febrero 25, 2016

¿Nos enamoramos?

Si te dijera que las nubes del ocaso, me recuerdan la luz de tus ojos,
Y que el viento de la mañana, me encierra en el sonido de tu voz.
Podrías suponer, que entre estas prístinas sábanas blancas,
Existe un pequeño espacio, que nos une a los dos.

Dicen por ahí que aún eres una mujer de alma libre.
Que has roto más corazones, que el mismísimo Dios.
¿Sabrán ellos que me buscas por las noches?
Y que estoy a tu lado, aún bajo la lluvia y el Sol.

No eres tu, mi amada; ni siquiera, un recuerdo…
Y aún así suspiro, con el tenue eco de tu voz.
Será que alguna vez pueda darte una caricia,
Que no ruborice toda tu alma… y tu corazón.

Me han dicho que es imposible alcanzar una estrella
Más te mueres de ansias por escuchar mi voz
Y, en una tarde cualquiera, entre risas y ganas…
Algo le roba al tiempo, un poco de la razón.

Quiero vivir contigo, entre letras y versos,
La formula más simple, del verdadero amor.
Y como cada día de nuestra vida, te pregunto:
¿Nos enamoramos, mi amor?

febrero 23, 2016

Cuestiones de amor: Personas distintas ¿Historias distintas?

Me enteré que un viejo amigo se había separado de su esposa, con la cual tiene dos niños “pequeños” (menores de 10 años). La cuestión es que recuerdo que ellos se conocieron el me decía que eran el Sol y la Luna. Sin embargo, en una época en que la madre de ella estaba enferma él estuvo ahí, mientras la familia de ella estaba ausente. Se casaron, tuvieron problemas para embarazarse; pero, al final, 1+1=3. Bueno, a 4 (familia). Y me extrañó cuando me dijo de la situación, porque luego de unos 15 años de matrimonio e hijos, uno esperaría que las cosas fueran más “estables”.

Lo primero que le pregunté es: “Qué hiciste?”. Me dijo que nada… yo, siempre he sido claro: en esos asuntos, yo no me meto. Pero, me dijo que todo el problema había venido porque los familiares de ella están (se han ido) todos para Estados Unidos y ella se ha sentido sola. En este punto, me dijo que una “amiga” de ella le dijo que lo botara a él (a mi noble e inocente amigo) y se fuera a USA con los niños… “que ella le conseguiría otro hombre”.

¿Hasta qué punto hemos llegado? Se que cada parte tiene su razón en esta historia. Así, que solo quiero limitarme a la interrogante que titula este post. Debo recalcar que al ser educado bajo el catolicismo y de una familia “puritana”, no comparto el criterio de que “mas pá alante vive gente” en un caso de hijos/as de por medio. Se que la regla de papá nuevo, es lo común en toda sociedad moderna. De que la gente busca “vivir su vida” y olvidar el pasado como si se tratase de una “gripe”. Sin embargo, siempre hay algo por señalar…

Todos, sin excepción alguna, cambiamos con los años. Es la esencia de la vida. Cuando formamos pareja: cedemos y tomamos. Optamos por ir más allá de nosotros mismos y compartirnos con alguien más. De ahí que, ante la duda, la disconformidad o la monotonía, siempre he sostenido que la comunicación debe ser el primer paso; ya sea para corregir (cambiar) o para curar (terminar). Sin embargo, ese cambio, a diferencia del comienzo, se sitúa en un lugar especial al momento de tener hijos/as… sin importar la edad. Se lo dice alguien que ha compartido con sus dos padres y que tiene decenas de amigos/amigas criados por padres divorciados, separados o viudos/as como referente para hacer esta diferencia.

Padre y madre solo hay UNO, y es quien nos acompaña por toda la vida. Conozco padrastros y madrastras que son un ejemplo a seguir. Sin embargo, al preguntar sobre cómo cambia una persona con el paso del tiempo, se crea la interrogante de cómo eso afecta la relación de la pareja. Desde hace años expuse que la sincronía de dos son las que crean la unidad. De ahí que al cambiar una parte y la otra quedarse estática, puede crear una fricción en la pareja, la cual deberá ser tratada con mucha paciencia y comunicación. 

