Hoy recordé que hace más una década, había llegado de la universidad a mi casa un viernes por la noche, día en el que nos reuníamos toda la familia. Recuerdo, que mis hermanas y mi mamá estaban en el patio de la casa bastante entretenidas en su conversación (chismeando), cuando mi sobrina mayor les manifestó: “Dejen de chismear… y hablemos de algo interesante”. Yo, que estaba acomodándome en un sillón, al escuchar su tono desafiante, le propuse (con cara seria y todo): ¿Qué piensas sobre la decadencia existencialista de la razón inerte?... y hubo un silencio sepulcral. Lo dije, a sabiendas de que la “muchachita” no tenía la más mínima idea de lo que le había preguntado. Y creo, que esta es la esencia misma de este post: el autocuestinamiento respecto del conocimiento, como tal.
Los seres humanos somos un pequeño milagro, en relación al caos del Universo. Si ha leído un poco de los post anteriores, comprenderá que en todo contexto siempre debe existir el factor humano, a ser tomado en cuenta (que será éste post). Aquella imperfección que convertirá una obra imperfecta en algo, quizás, “perfecto”. Pues, nosotros somos eso: seres imperfectos que buscamos una incesante perfección. Y ¿qué es la perfección? un concepto, una noción, una percepción o una impresión que hacemos propia respecto de una cosa. Todo lo que percibimos, lo hacemos mediante nuestros sentidos. En esencia, la “realidad” son una serie de impulsos eléctricos que nuestro cerebro interpreta de lo que se percibe. Y, ¿qué es la razón? Digamos, que es, sencillamente: nuestra capacidad de relacionar conceptos e ideas. No quiero pasar horas filosofando (razón, existencialismo y decadencia… lo de inerte es solo la condición), ni en psicología (con el temita de la inteligencia)… vamos a lo que vinimos:
Partiendo de lo básico, surge la pregunta absurda: ¿es inerte la razón? Es decir: ¿es estática e invariable mi capacidad para interrelacionar conceptos?, o es, ¿dinámica? Aquí se pierden muchas personas (filosofando o teorizando psicológicamente… olvide esto) respecto a que el conocimiento es “dinámico”, nuestro cerebro es “dinámico” y por ende, nuestra capacidad de razonar se presupone “dinámica”. El chiste, es que este aspecto no es la cuestión (por eso le dije que lo olvidara): nuestra evolución nos ha empujado hacia un camino sin retorno (conocimiento) en donde la solución de cualquier problema planteado trae consigo la subsecuente creación de una nueva, o nuevas interrogantes, quizás, más complejas que la primera.
Alguna vez se ha preguntado: ¿cómo sería la “evolución” sin Darwin, la Física sin Einstein, o la filosofía sin Sócrates? Vivimos en un mundo de ciencia, pero atados a conceptos rígidos (y tal vez, algunos ya desfasados) que nos han moldeado más profundamente de lo que creemos. A esto me refiero con nuestra “razón inerte” (al “automoldeado” del pensamiento), si bien somos capaces de interrelacionar conceptos e ideas, muchas veces no somos capaces de crearlos (a partir de la nada), rebatiendo los conceptos preexistentes (complejidad de la dinámica del pensamiento).
Razonamos, partiendo de los conceptos conocidos; y eso, es perfectamente lógico y natural (al menos, eso creemos). Sin embargo, qué pasa si tomamos el otro camino. Un camino en el cual todo lo aprendido hasta el día de hoy nos permita elaborar nuevos conceptos e ideas, tendientes a cuestionarnos mas allá de los elementos que han puesto a nuestra disposición. Esa, ha sido la ardua labor de la ciencia durante los últimos 60 o 70 años, y cada día mejoramos nuestro intelecto, en gran medida, por nuestra inconforme y obstinada naturaleza humana. Somos seres imperfectos en una constante búsqueda de perfección que nos empuja cada día por nuevos y desconocidos caminos… de ahí, la decadencia existencialista de la razón inerte: cada día menos personas ven el conocimiento como un algo absoluto e invariable.
En esencia, los seres humanos nos estamos abriendo camino fuera de los límites “preconcebidos” por aquellos que antes de nosotros tuvieron el atrevimiento de dar un paso mas allá de aquello que “conocían” y “daban por cierto”. La razón, es una actividad dinámica: constructiva, permanente e ilimitada, cuya funcionalidad nos permite concebir ideas y conceptos que escapan a los parámetros preestablecidos. A veces, para poder avanzar, debemos dejar todo a un lado y olvidarnos de lo que sabemos... este es el verdadero error y motivo de este post: el elemento humano.
Qué tiene que ver esto con el post que quiero escribir sobre el “negocio apocalíptico del 2012”. Somos seres magnificentemente estúpidos: creemos que lo sabemos todo, y lo cierto es: que no sabemos casi nada. Esta sed humana de conocimiento que llevamos dentro nos ha empujado por un camino peligroso: las respuestas rápidas (acordes al mundo en que vivimos). Queremos saberlo todo y ahora. Y en esa búsqueda arbitraria de justificación particular (lo que YO creo... MI verdad), confundimos la ciencia con la pseudociencia… creo que eso es lo más peligroso a lo que nos enfrentamos como especie (bueno, al margen de una mujer con hambre).
Quizás nadie tenga idea de por qué escribo estos posts. Mi sobrina mayor (el origen del tema de este post) ya es casi una abogada. Y hace unas pocas semanas, me envió un link de una importante cadena televisiva (que le enviaron por Twitter y Facebook… casi simultáneamente) (nota al margen: no todo lo que usted lee en las Redes Sociales es real… investigue al menos tres fuentes, carajo)… y ya la muchachita se me estaba poniendo nerviosa por la cuestión “apocalíptica del 2012”. Joder, mañana se puede acabar el mundo con un meteorito, una erupción solar o una condenada plaga… y ¿a quién le importa? A nadie. Viva el día de hoy que es lo que tenemos.
En fin, ya que me he desahogado un poco, puedo proseguir. Esta carencia de respuestas rápidas (un problemita que tenemos en la ciencia y que nos ha fastidiado por completo) es lo que ha llevado a una parte de la humanidad a buscar respuestas “milagrosas” donde no las hay, específicamente, en las pseudociencias (de aquí, las tonterías y/o burradas del 2012). Astronomía y astrología no son para nada parecidos. Más aún, la interpretación de símbolos, es tan subjetiva como el “buen” café. En fin, creo que ya he establecido los elementos básicos para escribir mi “Post Apocalíptico” respecto del 2012, los Mayas... y Dalia Fernández (Miss RD Universo 2011) TA BUENA. (Esto último es, por si se acaba el mundo, antes... jajaja).



