22 jun. 2020

Y… ¿Eres competitivo?




Cada vez, que miro un espejo: veo, a mi mayor y único contrincante. En palabras simples, la vida no es una competencia; ni una carrera; ni un ciclo. Es, básicamente, un milagro. Sin embargo, desde muy niños, nos preguntamos cuáles son nuestros límites: físicos, emocionales e intelectuales. Voy para 42 años… ya he sobrepasado algunos, varias veces. Sin embargo, siempre es divertido ver el “hasta dónde” se puede llegar.

Llevo semanas “torturándome”, caminando 10-12 kilómetros diarios. Y digo, torturándome, porque camino rápido y sin descanso (ritmo constante, sin llegar a trotar… hágalo por semanas: a uno, le duele hasta el cabello (risa): ampollas, dolor en las articulaciones (si, por impresionar a mujeres, clásico… hahaha) y, fatiga; sin embargo, eso: es un buen día de entrenamiento. 

Tras varios meses encerrado (COVID-19) y bajo medidas de seguridad (aislamiento social) caminar, se ha vuelto una rutina interesante. Bueno, no hay gimnasios abiertos, salvo los 7-9 improvisados en el Mirador. Y me refiero a eso, porque convertir a un “powerlifter” de 220lbs  en una “maquinita” de pasos (risa) fue un verdadero desafío: 25 años de decirle a las piernas “mas carga” y “menos” dolor, a caminar decenas de miles de pasos: no fue fácil.
 
Ayer temprano, llovió un poco en el Mirador, y viví por segunda vez, la experiencia de tenis lisos; si, resbalé unas 4 veces en la “pintura” del piso…y, en un cemento blanco de la acera (no, no me caí; pero, es una sensasión poco placentera); así que, en días de lluvia opté por la ruta asfáltica (con inclinación, salvo en la isleta central). Al parecer, he excedido la “velocidad” recomendada por los fabricantes (hahaha, los he gastado parejos: buena pisada). No tienen, ni 3 meses de uso… bueno, ahora que lo pienso: son como 800km; pero, son ligeros y cómodos: cuando se rompan, los cambio. En fin, solo compito contra mi mismo; y, de vez en cuando... solo hay unas 4 personas en el mirador que dan buenas competencias (caminata rápida y limpia); salvo la “runner”; ella, hace trampa: trota ((risa)… es, maratonista). Toda competencia sana y divertida: vale el esfuerzo. De eso, se trata la vida: de disfrutar esos pequeños desafíos diarios.

P.d. Mi fémur izquierdo me recuerda en estos días, mi época de skateboarding (pierna de presión); o, quizás, es solo la edad (risa). Sin embargo, si sigo subiendo el ritmo: podré correr como Dash. :)

8 jun. 2020

¿Como el ladrillo o la piedra?



En su viaje hacia el Tibet, un hombre se detuvo en una aldea. Al lado de su hotel, había una vieja casa derrumbada. Por su ventana, vio a un niño que trataba de romper un ladrillo con su manito, mientras otro niño mayor le enseñaba cómo hacerlo. El hombre pensó que sería alguna clase de preparación religiosa o de artes marciales. Siguió su camino…

Años después, volvió a hospedarse en el mismo lugar; no sin antes percatarse que a la entrada del pueblo estaba aquel niño que, ya era un jovencito junto con el otro mayor; y que, entre risas, podía romper decenas de ladrillos. Y, estaba tan sorprendido, que la conversación de esa noche con su grupo era de la increíble proeza. Un lugareño, que servía de interprete de turistas se comenzó a reír; y, al ver su reacción, le dijo: Eso que hacen los niños, no es nada religioso o de artes marciales. ¿Ha intentado romper una piedra del mismo tamaño (grosor) que un ladrillo? No, contesto. El padre, es dueño de una cantera de piedra y ellos, construyen las casas desde hace mucho tiempo. Una vez, construimos en ladrillo y con el paso de los años, nos dimos cuenta de que se volvían frágiles y se rompían… la piedra, dura por siempre. La cuestión (moraleja) es que por mas simétrico (perfecto) que se viera el ladrillo, romperlo era más una cuestión de perderle el miedo al golpe que la fuerza. Eran tan pobres que ni herramientas tenían. Al romperlos, se aseguraban de que nadie mas cayera en la trampa de reutilizarlos... un asunto de la calidad. Bueno, y si el padre tenía una cantera de piedra, se aseguraban que el negocio familiar siguiera funcionando.

