18 may 2017

Lo que aprendemos...



Hay cosas tontas, como usar vinagre hirviendo en vez de a temperatura ambiente, para acelerar la oxidación superficial de metales. Hay cosas importantes, como sacar tiempo para “perder” en cosas que nos gustan; y, hay cosas que, sencillamente, están en la memoria como recuerdos que “algún día” servirán de nuevo.

Lo cierto es, que no dejamos de aprender. Y hace un rato me reía porque tropecé con una percha (de metal) vieja, y al rato, no encontraba cómo colocar la tablet en la cama (la tengo sin forro) y recordé que una vez vi en Youtube un video de cómo hacer una base para teléfono con alambre dulce… y en un chasquido, la vieja percha que estaba camino al zafacón se convirtió en el “tablet stand” más feo y funcional del mundo. Y solo necesité las pinzas como herramienta.

Muchas personas no valoran el hecho de que gracias a Youtube se puede compartir un conocimiento gráfico que, a nivel tecnológico, ha constituido un pilar en el desarrollo humano: a nivel global. Pequeñas cosas que nos complementan la vida. Sí, Youtube es música, arte, ciencia y ocio. Pero, también es una conexión entre Todos (humanidad). Y al final, el conocimiento no pesa: suma. Espero que siempre la humanidad comparta sus experiencias; todos aprendemos algo.

P.d. La imagen... jajaja: hay mujeres que nos hacen olvidar todo. Es solo un recordatorio... jajaja.

7 abr 2017

Old School skateboards: longboards y downhill.



No sé a quién se le ocurrió ponerle ruedas a un zapato (patines); pero eso, a mi humilde entender: es un invento “antinatural”. Lo que sí me resultó natural fue tomar una tabla flexible con ruedas (skateboard) y deslizarme/rodar por cuantos lugares pudiera, desde marquesinas hasta avenidas. El patín, se te “amarra” al pie, mientras que el skateboard, se “adapta” a tus circunstancias. Siempre tuve uno a mano (propio o de amigos); así que, no recuerdo haber intentado “partirme la madre” (romperme un hueso) intentándolo con patines. Bueno, con los skates, me partí hasta el alma (hay post sobre eso); pero, así es la vida: decisiones y consecuencias.

La cuestión está en que en estos días, pude ver a un muchachito con su skateboard, que andaba por la calle. Y me puse a pensar sobre cómo eran nuestros skates y cómo son ahora.  La primera vez que vi un skateboard en mi vida, fue a finales de los 80’s. Era un skate de plástico, de unas 20 pulgadas, rojo, de gomas oscuras (moradas, para ser exacto). Pertenecía a un vecino (Ñey) que tenía varios hermanos mayores y me lo prestó por unos “días”, mientras viajaba al exterior. Su casa tenía una marquesina con bajada de unos 35-40 grados en relación a la calle y que estaba a varios metros por encima de esta (en un alto)… usted podrá imaginarse lo que se gozaba en esa época (sin carros en la calle y sin tránsito actual).

Los estrallones, bueno, creo que el dolor de espalda que me dio hace unos días es una secuela del aprendizaje (jajaja). Sin embargo, lo que me lleva a escribir este post es la experiencia vivida de cómo éramos en aquella época. Para que entienda, uno podía, literalmente, dormir en la calle, o dejar el skate en el frente de la casa y: ahí amanecía. Una calle recién asfaltada, era lo más cercano al cielo (eso, y la bajada de atrás del Colegio Quisqueya… aún recuerdo fragmentos de esas tardes… y creo que, David tiene el récord del mayor estrallón… no sé por qué las monjas cerraban ese portón de tarde); 

Hoy en día, los skaters solo hablan de marcas exclusivas de piezas, de la dureza de las gomas (75-80), de ángulos (50 grados) de caída del eje, para deslizarse (y frenar… en longboards). Ahora, imagine que en mi época, usted lo debía hacer todo con un skateboard de 24 o 32 pulgadas plano (como el de la imagen superior), de marca desconocida, con piezas a las cuales usted le rezaba a Dios para que mantuvieran su integridad cuando pasaba de una velocidad de 30 km/h  (velocidad de la luz para un muchachito adolescente de principio de los 90’s) o si hacía un salto; y, por cierto, la única protección que había entre usted y el suelo era la cruz que su madre le ponía en la frente: si se caía, quedaba (literalmente) como una yuca: pelado por todos lados. Fuera de eso, si hubiéramos tenido la mitad de la tecnología que hay ahora: hubiésemos sido “leyendas”.

Al día de hoy, aún recuerdo cada calle a un radio de 5 km de mi casa con desnivel pronunciado… lo raro, es que solo he visto unos 10 skaters en años ¿Por qué? No tengo esa respuesta. Ahora mismo, me vino a la mente el sonido de las cajas de bola de las gomas al bajar por una calle asfaltada (llena de pequeñas piedras sobresalientes… nada “liso” como el “asfalto” de ahora: con base de arena)… y la sensación al dar un giro de 180 o 360 grados. Lo cierto es, que ahora hay mucho tránsito (conductores imprudentes, estacionados en todos los lugares) y las vías están en condiciones “regulares” (han asfaltado en muchos sitios).

