ¿Es su sentimiento? ¿Su práctica? ¿Sus sueños? ¿Qué lo hace tocar? ¿Qué siente? ¿Qué vive? ¿Acaso es su ilusión la que lo empuja a seguir adelante? ¿Es su tristeza? ¿Su corazón?... ¿Su alma?

Cada uno de nosotros lleva por dentro un pianista, convertimos cada tecla de la vida, cada sonido, en una melodía. La cadencia de nuestros hechos forma la partitura de nuestra existencia al compás del tiempo y silencio. Cada suceso nos da una nota particular que nos empuja a buscar otro acorde para seguir adelante cada día. Ahora bien, si nuestra vida es la melodía; y nuestra historia, la partitura: ¿Qué hace a nuestro destino? Son los acordes, saber elegirlos al momento de componer dentro de esta simetría del caos. No es solo la armonía, las pausas, ni siquiera la afinación del piano sobre el cual componemos lo que hará una obra meritoria… es el sentimiento que ponemos al “tocar” lo que sea que tocamos.

Es imposible juzgar los motivos, sin juzgar los resultados. ¿Qué empuja al pianista a ser lo que es? ¿Importa el pianista, o su obra? ¿Puedes juzgar al pianista por su obra, o a la obra por el pianista? ¿Juzgarías la mente, el cuerpo o al sentimiento? ¿Existe un pianista sin piano? Si perdiera sus manos ¿Sería un pianista?

Lo que empuja a las personas a salir adelante, a forjar un destino mas allá de la suerte y el capricho de la vida, es su decisión. Un pianista solo necesita una oportunidad para exteriorizar lo que lleva por dentro. Así sucede en cada uno de nosotros, al pianista que llevamos dentro no le importa el dónde, el cómo, ni el cuándo… solo disfruta del momento en el que puede sentarse SOLO frente a su piano y le dice al mundo qué es lo que verdaderamente siente, así sobrevive. Al final, lo que define al pianista que hay en cada persona como tal, no es su obra, sus logros o sacrificios; sino, la historia que vivió día a día tras cada composición.

¿Qué hace a un pianista? es sencillo, el pianista no se hace, nace. Y al igual que todo en la vida, crece y se desarrolla hasta que el sentimiento muere. A veces, la obra perdura al pianista; pero otras, el pianista sobrevive a sus obras. Lo que determina a un gran pianista, no es una voluminosa obra, sino una pequeña composición perdurable, que nos muestra que tras cada compositor, tras cada escritor y tras cada artista, hay un sobreviviente, alguien que mas allá de las circunstancias ha decidido confiar en que lo que lleva por dentro es mas fuerte y seguro que lo que se ve por fuera.