30 oct 2006

Macgyver: creatividad e inventiva.


Desarmando un disco duro dañado, y gracias al hecho de que el número de mi destornillador hexagonal más pequeño, es mayor al del condenadito tornillo que traen los discos duros, tuve que bucear en mi caja de herramientas, buscando “algo” que pudiera ayudarme a desarmar el condenado disco duro, y me topé con mi vieja y media oxidada navaja multiusos (carabelita) y traté de usarla, en vano. De un golpe me vino a la mente un nombre Macgyver.

Quien recuerde este apellido, recordará al personaje de los ochenta que se convirtió en un héroe para nosotros los muchachitos inquietos de la época (muchachitus habilidosus e inquietus: jodonus), aunque en nuestro país la serie se retransmitió y se repitió posteriormente. La verdad, casi no recuerdo sus aventuras, pero sí su enorme habilidad para resolver los problemas con simples elementos de uso cotidiano y que estaban “a la mano”. Era un experto en realizar complejos artefactos con las cosas más sencillas.

“Macgyver” y el “Auto Fantástico” era lo único que entretenía en aquella época, no había mucha variedad (no existía el telecable en nuestro país, o por lo menos en mi casa), y como no podía manejar… Macgyver era más asequible (para la práctica). El usaba chicles, clips, mangueras, botellas… y su inseparable navaja multiusos. Gracias a esta serie, dicha herramienta se convirtió en algo esencial para los boyscout (y para mí como por 5 años, hasta que me rompió un pantalón y le di un zumbón). Pero la principal arma de Macgyver era su inteligencia, bueno, junto con lo que cargaba en la mochila y la multiusos. Nunca usaba armas, ni era violento, aunque a veces volaba todo. Recuerdo que la esencia de la serie era el aspecto de la “No Violencia”, que tanto predicamos en nuestros días. Todos los inventos siempre estaban dirigidos inhabilitar o desarmar al contrario, no a eliminarlo.

A este personaje le debo mi interés por la Física, y por la inventiva (nací con predisposición genética para “inventar”, pero él fue mi catalizador), mis inventos no eran complicados: usaba pilas y pequeñas baterías como fuente de electricidad; desarmaba cosas grandísimas por un alambrito; y la pólvora que usaba era de fósforos y fuegos artificiales, a los cuales les tengo un post especial “navideño”. Sin embargo. Hoy en día vivo de mi cerebro y de mi habilidad para reaccionar frente a lo desconocido, así que cómo que esto sí influyó en mi vida…un POQUITO.

Recuerdo que lo primero que traté de hacer (como con 9 años) era un “puente” en un enchufe eléctrico (en mi cabeza era un cerrojo electrónico), al principio abrí el “clip” y lo puse en “C”, luego cuando lo metí en el enchufe… no hizo nada (claro, porque no topó los contactos)… un pequeño empujón bastó… Resultado: un fuetazo eléctrico para mí, el clip voló y 3 habitaciones de mi casa quedaron apagadas. Después que me corretearon un rato con una chancleta, a mi papá se le ocurrió resetear los breakers y funcionó.

Algunos de mis inventos aún subsisten, gracias a que mi mamá y mis hermanas me los escondieron en el “cuarto de los desechos” de mi casa, porque los consideraba “altamente peligrosos” para mí... y para todo el que estuviera cerca. Prueba de ello es:

a) mi “escopeta de gomitas”, que daba durísimo, y era bastante buena (apeaba un lagarto de una pared a 5 metros) y casi me sacó un ojo, por estar queriéndole dar un “gomitazo” a mi hermana por la espalda (se zafo de la punta y me salió el "gomitazo" por la culata; me parecía a Rocky I, después de la pelea);

b) mi “lanzacoquitos”, estaba diseñado al estilo bazooka con un tubo plástico de tres pulgadas, y goma de tubo de bicicleta (llegaba como a dos casas de distancia). La guerra de coquitos es otro post;

c) mi versión de palitos chinos, de metal y filosos. Un lado era pesado y el otro ligero y punzante, ese lo vi hace como un año. Recuerdo que me dijeron que los habían botado a la basura (pero eran demasiado peligrosos); y,

d) mi equipo de escalar, de carajito, hecho con tecnología de patio: sogas gruesas, tensores, argollas, guantes y hasta un porta vasos (refresco), para cuando me subía en el cohollito de una mata de mango a “ventear”, ahora le dicen brecheo. El que se haya deslizado de una mata de mango a otra amarrado de un gancho, sobre un hilo grueso de nylon; o el que se haya pasado la tarde en la punta de una mata de dos pisos de altura cuando pequeño, sabrá el tipo de muchachito que era yo.

