28 ene 2013

El arte de la estrategia: Tsuba.




Con el paso de los años, los hombres aprendemos a controlar a este animal “indomable” que llevamos dentro. Nos acostumbramos al torrente de adrenalina, a las hormonas y empezamos a comprender las cosas de un modo distinto. La vida, nos lleva a comprender que el yo (egoísmo) solo es una parte de la realidad existente. Ya se estará preguntando sobre qué tiene que ver esto con la tsuba (guarda del sable japonés). A ver:

Años atrás, comencé a estudiar las técnicas “milenarias” de tallado de madera en Tailandia (se dice que fueron llevadas de China… pero esa es otra historia). Ellos, son verdaderos maestros del tallado respecto a la simple complejidad de sus técnicas. Son hombres y mujeres que dedican su vida a crear intrincados murales y esculturas asombrosas; y para ello, solo emplean un pedazo ordinario de madera o martillo de carpintería, y unas tres o cuatro gubias rudimentarias. Todo arte, necesita: dedicación, respeto y paciencia. Fue así, como luego de algunas centurias de depender de un tosco pedazo de metal filoso, cuando los primeros samurai (“servidores”, Japón) comprendieron que aquel metal era algo más que una herramienta de guerra.

Si bien era una casta guerrera, los horrores de la muerte (y su falta de “vida”) terminaron por perseguir a muchos de ellos (bueno, de eso sufren muchos veteranos de guerra), quienes optaron por cambiar su naturaleza “agresiva” por una más respetable y tranquila (moralmente hablando); En esencia, forjaron una vida, en la cual su dedicación se viera reflejada en su obra. Fue así, como surgieron los “maestros”: hombres (no conozco el caso de mujeres) que dedicaron su vida a perfeccionar un aspecto específico dentro de un determinado arte del combate. Así surgieron los maestros en artes marciales; los forjadores de “katanas”; los “afiladores”; y, aquellos a quienes se les encargada crear la “guarda” del sable (tsuba), o una determinada decoración en la hoja que identificara una era, un suceso o a su portador (en esencia, una firma).

Fue así, como “máquinas” de la muerte, pasaron a crear el verdadero arte, y a crear vida (algunos se dedicaron a criar kingyos (goldfish)). Muchas personas ven un daito (sable largo) o un wakizashi (sable corto)… y ven un arma de guerra, algo malo. La verdad, es que son piezas de arte, que por encima de un filo (naturaleza) llevan intrínsecamente la dedicación de uno o muchos hombres trabajando en su conjunto parar generar paz y armonía: equilibrio. Poco importa que el daito sea incómodo, ligero o pesado. Al examinar la pieza en su conjunto de partes nos encontramos con simetría y equilibrioen esencia, perfección. Las personas siempre han admirado el legendario filo de los sables, ignorando esa pequeña pieza funcional que marca la diferencia en el combate y sin la cual, dicho sable es solo un cuchillo grande… siempre digo que: en los pequeños detalles es que están las cosas verdaderamente importantes.

Si alguna vez, llegas a empuñar una espada, que sea solo para admirarla, mantenerla, repararla o “equilibrarla”… el filo, solo se usa como prueba de la dedicación puesta en esa obra de arte; y, en la manifestación de lo que somos a través del rígido metal. La tsuba encierra la función más noble: proteger y equilibrar. Sin embargo, cada pieza cumple su función específica y la verdadera perfección solo se logra cuanto todo el conjunto se desarrolla en armonía. La verdadera perfección no está en el objeto, sino en la dedicación necesaria para convertirlo en lo que verdaderamente es: una expresión de nuestra alma.     

17 ene 2013

Saber apreciar las cosas buenas.



El día de ayer, “mucho” tiempo después del Día de Reyes, llegaron los regalos de mi sobrina más pequeña. Hubo un retraso en el envío… y todo el plan se me vino abajo. Recuerdo que ella llegó a casa ese día, y no lo niego, me partió el alma el no poderle dar sus obsequios. El asunto, es que yo siempre les regalo para Navidad; pero para Reyes, mis hermanas le hacen los obsequios a mis sobrinos. Sin embargo, dado que cada año el período escolar se acerca más y más al día de Reyes, esa tradición ha ido cayendo en desuso, ya que los niños no pueden disfrutar de los regalos. Por falta de tiempo y el tipo de regalo, preferí comprarlo online (nota: el año que viene lo compro en septiembre)… y como siempre, el destino se la lució conmigo.