Dirá que es “abuso” o injusticia; sin embargo, todos los niños (en especial, los varones) pasamos por una etapa de aprender nuestros límites físicos: corremos, saltamos; y… rompemos ladrillos; siendo sincero nuestra “hombría” crece al saber que podemos ganar la carrera, que saltamos más alto… o, que podemos cruzar la calle escupiendo (hahaha). Ser niños/as es liberarnos de cualquier límite. Esa, es una vida plena que los adultos debemos proteger (educando y orientando). Millones de niños trabajan en el mundo, sin tener la oportunidad de “jugar” libremente. Siempre he luchado porque cada persona que conozco tenga las mejores etapas de su vida. Aún sea con una pelota “vieja”, un juguete usado; hasta, jugando con tierra o bañarse en la lluvia. Aún de adulto, he caminado bajo tormentas (sí, soy medio loco): dejo todo lo electrónico y me preparo un toalla de llegada. 

La vida, no se trata de edades para hacer cosas; sino de disfrutar las cosas de cada edad. Si nos gusta: ¿Por qué reprimir sentimientos? Hoy, miraba a unos skaters… y, recordaba la vida sin preocupaciones que era esa (tengo varios posts). Ningún niño, niña o adolescente debería tener que dejar de divertirse por responsabilidades “laborales”. El niño de los ladrillos, disfrutaba poder ayudar a su familia, no era un trabajo; a veces, olvidamos que la disciplina forja el carácter. Es algo así como golpear un muro: si lo haces furioso, duele… por días. Si lo haces por diversión, para liberar un poco de estrés: terminas por agrietarlo, sin nada más que la duda de: ¿Podré atravesarlo? Así, es la vida: debes encontrar los límites, para saber si podrás superarlos. P.d. por cierto, no hay forma humana de romper una piedra real de ese grosor, y… duele muchísimo (hahaha: no hay rebote; lo mismo, pasa con las columnas de los edificios: demasiada tensión molecular)… bueno, para eso están las mandarrias. :)   

7 jun. 2020

Una cuestión de... racismo?


En estos días, las manifestaciones internacionales en contra del racismo se han hecho presente por todos los continentes. La cuestión es: ¿Esas manifestaciones, se tratan de racismo? No lo creo. Vivimos en un mundo de apariencias, donde la persona no vale por persona, sino por sus “bienes” o su estatus social. Eso, sin importar su color de piel, su educación o su religión.

Un abuso policial, fue el detonante de millones de personas que tenían meses encerrados en sus hogares (sin distinción). Si algo ha tenido el COVID-19, no es su peligrosidad o su rápida expansión; sino, que puso de manifiesto las debilidades en salud y en alimentación de todo el planeta. Bueno, algunas sociedades están acostumbrados a tener grandes despensas de alimentos; sin embargo, la mayoría de personas con un nevera pequeña e ingresos informales, vio como cada gobierno les decía: “quédate en casa”; y, muchos/as esperaron una ayuda que nunca llegó. El mayor mérito del COVID-19, fue paralizar las economías del planeta (efecto dominó).

Ahora bien, tenemos el problema racial. Sin embargo, también tenemos el problema religioso, el problema de géneros (mujeres que luchan por su discriminación moral, sexual, religiosa); tenemos el problema de la desigualdad social; de la falta de acceso tecnológico; de la corrupción transnacional; del tráfico de personas; del hambre. En esencia, hay cientos de formas de abuso que en nada tienen que ver con la piel. Sin embargo, esta “lucha” tiene un fundamento más que justo: nada justifica la muerte de una persona por parte de la autoridad que está llamada a protegerla y servirla. Hoy en día, gracias a la tecnología, la “revolución mundial” ha encaminado al ser humano por la búsqueda de la abolición de todo tipo de abuso; y, en especial, la discriminación racial. Ser blanco, negro o verde (recuerde que venimos del espacio, hay vida ahí afuera), solo es el envoltorio de la persona; y no, su contenido. Siempre he sostenido que sin importar nuestras diferencias: todos y todas somos semejantes (valemos, lo mismo). Y cada vida, sin importar si es hombre, mujer, niña o anciano tiene su propio valor y respeto. 

Por cierto, romper o destruir propiedades (saqueos, revueltas), en nada tiene que ver con reclamar derechos. Recuerde, que vivimos en un mundo de mujeres y hombres que son esclavos modernos de su propia vida: encerrados en horarios laborales, compromisos profesionales o religiosos; en obligaciones sociales, en su smartphone, en “misiones” o patrullando. La esclavitud moderna, no esta en la piel o la religión sino en cada sociedad. Quizás, el ser una persona común, (sin obligaciones ni ataduras) es el mayor tesoro; pues, tiene toda la libertad del mundo para forjar su propio camino. Así que, cuando algo te moleste: protesta; pero, recuerda que: saber el camino, no es lo mismo que recorrerlo. Siempre habrá personas que se escudarán en causas “nobles” para aprovecharse de los demás. De ahí, hay que huir. Y, nada… algún día entenderemos que, nada es instantáneo: hay que luchar y luchar, por lo que en verdad queremos. :)