Así que, si quisiera “partirme la madre” (romperme un hueso, en el sentido de hacer algo peligroso y absurdo) inventando cosas que no debería hacer a esta edad: creo que, compraría un longboard y “algo” de equipo de seguridad. Buscaría una colina bien larga (asfaltada y en buen estado) en una zona remota, y practicaría “downhill” (bajar la colina) por horas o días… hasta que algo que, no fuera mi alma: se rompiera. Esos pequeños momentos, valen de mucho en la vida; y son recuerdos inolvidables. Por cierto, había olvidado las chispas (hahaha de mi caída: http://elatic0.blogspot.com/2006/10/mquinas-extremas-el-skateboard-o.html)… ahora, con mi tamaño y peso, sería una proeza digna de los videos de “Failarmy” o “People Are Awesome”… dependiendo del tablazo (hahahaha). Hay cosas que merecen el riesgo, y siempre sostendré que un skate: lo vale.

P.d. Un skateboard sirve, además de su uso común: como mesa, como banco, como arma, como escudo, como carrito de supermercado, como camilla para mecánico, como pizarra, como lijadora/amoladora (lija), como tema de conversación, como excusa para cita con una chica, como excusa para “tocar” a tu cita, como objeto de trueque, etc. Los patines: solo sirven para “partirte la madre” de forma absurda, peligrosa y sin diversión… en esencia, si alguna vez va a regalar algo: regale un SKATE.  

15 mar 2017

Puccini… ¿El perrito? (jajaja… todavía me estoy riendo).


Espero que el maestro Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini, no salte de su tumba y de un triple salto mortal de cabeza invertido, por la salvajada que voy a escribir. Hace unos días, mientras “calentaba” mi “Home Theater” (el desuso daña los sistemas de audio, por si no lo sabía), elegí la canción Nessun Dorma (Que nadie duerma);  algo así, como la victoria del amor frente al reto de la vida (cosa de locos sí, con la princesa Turandot;  pero, algo majestuoso a nivel de lírica). En fin, exactamente entre “Il nome mio nessun saprà…” y “Sulla tua bocca lo dirò!” (¡Mi nombre nadie sabrá!... sobre tu boca lo diré) pude sentir un par de ojos observándome, (algo, como una “personita” de 14 años, con rendimiento de 20): mi sobrina menor, que había llegado a casa con mi hermana menor.

Recuerdo su cara al decirle: eso es Nessun Dorma (ella: “er diache y qué es eso?”… quizás, pensaba que era un grupo nuevo); “eso es opera” (mi pequeña salvaje). Nota: lo dentro del paréntesis no se lo dije; pero, lo pensé. Se que por algo le dije que su creador era Puccini, y fue ahí cuando algo en el Universo se fracturó, cuando ella me contestó: ¿El perrito? (jajajajaja…), de inmediato me llegó a la mente su referencia: el perrito Poochini (al menos, se pronuncia igual) de unos muñequitos que ella veía en TV con su hermano cuando era pequeña.

Esa composición, me recuerda que en la vida: lo que sabemos, no se compara con lo que aprendemos por el simple deseo de SENTIR: sentir la música, el espíritu y el alma de aquello que se asemeja a algo NUESTRO (un sentimiento, al margen del tiempo o el lugar). No importa la ópera, el trance o el reguetón: ¿Cuál es el mensaje que queremos que perdure? (como compositores)...“Ed il mio bacio scioglierà il silenzio… Che ti fa mia! (¡Y mi beso disolverá el silencio… que te hace mía!) Y nada, los perritos no componen ópera, solo “levantan la pata” y “mueven la cola”. Bueno, y si están sentimentales: muerden… como todos nosotros. “Ma il mio mistero è chiuso in me… Il nome mio nessun saprà!... (Mas mi misterio está encerrado en mí, mi nombre nadie lo sabrá!)

Todo amor es un reto y una apuesta (frente a la vida y las circunstancias), lo que me lleva a lo más simple: Giacomo Puccini no fue un genio por encerrarse a componer o perfeccionar sus obras; lo fue, porque se propuso eternizar su obra más allá de las palabras (letras) y se enfocó en el sentimiento como medio de la tonalidad (eso explica por qué la gente llora (literalmente) en la opera; así como, en lo teatral (representativo) de las cosas. Eso, y porque le encantaban los autos (en una época en la que comenzaban). En fin, como dice mi mamá: “Burro no come bizcochito”,  a lo cual le agregué hace muchos años: “y si los come, es porque es chiquito” (jajaja). Son pocas las composiciones de opera que me gustan; pero, no por ello, debo dejar de apreciar el buen arte.

P.d. Por cierto, el príncipe "desconocido" de la princesa Turandot, se llamaba Calaf. Y aquí, hay un video de una interpretación de Pavarotti algo "colorida", pero, subtitulada: