12 feb 2015

¿Te he visto?


Te vi hace mil años… y todavía, hoy, te recuerdo. Te he buscado en la mirada indiferente de otros ojos, y he apreciado... la elocuencia de tu sonrisa. Me he llegado a preguntar, en estos interminables días, si la razón de mi tormento se encarna ineludiblemente en los labios de una mujer imperfectamente perfecta… ¿O, será en la luz de tu mirada? 

Si pudiera decirte, en palabras, la razón de mis días y mis noches, quizás, debería decirte que: me levanto cada día, con la intención de encontrarte. Te busco en la mirada perdida de cada musa que cruza en mi camino. Te he perdido entre el paso de la gente, mientras escucho esa voz en mi cabeza que cree, que ella: eres tú. A veces, he llegado a bajar la mirada, para no ver el brillo de tus ojos en otra mujer; y he sabido, callar mi alma, cuando grita por tu querer.

¿Dónde estás? ¿Quién eres? ¿También me buscas?... He visto tantos ángeles caer del Cielo, y me pregunto algunas noches: ¿Alguna vez te habré visto? No, siento que, nunca te he conocido. He visto tu sonrisa, tus ojos, tu pelo, tus labios, tu cuerpo… pero, en mujeres distintas a ti. Y ninguna ha tenido esa chispa de tu alma. Si no eres tú... no será ninguna.

Te espero cada minuto de cada día; y en cada noche, pido a Dios que te cuide y te proteja. Y que, si algo sucede: que, al menos, me cruce en tu camino… para ayudarte. Quizás, jamás te conozca; y tu, ni siquiera sabrás que existo… pero, no importa: siempre seré tu desconocido. El amor es como el silencio: lo inunda todo. Quiero que sepas que, más allá de las distancias, el olvido o el recuerdo: yo, existo; que te he buscado con el alma, la mente y el corazón. Y, que… te he esperado; te he escuchado en tus noches más oscuras; y, te he amado… aún, cuando no te has dado cuenta de que estoy contigo. No busco una aventura; busco un pedazo de mi alma, que me sirva de sustento hasta llegar el crepúsculo de la vida. Y le pido a Dios que jamás llegues a leer estas letras; y que, nunca tus ojos, derramen una lágrima por alguien que jamás existió. La vida, te dará muchas excusas para vivir: sin mi. Quizás, el tiempo te hará olvidarme, como un sueño que quedó en el olvido; y, mientras tanto, el viento besará tu cuello: como lo haría yo. No dejes que la nostalgia te desanime, el Sol y la Luna te cuidarán en mi nombre. 

¿Yo?... solo seré un instante de tu vida; pero ¿Tu? tu serás: mi vida. Así, pasarán los minutos, las horas, los días, los meses y los interminables años… y, en tu ausencia: te recordaré. Al final, solo te pido que sonrías, por todo lo bueno que la vida te ha dado; y que, sientas la alegría de haber compartido este pequeño instante conmigo: un desconocido, que será el amor de tu vida. Y este, tan solo será... nuestro secreto.

10 feb 2015

Cuestiones de amor: ¿Para toda la vida?


Creo que esta es una de las cuestiones más importantes que nos hacemos a lo largo de la vida. ¿Cómo hacer que el amor perdure? Lo gracioso, es cómo (muchos) les preguntan a personas mayores (ancianos) la fórmula secreta de su amor eterno (más de 50 años de matrimonio). Y es gracioso, porque en aquel tiempo, la vida era más simple: tomabas a alguien que te gustaba, y te disponías a pasar la vida con esa persona. Si la/lo engañabas; si te divorciabas o si enviudabas: eso, te marcaba de por vida.

En ese mundo que nos toca vivir a nosotros, bueno, y a nuestros padres, la gente se casa y se divorcia como si fuera comprar un par de zapatos (algo natural). Y esto se debe a que el matrimonio se produce por un embarazo imprevisto, por presión social, o por ganas de experimentar la vida (independizarse)… todo el mundo habla de amor; y, casi nadie, sabe de lo que habla. Entonces ¿Cómo hacer que funcione?