Al final, los hijos son lo más importante. Alguien debe ceder, algo debe cambiar… pero, cualquier cosa hecha con amor y paciencia, puede hacerse funcionar.

febrero 21, 2016

¿La mecánica de la mente femenina?


En estos días, estaba conversando con uno de mis sobrinos sobre su enamoramiento de una compañera de colegio. Recordé esos días en los que uno se enamoraba de la primera mujer que le pasaba por el lado (cosa de hormonas... suspiro: cuanta risas y recuerdos).

Debo decir que yo estudié en un colegio católico, y gocé bastante… hasta que llamaron a mis padres y tuve que apretar algunas tuercas estudiantiles (no todo era basket, mujeres y autos… había que estudiar, un sabio consejo para todo estudiante, de por vida). La cuestión es, que conversábamos sobre diversas cosas y le toqué el punto de que, en general, las mujeres a su edad (casi en graduación) tienden a planear su vida, y (a veces) los hombres somos solo un entretenimiento pasajero (el noviecito). Bueno, lo mismo nos pasa a nosotros.

Le decía, por experiencia, que hay mujeres que saben hasta el nombre que le pondrán a sus hijas/os, sin ni siquiera tener un novio (serio). Mientras que otras, muestran un “manto de misterio” sobre sus planes, cuando en verdad, no saben lo que quieren para el futuro. Por cierto, ninguna está mal, solo son la antítesis ilustrativa de los dos extremos. Le expliqué, que la mujer más inteligente que conocí (al margen de mi hermana mayor: cerebro con patas), nunca terminó la universidad; otra, que era una lumbrera, que tomaba clases de idiomas, computadoras, etc. (en una época en donde nada de esos se usaba) esa, al ver la libertad de la universidad, literalmente: se volvió LOCA (nota: cada cual hace de su vida lo que quiere, no juzgo eso. El ejemplo solo es ilustrativo de cómo reaccionan). Vi muchachas sacar de abajo (pese a no necesitarlo) en aras de ser las mejores en su profesión u oficio (algunas, se volvieron empresarias)… en fin, hay una infinidad de variables que uno como hombre se hace frente a una mujer. 

Sin embargo, cuando somos jóvenes y estúpidos, tendemos a hacer del amor algo puro y nos aferramos a esa idea (eterna); hasta que, la realidad de los años nos lleva por el camino del vino: mejorar la relación o agriarse (alejarse). Quizás, el pensó que le daría un consejo sobre la mecánica (funcionamiento) de la mente femenina y cómo descifrarla. Se diría que con mi edad, lo que se sobre mujeres, tendría una respuesta. La respuesta, no la tiene nadie. Hay hombres que han pasado su vida tratando de descifrar cómo opera la mente de una mujer. Bueno, algo bastante estúpido, ya que, cada mujer, como persona: es UNICA; y, generalizar: NO FUNCIONA.

Bueno, como le comentaba a un grupo de amigos/as una vez en la universidad, la mente femenina JOVEN más allá de retrotraerse a la apariencia, a la necesidad o a las metas preestablecidas (social y personalmente), el 99% de las veces busca adaptarse a su entorno (comodidad y seguridad en una relación). De tal modo, que ver una mujer segura, espontánea y “visiblemente” alegre, solo es la punta del Iceberg. Si quieres en verdad descubrirla, debes sumergirte en su mundo; no tratar de escalarla. Debes seguir su curso, y quizás, perderte en las turbulencias del destino. Acaso no es para eso que estamos los hombres????

Por cierto, la única diferencia entre una mujer joven y una de mediana edad son, sencillamente: los TABLAZOS de la vida; o sea, sus decisiones. Y nada, debo concluir (respetando a las feministas) diciendo que la mente del hombre es algo SIMPLE. Y dado que, casi siempre, METEMOS LA PATA… con la edad, nos hacemos maestros en salir de las situaciones “incómodas”. Hay mujeres que con un “Hola, hermosa” se derriten (literalmente); a otras, puedes “bajarle una estrella”… y solo bostezan.

