febrero 13, 2016

Si pudiera detener el tiempo: ¿Lo haría?


No hay amor, o amistad, sin un yo, o... un nosotros. Desafortunadamente, vivimos en un mundo demasiado lleno del Yo: insaciable e inconforme. Y qué decir de la manipulación, o de la carencia más elemental: formar parte de algo más grande que nosotros mismos.

Detener el tiempo… en mecánica cuántica, todo un ciclo; en la vida es, sencillamente, estancarnos en un momento. Y no me refiero a un problema, me refiero a aferrarnos a la “perfección” de un momento pasado que nos marca, literalmente, toda la vida. Imagine al niño o niña que estudió medicina porque ayudó a un enfermo/a; el muchacho o la muchacha que defendió causas perdidas y terminó como abogado/a o juez/a; aquel niño que jugaba con arena en la playa y terminó como ingeniero/a. La vida tiende a darnos situaciones que nos marcan. Pero, ¿Nos muestra un camino?; o, el camino.

El ser, es una compleja suma entre estar, pensar y actuar. Técnicamente ese es el “yo”. Y en este punto, podría decirle que en el momento exacto en que se da cuenta de que la suma de todos sus elementos lo o la convierten en un ser único, especial e irremplazable (en ciertos sentidos) comprende que necesita algo más, algo que está fuera de su individualidad; bueno, esto debo polarizarlo con el  “nosotros”; ya que, por más “bendito o bendita” que usted sea: por ahí anda un alma “inversa” a la suya, que le hará cuestionarse sobre toda su existencia. A veces, llega solo como amor; otras, como un NOSOTROS. En fin, ¿Por qué detener el tiempo?

El error más grande de la humanidad de los últimos 50 años fue pensar que todo podía envolverse en una caja y entregarse. En cierto sentido, diría que en un punto la presentación se volvió más importante que el contenido. La apariencia de una persona se volvió más importante que sus sentimientos. ¿Por qué? Fue, quizás, el deseo de cada persona de verse realizada compitiendo consigo misma, o con otros, para lograr una realización personal o existencial. Hasta aquí, ningún problema. El problema ocurre, cuando comenzamos a competir por una pareja, o con nuestra pareja. Muchas personas buscan fórmulas mágicas para el amor y un matrimonio de 50 o más años. Sin embargo, en vez de construir momentos y compartir experiencias, se dedican a competir. No me mal interprete, competir es sano en muchos aspectos; pero, los únicos logros que cuentan en la vida son las cosas que aprendimos y con quienes las compartimos: ese, es nuestro verdadero tesoro.

¿De qué vale ser la chica más bella del mundo, si se pasa el día sola, con sus amigas, mucho trabajo... y, sin nadie que haga sobresaltar su corazón???Una monotonía de días que se vuelven años, alejándola del más noble y puro sentimiento… y es ahí, donde me pregunto: ¿Si pudiera detener el tiempo?... ¿Si pudiera moverme fuera de el?... ¿Cómo haría para que el corazón de ella diera un salto en el tiempo-espacio, robando (al menos) una pequeña sonrisa… aunque sea chiquita? ¿Acaso de eso no se trata el NOSOTROS? Bueno, creo que la respuesta debe estar encerrada en algún otro post.   

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