1 jul 2015

Michu...Bishi.


Lo siento, no me refiero a la marca (Mitsubishi); me refiero: a una gata. Toda la historia comenzó como un reto cotidiano más: a mi casa, llegó una gata (de algún apartamento vecino), que se acostaba sobre mi carro y en la alfombra de la entrada. Lo penoso del caso es que, tenía un collar que le apretaba bastante el cuello, y la estaba lastimando; quizás, por eso estaba tan flaca. Digamos que mi casa es un lugar predilecto por los gatos… y he tenido tres experiencias gatunas (gatos de medio tiempo. Bueno, al margen de que me ensucian todas las paredes con sus patas, defecan en la grama y los he encontrado hasta en el motor de mi carro. Nota, una vez saqué 4 gatitos de ahí). En fin, me propuse quitarle el collar.

A diferencia de un perro, es fácil saber cuando un gato va a atacar (dilatación de pupilas, postura, etc.); pero, eso era irrelevante, ya que si ella me veía a menos de dos metros: corría como loca. Usted dirá que era una tontería y una pérdida de tiempo; pero, alguien debía hacer algo. Así que cada día, al salir a buscar los periódicos, trataba de acercarme a ella… sobraría decir que en mi vida había visto un animal tan arisco y desconfiado (no he conocido una mujer así…aún). Día tras día, trataba de acercarme un poco, ya que la veía cada vez más flaca. Y, sin resultado alguno, al décimo día, dejé de intentarlo. Le di un suspiro, y me limité a escuchar los pleitos con sus “pretendientes”. 

Pero, al día catorce, salí a chequear la cisterna y para mi sorpresa “Michu” estaba recostada en un pequeño muro de la entrada. Cuando me vio, se asustó; pero, al levantarse la llamé suavemente: michu… michu… (Hey, eso funciona) y pude acercarme lo suficiente para acariciar su cabeza, su cuello; y así: pude quitarle el collar. Al quitar el collar, encontré que se había oxidado en una argolla… no sé por qué la gente le pone un collar apretado a ciertas mascotas. Un gato y un perro son animales libres: no les ponga collar (salvo para salir a la calle). Bueno, un chip es peor, pero, al menos, deben comprar collares de calidad y que no lastimen al animal. Desde ese día, pude apreciar la diferencia entre un animal casi asfixiado, y un animal libre. La gata ha engordado, y ahora duerme frente a la cocina… y, si bien, no dice: “Papá”, ya la he enseñado a decir muauá (casi habla, bueno, cuando tiene hambre).

Y nada, toda esta tontería es solo, para recordar la diferencia entre intentar lo imposible y ser persistente. Al menos, ella no se ha comido mis peces (los he tapado a casi todos)… aunque, a veces, me espanta su sigilo (se me cruza entre los pies, cuando alimento los peces). En fin, es la historia de michu, mi primera experiencia gatuna de tipo femenino (nota: en teoría, las gatas, nunca abandonan su hogar; a diferencia, de los machos) Esta gata, digamos, que es: la excepción a la regla.     

7 jun 2015

Elegante y sencillo.


Quienes hemos tenido perros (desde cachorros, hasta… R.I.P.), sabemos algo que no todo el mundo distingue: los perros, con la edad, pierden los dientes. Bueno, los que “roban” huesos. Me topé por casualidad con esta foto de Zappa, un gracioso perro galgo de 15 años. Y digo gracioso, claro, por su lengua. No se trata de ningún trastorno genético o malformación, sencillamente: a Zappa le faltan algunos dientes (por su edad).

A mi chihuahua le pasaba lo mismo, y me reía con solo mirarlo (tenía esa misma cualidad: lengua afuera a la izquierda… producto de “robar” huesos de vaca, propiedad de mi pastor alemán). Recuerdo cuando ese perrito “cadavérico” y del tamaño de un puño llegó a mi casa con su “enorme” cabeza y su corto hocico. Fue un regalo de un veterinario amigo de mi papá para mi hermana… pero, ella decía que el perrito era muy flaco y feo… así que busqué una caja de zapatos y me quedé con él. Con el paso de los años “robaba” todo tipo de huesos: desde pollo hasta vacuno… claro, si podía arrastrarlo hasta su “madriguera” (zona particularmente defendida por él y rodeada de huesos aleatorios... la cual estaba en la zona baja de mi closet… él, era el “portero”). Y claro está, con los años perdió 3 colmillos y muchas piezas dentales. cuando me mordía (al limpiar los huesos regados), solo sentía la encía... y su mal humor de viejito. 

Nota: el chihuahua solo debería comer arroz con salsa de carne, no está diseñado para comer huesos “duros”; pero, son genéticamente JARTONES y algo racistas (otra historia). Sin embargo, ese perrito me esperaba cada día al llegar del colegio y parte de la universidad… quizás, era por la comida gratis (saltaba hasta la mesa, tipo olimpíadas; y, se cruzaba entre los pies de todo el mundo). Vivió más de 14 años; quizás, “demasiados” para un chihuahueño. Aunque, disfrutó de sexo consensuado en múltiples ocasiones (con la chihuahuita de al lado... y, algunos cojines de la sala), casi una década y media de comida gratuita (toda su vida), alojamiento, viajes, baños, etc. Fue, todo un faraón. Y al margen de ser el canino más pequeño que he tenido, era el que más bulla hacía (ladraba mucho) y se orinaba en todos lados (mañoso).

Recuerdo que el susto más grande que me dio (al margen de que se me perdió por 2 días en la finca) fue el día que lo escuche ladrando a muerte con mi pastor alemán en el patio (pensé lo peor, pues el perrito entraba casi entero en su boca). El pastor lo encontró “desafiándolo” por un hueso en la puerta de su jaula, y mas allá del griterío “agónico” del chihuahueño, éste solo le había puesto una pata encima, y estaba lamiéndolo como a un cachorrito… solo jugaba con el (por suerte). En fin, al ver a Zappa, me recordó que el tiempo que vivimos se basa más en los buenos recuerdos, que en el propio tiempo.

P.d. De Zappa solo puedo agregar el título: elegante y sencillo… así es, el “estilo de lengua” de un can “anciano” y sin dientes.