Recuerdo que hace años le dije que se portara bien, que me habían dicho que a Santa se le pinchó una “goma” del trineo y que tal vez no pasaría. Y muy sabiamente, la pitufa, me dijo que “los trineos no tienen gomas” (hahaha), por lo que descarté la idea de decirle de la goma y los camellos; luego pensé en la “Vieja Belén”, pero esa fecha pasó también (se me agotaron las opciones clásicas). Duré un par de horas quemando neuronas, buscando una solución al asunto, ya que quiero mantener la ilusión de la niña mas allá de las adversidades del destino (inocencia; los mayores (sobrinos) están bajo amenaza de no revelar ciertos secretos). De ahí, Dios, el destino o mi subconsciente me dieron una solución satisfactoria, racional y plausible: me había encontrado los regalos “dentro” del arbolito: al desarmarlo (aún no lo he desarmado… también por cosas del destino). Y eso, espero hacer.

Apreciar la vida no es tener algo perfecto, ni que los planes salgan tal y cual los planeamos. Es saber disfrutar de las cosas positivas que nos llegan, por más pequeñas y pasajeras que sean, por encima de lo negativo. Es, saber enfrentar la realidad de que vivimos un mundo imperfecto, lleno de personas y situaciones imperfectas. Cada gesto positivo que podemos hacer o recibir, debemos tomarlo como una señal de inspiración para encontrar el mejor camino a seguir frente a todo en la vidaAhora, lo único que me queda es esperar, y disfrutar de la carita de alegría (e histeria) que pondrá la muchachita … se, de corazón, que le encantarán sus regalos (y que los disfrutará aún más: son cosas “nuevas”... y los juguetes de Reyes ya son “viejos”). Aquí, hay una solución, para aquellos que prefieran encontrar algo positivo por encima de los problemas que la vida les presenta a diario. J

31 dic 2012

Un nuevo año.



Nunca es demasiado tarde, para empezar. No hay un límite en las imposiciones del tiempo para hacer las cosas. Si bien es cierto que vivimos hacia el mañana, la vida solo tiene sentido si recordamos lo vivido hasta el ayer. Incluso las cosas que dejamos olvidadas, las oportunidades que tomamos o las que dejamos pasar, son las cosas que marcan nuestra vida.

Con el paso de los años, las personas cambiamos. De a poco o de golpe, la vida va moldeando nuestro peculiar carácter, y nuestras propias acciones nos otorgan esta distintiva personalidad. De todo cuanto acontece en esos 365 días que han trascurrido en el continuo ciclo de la vida, podemos sacar lo positivo por encima de lo negativo. En este confinado tiempo: algo positivo nos habrá sorprendido; o habremos experimentado cosas, que jamás sentimos; algún corazón, nos habrá cautivado; y, alguna estrella habremos compartido. Lo único cierto es que si vivimos orgullosos de nuestra vida: vamos por buen camino.

Tantas cosas pueden pasar en una fracción de segundo, que al ver, en retrospectiva, esos treinta y un millones quinientos treinta y seis mil segundos, uno se pregunta qué tanto valoramos en realidad el tiempo? Y es que si vemos el mundo, esa apreciación solo radica (subjetivamente) en los ojos del observador. Sin embargo, un año no es simplemente un tiempo, ni tampoco un ciclo mas. Un año, es una nueva página en blanco para nuestra vida; es el tiempo que disponemos para comenzar algo nuevo, o para volver a intentar ese sin fin de situaciones a las cuales llamamos metas, deseos o simplemente propósitos. Cada año que transcurre, valoro más la vida. Comprendo mejor el significado de la belleza, el caos y la ironía. Pero, sobre todas las cosas, con cada día que vivo trato de marcar una ínfima diferencia entre lo que es, y lo que debe ser este mundo. 

Por cierto: Felices Fiestas, y un Próspero Año Nuevo. 

P.d. A partir del día 4 de enero: RODEO; y, del 5 al 20 de enero: DAKAR 2013... nada mejor para comenzar el año. J