Al final, solo importa elegir a aquella persona que conozcas, con sus imperfecciones y manías; ya que, con el paso del tiempo, eso es lo que verdaderamente amamos. Solo le aconsejé a mi sobrino que estudiara, se preparara y que esperara a que el destino diera sus pasos… al fin y al cabo, si ella le organizó el cumpleaños… “algo” debe haber ahí. 

febrero 19, 2016

Cuestiones de amor: ¿Dejar ir?.



Siempre hay que agradecer a Dios por las personas que cruzan nuestro camino. Para bien o para mal, toman algo de nosotros y nosotros tomamos algo de ellas. Algo se aprende, algo se olvida. La vida, debe ser vista como una estación de tren (no como un tren); en donde, a veces, solo a veces… esperamos. Esperamos una señal, esperamos un cambio, esperamos algo que: no llega. La idea se aplica a un sin fin de situaciones de la vida. Sin embargo, hay momentos de la vida en los que la espera se convierte en una “bola de nieve” que rueda en una colina: con cada segundo “crece” de forma desmesurada, destruyendo todo a su paso. Extrapolando el ejemplo a las cuestiones del amor… de eso, es que quiero escribir.

Los hombres, nos enamoramos de una mujer en una fracción de segundo. Sin conocerla, sin hablarle, etc.; eso, es pura atracción física; aunque los gestos, también enamoran. Pero ese, no es nuestro punto. Muchas personas me escriben sobre un aspecto repetitivo: lo dan todo en una relación, y no funciona. Bueno, mis elementos serían: tiempo, edad, cultura. ¿Por qué el tiempo antes que la edad? Recuerde que la vida se marca en nosotros por “momentos” (buenos o malos). Y algo que siempre he criticado de amigos/as es que consideran que una relación se calcula en días, meses o años (sin contar: en hijos). Yo pensaba así, hasta que hace unos años me tocó ver a amigos, hombres y mujeres cuyas relaciones de años y de varios hijos: se terminaban. Nuestro mayor mal social, en la actualidad, es que si algo se rompe: lo botas. Casi nadie se toma el tiempo de examinar su relación, corregir sus debilidades, reavivar la llama, etc. Técnicamente, muchas parejas sobreviven al amor solo por sus hijos o por apariencia social.

Tiempo, algo que nunca nos sobra. Algo que no existe; pero, que jamás retrocede. Un tiempo, una vida. Nuestro tiempo (compartido con alguien), es el mayor regalo que le podemos dar. Si necesita viaje, joyas o dinero… algo no está bien. Y no me malinterprete, no me refiero a cuestiones económicas de la pareja, o regalos, o esos viajes que tanto sacrificio nos dan: me refiero al punto en que esas cosas se vuelven una “recompensa” por haber “metido la pata”. En esencia, una relación de un día o 50 años: su pareja no es un “objeto” suyo. Sigue siendo, la misma persona (libre y plena)… lo que me lleva a la edad.

La edad… mientras más maduramos, más inmaduros somos. No, no es broma. Si recuerda su primer amor (amor inocente), dudo que tenga algún recuerdo negativo. Cuando fue adolescente, hasta si le miraban la muchacha, ya estaba usted sospechando; en su juventud, aprendió a conocer a la persona detrás del cuerpo; al entrar en edad, con los hijos o los años de relación, aprendió que la vida tenía muchas cosas desconocidas y caminos por recorrer; y, ya en la “maduritud” (nada de ancianos): bueno, a esa parte aún no he llegado; pero, no hay nada más mañoso y desconfiado que una persona de “edad”. ¿Por qué? No es nada sencillo ver que las cosas que viviste son historia; que las cosas que hacías, ya no se hacen; que los lugares que visitaste, no están; y que, aquellos/as que compartieron tu vida: ya no están.

A veces, siento la rabia de muchos hombres y mujeres en sus comentarios… nadie está obligado a amarlo/a; a quererlo/a; y, ni siquiera, a dirigirle la palabra. Las personas no son nuestra “propiedad” (por tiempo o dinero invertido). De ahí que la edad sea un factor primordial: con los años, aprendemos eso. Y no se tata de nada cultural o social (machismo, o feminismo). Sencillamente, en este mundo buscas relaciones que te llenen como persona; relaciones que generen un reto o desafío. Y, muchas veces, cuando conoces a alguien, en poco tiempo sabes que: no es para ti. Podrá ser la persona más maravillosa del mundo, la más pura y santa del Universo… pero, como siempre he dicho: el amor no es complicado, complicadas somos las personas. A veces, es mejor esperar otro tren, y desearle lo mejor, para todo su camino.

