julio 31, 2015

Windows 10: Primeras impresiones.


Llegó el día veintinueve (29) de julio y en mi pantalla apareció la notificación de actualización de Windows 10. Ya tenía la laptop formateada de un mes atrás (backup ready), por lo que procedí a hacer la actualización. Por cierto, parece más un update que un upgrade, de lo rápida y sencilla.

En mi caso, no se afectó ningún documento o programa instalado. Solo tuve que reinstalar el disco del router inalámbrico, por un problema de conexión con la red. Sobra decir, que cada vez que voy a apagar Windows, aún busco el panel derecho (Win8.1). Volviendo a  los programas instalados, solo tuve que volver a instalar el paquete de idioma de la interfase (español). Ahora bien, algo que tuve que “deshabilitar” fue a Cortana (asistente) y a una docena de ajustes que son altamente invasivos de nuestra privacidad; que van, desde el reconocimiento automático de voz (no hay un control manual de micrófono... hola, NSA) hasta el “emparejado” de dispositivos ajenos a la red de forma automática y el acceso de aplicaciones de terceros a nuestros correos, calendario, etc. Sí, la NSA ha hecho un trabajo “fino”, solo espero que rinda sus frutos (espiar a los “malos”, no a los buenos).

Me cansé de buscar el windows update en el Control Panel… ahora está bajo el ícono de “Configuración”. A nivel de arranque, el sistema se vuelve un poco lento en los primeros reinicios, pero, tiene unos íconos más “gráficos” por decirlo de algún modo (atractivos visualmente). Y nada, este es mi primer reporte, ya tengo mis dos laptops corriendo en Windows 10… sin problemas aparente.

P.d. También desactive el Onedrive del arranque, por si acaso. Pero, Windows ha cumplido las expectativas... hasta ahora, el único problema que tuve fue con las descargas: por algún motivo, Microsoft Edge (Internet Explorer) no descarga archivos de más de 1GB... He seguido con Chrome.

julio 19, 2015

Una cuestión de... mustangs.


Digamos que la historia comenzó con una moto que casi compré el año pasado; digo “casi”, porque luego de revisarla (necesitaba mucho cariño), regatear con el dueño (durante meses) y elaborar todo el proyecto de modificación (soy algo largo y pesado... necesito una moto grande: modificada) el señor me saltó el día de la compra con que él no era el propietario “legal”... (a un abogado). Sobra decir, que se me fueron los planes por el desagüe. No obstante eso, mi mamá (a quien le contaba mi desdichado suceso) no quería que comprara nada de dos ruedas (salvo una bici), debido a que me gusta modificar demasiado las cosas y correr… en resumen, terminé prometiendo que no compraría ninguna moto (por un tiempo); sumado, a una antigua promesa de no pasar los 140km/h en ningún vehículo… bueno, esa la he roto algunas veces; pero, la intención cuenta.

La cuestión es que necesitaba algún proyecto de mecánica, y por cosas de la vida, me topé con un mustang 2004 (edición 40 aniversario) que se veía bien... en fotos. Nunca he sido amante del Ford Mustang, por el simple hecho de que son pesados, ineficientes y tienen el chasis y el motor de una minivan (cosa, que no muchos saben). Pero, quería comprarlo para modificarlo “bastante”. Bueno, este mustang en específico, era un buen proyecto para mi, porque tenía problemas de transmisión (de seguro el solenoide), así que me decidí ir a verlo (me quedaba cerca). Dicen que no hay nada como la primera impresión; y, lo que pude ver, se resume en lo siguiente: no había una sola parte de la carrocería alineada (lo habían desarmado por completo; el bumper trasero, reparado de mala calidad; el interior, olía a mecánico (sudor), lo que implica que tenía problemas eléctricos, el aire acondicionado estaba dañado; y, quizás, usaban el auto para fiestas (había arena de playa). Era un completo desastre, y lo descarté. 

Bueno, los mustangs son autos “deportivos” económicos; y, no obstante usted brinque de su asiento (si es fanático del mustang), seguirá siendo una minivan con carrocería de coupe, con un motor pesado, de combustión ineficiente (OHC), sin doble eje de levas, ni aluminio, ni reducción de peso, ni nada. La idea mercadológica es: que usted haga esas modificaciones invirtiendo algo de su tiempo y mucho dinero (lo cual resulta bastante ilógico). Puede modificar un auto, personalizarlo y llevarlo hasta el tope de sus límites. Pero, de ahí a comprar una “marca” (un ícono), por una “historia” olvidada por su fabricante: no le veo sentido. De qué vale tener un V8 de 4.6 litros (con unos 260-300 HP) si el auto pesa como un yunque. Se que es una cuestión de costos/beneficios para Ford Motors Company. Pero, es increíble lo que un fanático de mustang debe hacer para reducir el peso y obtener un carro aceptable. Sin embargo, son de los “deportivos” (económicos) más vendidos (en EUA)… hechos a partir de un coupe diseñado para las “secretarias”. Está claro que Caroll Shelby convirtió este auto en un carro de hombres (fastback); pero, me pregunto: ¿Como el mustang 67 (“ligero, emblemático y fuerte”), se convirtió en un auto tan pesado e ineficiente?  