Y viendo retrospectivamente, esta serie “Macgyver”, por la forma de pensar y de actuar, nos marcó a muchos en aquella época. Gracias a Dios, hoy los “inquietos”, disponemos del concepto “Bricolaje”, o “hágalo usted mismo”, y gracias a la evolución de las relaciones comerciales internacionales, tenemos ferreterías en las cuales encontramos todo tipo de piezas, herramientas y utensilios para “inventar” las cosas útiles y prácticas que necesitamos.

Siempre hay que sacar un mensaje de todo, así que apoyemos a la No Violencia, defendamos la vida humana, el respeto al prójimo y los valores sociales. Para esta navidad, no compre juguetes bélicos, regale juguetes de vida, o por lo menos que no atenten contra ella.

27 oct 2006

28+

Cumplir 28 años es como cumplir 27+1. Me estoy poniendo más maduro, con mayor experiencia, más reflexivo, más determinado, más tolerante, más mañoso, más rabioso, más tacaño, en fin, más VIEJO. Ya no todas las personas me dicen “tu”, sino “usted”, qué duro. Hace ya un par de días tuve la dicha de saborear un año más de vida junto a mi familia, quienes me apoyan incondicionalmente en cualquier loquera que se me ocurra, porque saben que debajo de esa supuesta “loquera”, hay un logro serio a realizarse.

Doy gracias a Dios, nuevamente, por permitirme disfrutar del don de la vida, junto a los míos. Solo tengo que pedirle salud y fuerzas para seguir viviendo, de lo demás me encargo yo. Este es el único día del año en que “vivo para pensar”, no “pienso para vivir”. Bueno, en año nuevo "pienso" para ver qué voy a hacer después, son 2 días de mente.

Para este año espero saber si podré hacer mi condenado doctorado, o un miserable postgrado; buscar una relación estable, o inestable… lo que sea... (es relajando, por si acaso; es solo la primera opción). Cambiar mi Z*. Seguiré aprendiendo de todo. Voy a ver qué construyo, reparo o desarmo. Trataré de mantener viva esta madriguera con recuerdos y vivencias alegres y reflexivas. Y voy a dejar el powerlifting para los carajitos (no más de 300 libras para torturarme).

En resumen, estoy más viejo, pero feliz y contento, que es lo que importa, me siento igual que antes de ayer, pero escribo esto para recordarme a mí mismo que con la edad, vienen nuevas responsabilidades y retos, uno no está solo en el mundo, tenemos personas que dependen de nosotros, así que ya debo de dejar de pensar tanto en el “para mi”, y pensar en el “para los míos”... O tal vez es a la inversa? Bueno, esto es asunto de reflexión y madures. Nosotros los viejos somos pensadores inocuos del sentir liberal. O mejor dicho, ahora es que hay vida para mí. Hoy es el primer día de una nueva forma de vivir... o fue ayer?

Como pasa el tiempo, ayer tenía 13 años y no me preocupaba de responsabilidades; hoy huyo de ellas; mañana me despertaré y una chiquindolita me dirá Abuelo... esa es la vida, nuestro mayor don, aprovechémoslo.


---------------------------------------------------------------------------------
*Z. Carro que Zta cayendo a pedazos (da problemas)… el mío esta "bien", y aparenta, pero necesito algo que corra más y que pueda tunearse mejor.

24 oct 2006

Origen y Evolución del Canino “Viralatoso”.


Nosotros los dominicanos, vistos desde cierta óptica, hacemos “de todo”. Es al parecer un producto de la mezcla de razas, el hambre, los apagones, el subdesarrollo, la falta de educación, la contaminación, entre otros factores intrínsecos que nos vuelven “particulares” frente a otras culturas. Así de particulares como somos, tenemos cosas particulares, una de ellas es el perro criollo conocido como “viralata” o “realengo”, como denominamos a nuestros perros callejeros.