Aunque no les guste, la respuesta es: tiempo. Es lo que se necesita para conocer a alguien a conciencia (y no solo de corazón: el espejo es otro post), para integrarla a tu familia, y para hacerla habitual a tu vida. Pero, eso no es ni la mitad. Necesitas respeto, y con ello no me refiero a no agarrarle el trasero o robarle un beso sin su permiso; me refiero, a que debes aprender a respetar su espacio y su individualidad. Todos necesitamos un espacio propio. Por otro lado, debes aprender a confiar, y con ello no me refiero a descuidar a la pareja (ya cada problema: es cosa de dos), me refiero a no estar constantemente atento a qué está haciendo… y aquí, en este punto, a usted que está brincando en su silla, y diciendo: “pero, por esto es que falló mi matrimonio… confié demasiado, di demasiado y me engañaron, etc.”. A usted le diría que, le faltó el cuarto elemento, y quizás, lo más importante del asunto: la simpatía.

Es un poco gracioso (dentro de lo trágico) decir que dos amigos jamás serán una verdadera pareja, cuando es todo lo contrario: “Una verdadera pareja la conforman dos amigos: la amiga y el amigo”. Y no me refiero a una “amistad”, me refiero a que jamás traicionarías una verdadera amistad… y menos, si hay hijos de por medio. Casi nadie piensa en el trauma de criarse sin un padre o una madre, y la diferencia que puede marcar en la vida de una persona a nivel emocional… pregúntenle eso a quien tenga más de 50 años de casado/a; y le dirá, que parte de sus altibajos como pareja fueron soportados por su deber frente a sus hijos. Bueno, ahora eso no le importa a nadie; pero eso, es otro post.

Pocas personas comprenden que el mayor regalo que le puedes hacerle a alguien es darle tu tiempo. De ahí que, al respetar su espacio, compartir las cosas simples de la vida y confiar en que se saldrá adelante (siempre juntos) frente a cualquier adversidad, lo natural es que surja y crezca el amor. ¿De por vida? En cuestiones de amor, la vida es atemporal… se vive: día a día. Y, si tienes la dicha de compartirte así con alguien, tú única preocupación debe ser: “Espero que vivamos 120 años” (solo la salud). El amor que se construye día a día es muy difícil de destruir, de ahí su durabilidad.

Y, quizás, deba terminar el post con esta frase que escribí hace muchos años: “Así nace una amistad, así surge el amor, y así perdura la vida: de pequeños momentos... que duran para siempre”.

8 feb 2015

Como en un sueño.



Digamos, que la historia comenzó así…

Llegué a ese lugar, en el cual no había estado nunca… parecía una cafetería. Había muchas personas sentadas en las mesas. Era una tarde cualquiera, algo soleada. Había una barra algo abarrotada de gente que estaba de pie; y un cristal, era lo único que me separaba de ella. Recuerdo que tomó su bolso y lo ponía sobre su hombro izquierdo… pude verla entre la multitud, como si no hubiera nadie más. Noté que se disponía a salir cuando me vió. Pasó de huida por mi lado, quería ignorarme, y evitaba el cruce con mi mirada a toda costa. En ese momento, no podía recordar el por qué ella actuaba así; pero, sabía que no huía de mí, ella huía de sus propios sentimientos. 

En el instante que pasó por mi lado, tomé su mano derecha, suavemente… y ella, no quiso seguir: se detuvo. Estaba un poco molesta, creo que me había alejado de ella (sin decírselo) por algún motivo. Recuerdo, como se sintió mi alma al tocar su mano: no quería soltarla... nunca. Rubia, algo delgada, de piel clara, de unos 5,7 de altura... ella tenía el pelo recogido, y un temperamento imponente. No sé, por qué aún no puedo recordar su rostro; aunque, recuerdo que era la mujer más hermosa del mundo. Sus palabras exactas, tampoco las recuerdo… solo recuerdo que le contesté: “todos somos infelices… hasta que encontramos el verdadero amor, y esa eres tú”. Ella se echó a llorar como una niña y sus piernas se aflojaron al punto que pensé que se desplomaría. En ese momento, me di cuenta que ella era distinta a cualquier mujer que había conocido; era, algo más allá de lo que ya había vivido... Y, en ese preciso momento, mientras la sostenía: desperté.

Se, que la fui a buscar en aquel café; también se, que la conocía mejor que a nadie; que, había soñado con ella muchas veces. Una mujer así, no inspira a un hombre: lo cambia de por vida. Quizás, si hubiera dormido unos minutos más, ese sería el sueño más real que he tenido... por un instante, ella centró mi mundo: solo con el toque de su mano. Sentía que ella sabía que jamás la dejaría, y me esperó a que volviera… hoy, solo me pregunto: ¿Cómo habrá sido nuestra historia antes de aquel día? y ¿Dónde estarás hoy, mi eterna desconocida?