Y, no se trata de crear un nuevo auto. Ya tenemos el mustang 2015 (sí, el de 4 cilindros (2.3L) turbocargado, con culata de aluminio y 6 cambios: 300 caballos (hp))… este 4 cilindritos tiene la misma potencia que un modelo similar v8 (4.6L) de 2009. Al menos, Ford está entrando en la competencia deportiva (esperemos que no tengan tanto plástico como el Camaro). Hay quienes dicen que este mustang es un Fusión Coupe… pero, en lo personal, a mí me gusta (quizás, porque nunca he manejado en sexta marcha). El espíritu del mustang es agilidad y libertad… al menos, ahora, están por un mejor camino.

Por cierto, mi intención era ver cual era el límite de peso que podría sacarle al mustang, para mejorar el rendimiento. Eso, junto con muchos otros “trucos” que hubieran sido un buen entretenimiento de fin de semana… pero, en retrospectiva, hubiera sido un simple capricho en el que hubiera malgastado tiempo y dinero. Quién sabe y algún día termine yo con ese 2.3L... cuántos caballos más, se le podrán sacar? 

julio 01, 2015

Michu...Bishi.


Lo siento, no me refiero a la marca (Mitsubishi); me refiero: a una gata. Toda la historia comenzó como un reto cotidiano más: a mi casa, llegó una gata (de algún apartamento vecino), que se acostaba sobre mi carro y en la alfombra de la entrada. Lo penoso del caso es que, tenía un collar que le apretaba bastante el cuello, y la estaba lastimando; quizás, por eso estaba tan flaca. Digamos que mi casa es un lugar predilecto por los gatos… y he tenido tres experiencias gatunas (gatos de medio tiempo. Bueno, al margen de que me ensucian todas las paredes con sus patas, defecan en la grama y los he encontrado hasta en el motor de mi carro. Nota, una vez saqué 4 gatitos de ahí). En fin, me propuse quitarle el collar.

A diferencia de un perro, es fácil saber cuando un gato va a atacar (dilatación de pupilas, postura, etc.); pero, eso era irrelevante, ya que si ella me veía a menos de dos metros: corría como loca. Usted dirá que era una tontería y una pérdida de tiempo; pero, alguien debía hacer algo. Así que cada día, al salir a buscar los periódicos, trataba de acercarme a ella… sobraría decir que en mi vida había visto un animal tan arisco y desconfiado (no he conocido una mujer así…aún). Día tras día, trataba de acercarme un poco, ya que la veía cada vez más flaca. Y, sin resultado alguno, al décimo día, dejé de intentarlo. Le di un suspiro, y me limité a escuchar los pleitos con sus “pretendientes”. 

Pero, al día catorce, salí a chequear la cisterna y para mi sorpresa “Michu” estaba recostada en un pequeño muro de la entrada. Cuando me vio, se asustó; pero, al levantarse la llamé suavemente: michu… michu… (Hey, eso funciona) y pude acercarme lo suficiente para acariciar su cabeza, su cuello; y así: pude quitarle el collar. Al quitar el collar, encontré que se había oxidado en una argolla… no sé por qué la gente le pone un collar apretado a ciertas mascotas. Un gato y un perro son animales libres: no les ponga collar (salvo para salir a la calle). Bueno, un chip es peor, pero, al menos, deben comprar collares de calidad y que no lastimen al animal. Desde ese día, pude apreciar la diferencia entre un animal casi asfixiado, y un animal libre. La gata ha engordado, y ahora duerme frente a la cocina… y, si bien, no dice: “Papá”, ya la he enseñado a decir muauá (casi habla, bueno, cuando tiene hambre).

Y nada, toda esta tontería es solo, para recordar la diferencia entre intentar lo imposible y ser persistente. Al menos, ella no se ha comido mis peces (los he tapado a casi todos)… aunque, a veces, me espanta su sigilo (se me cruza entre los pies, cuando alimento los peces). En fin, es la historia de michu, mi primera experiencia gatuna de tipo femenino (nota: en teoría, las gatas, nunca abandonan su hogar; a diferencia, de los machos) Esta gata, digamos, que es: la excepción a la regla.