Según los estudiosos de la viralatología, el origen de este can se remonta a la época en que en los hogares usaban las latas de aceite de maní como recipiente de desperdicios “biodegradables”, los cuales eran muy reducidos. Este noble y ejemplar animal tuvo que ingeniárselas como todo un profesional para calcular (al ojo por ciento) la fuerza, el ángulo y la trayectoria de caída de tal recipiente, para obtener un poco de alimento “extra”. Tal conocimiento pasó de generación a generación, gracias a la genética viralatil (genes dominantes). El viralatas es casi siempre de color “kaki”, o de color oscuro con manchas blancas o pintas. También los hay más refinados, (pero, solo por fuera), siendo su comportamiento el mismo: come todo lo que puede de un solo golpe... no sabe si mañana volverá a comer. Responden siempre al nombre de chivi, boby o firulai. Definitivamente, la falta de atención o la falta de alimentos, influye directamente en el hecho de que un viralata salga a la calle a “buscárselas”, lo cual lo convierte en objeto de innumerables penurias y sufrimientos.

El viralata, es un perro cuya esencia es la carencia de una raza determinable, o de un dueño fijo. O se le pegan a usted (llegan y no se van), o se los regalan, ya que casi siempre vienen al mundo en grupos numerosos. El viralata hace una labor social: recoge sobras; abona el ecosistema; y, nadie le pone la mano, por lo que en la India, se les consideraría como “intocables”. Come lo que sea, desde tierra hasta caviar; le encanta masticar un hueso viejo, o halar un cuerito crudo, sustraido de alguna carnicería. En siendo envoltorios de cualquier tipo de alimentos, provenientes de basureros, chimis, pica longas y frituras, los digiere todos sin desperdicio, ya sean de papel o de plástico. Es decir, es un perro ecológico, ya que recicla la basura. Y es de los pocos animales que sabe toser (cuando se atraganta), presentando características rumiantes.

Es un animal en gran medida citadino, culto y observador. A pesar de ser daltónico, al igual que los demás canes, sabe usar el cruce peatonal, esperar el cambio de luz del semáforo y sabe apreciar el olor a comida dentro de una funda plástica repleta. Es callado, ladra solo lo necesario, para ahorrar energía. Muchas veces parece un héroe de guerra: está averiado, fruto de su contacto social (carros y motores), sin contar los pelaos ocasionado al ser “despegado” con agua hirviendo de una perrita en “calor”, el único placer que le da la vida, y que el ser humano trata de prohibirle. Lo que nunca les falta a estos perros es un diente, es un animal pacífico; pero, si usted quiere comprobarlo: trate de quitarle algún alimento que se encuentre a un metro de él… le podrá ver el serial hasta de la última muela de atrás. Cuando menea la cola, no crea que está contento, está estudiando qué parte de usted se puede comer o utilizar en beneficio propio. Si usted le da algún alimento, ese perro lo seguirá hasta su último día de vida (una semana después, más o menos).

Los estudiosos de la psiquiatría canina han establecido que este animal no solo ve su vida acortada por el hambre y los maltratos sociales, sino por el estrés a que son sometidos: vive huyendo de las piedras, los carajitos, los carros, los motores, o de cualquier cosa que se mueva (al menos que se coma), por lo que son muy desconfiados. Dependiendo del tamaño del perro, y de su noble descendencia, se les puede clasificar en viralight (más compactos), viralatas, o viratanques. Siendo estos últimos los de mayor tamaño. Los viralittle se entretienen hasta con el zafacón del baño de su casa (no pregunten qué come), o con fundas de supermercado. Hay casos en que han fallecido cuando les ha caído encima su principal fuente de ingresos comestibles, el zafacón. Si un viralata te ve comiendo algo, tiene un poder de concentración tal, que te induce un remordimiento de conciencia si no le das algo. Es un perro activo: corretea en siendo motores o vehículos que se acerque a su territorio (aceras y callejones). Es capaz de comerse un pan entero de un bocado, y un hueso de pollo, sin masticar (para no perder tiempo). Sin embargo, este animal disfruta del descanso, por lo que hay ejemplares que pueden ser pateados y/o arrastrados, sin reacción alguna.

En fin, el viralata es un perro criollo, a veces realengo, otras callejero; o, si puede, trata de convertirse en un perro casero. Es la mejor muestra de adaptación evolutiva: sabe convivir con la sociedad, no se enferma, y come lo que sea. No es un perro de raza, es de “razas”. Es un orgullo dominicano. Aunque no es endémico, existe en muchos países del mundo.