Sobre la cultura, no me refiero al concepto de conocimiento, o saber; sino, a la cultura vista como los valores que tenemos y en qué creemos). Hay parejas (o ex amigos/as), que si se ven en la calle: hasta cruzan, por no dirigirle la palabra a la otra persona. Eso, es de salvajes (a mí me encanta bromear sobre ello), pero es una salvajada infantil de niños de primaria. Si usted tuvo la dicha o desdicha de compartir con una persona un tiempo cualquiera ¿Por qué ignorarla? Madure y afronte sus circunstancias. Hay ex esposos que hasta orden de restricción se ponen o a algunos de sus hijos, mientras que otros: se turnan por llevar a los niños a la escuela. Misma sociedad, misma educación; pero, diferentes valores. Sí, se que debe ser un desastre ver desboronarse una relación de años y años (hijos, familia, amigos, sociedad) y que debe doler como el demonio. Pero, ¿Acaso esa persona y usted no tienen el derecho de vivir una vida PLENA?

Hay gente que ni por la iglesia se casa, por aquello de que “Hasta que la muerte los separe” parece un calvario. "Calvario" es ver esos actos de separación de bienes colgando en los tribunales (y mal hechos). ¿Dónde quedó la confianza? ¿Dónde quedó el compromiso? ¿Acaso sabe usted lo que es el AMOR? Bueno, nada tiene que ver con películas románticas, libros de auto ayuda o pasión. El amor es lo que queda, cuando no hay nada más. Si usted comprende esa frase, sabrá que si alguien no quiere estar a su lado: tiene toda la libertad de seguir su propio camino. Haga lo mismo, mujeres de todo tipo es lo que más hay en el mundo. Salga, enamórese, meta la pata cuantas veces pueda… y en esencia, ame a su mujer: como si no hubiera otra más en el mundo. No es una fórmula, es solo un detalle; el cual, en el momento exacto, marcará toda la diferencia.

Y nada, dejar ir, no significa crecer, madurar o liberarse. Solo significa que, usted, tiene de vuelta las riendas de su vida. Que ha decidido seguir adelante, y montarse en otro tren… al fin y al cabo, de trenes (lugares, personas): está hecha la vida; y todos/as debemos luchar por nuestra plenitud existencial. No se trata de cuantos lugares visitemos o de cuánta riqueza acumulemos; sino, de cuántas personas conocimos y con cuántas personas compartimos este tiempo al cual llamamos VIDA.    

febrero 17, 2016

El hombre y sus ruedas.


Siempre he sostenido que: un hombre se define por la relación con su vehículo. Y, no me refiero al modelo, al año o la marca del fabricante; sino, a cómo trata a su vehículo. Según mi teoría, la relación entre un hombre y su vehículo está directamente relacionada con los conceptos: matrimonio, compromiso, dedicación y trastornos obsesivos-compulsivos (risa). Y por qué, porque la relación se sustenta en la confianza y el cuidado.

Si usted tiene una bicicleta, triciclo, skateboard o patineta: no le aplica la teoría, ya que todavía no conoce del concepto “mujer” dentro de la lógica del universo (sociedad, familia). Pero, no se desanime: es pura teoría; y es, para uno divertirse un rato… yo, aún uso la patineta de mi sobrinita (Dora la Exploradora) una vez al año, cuando limpio el cuarto de los regueros (sacando el arbolito), aunque la tabla es del tamaño de mi pie… y nunca me he caído; salvo, el estrallón del Ripstik en el patio hace unos años (esos no me los han traído; quizás, para que no me mate antes de cumplir 38).

Por otro lado, si usted tiene una pasola o una motocicleta en República Dominicana: usted no es considerado gente por la mayoría de conductores . Y no importa que sea una Road King (Harley) o un Supergato (usted anda en el medio, exponiendo su vida... y mojándose). Ya, en serio, digamos que, son vehículos de recreación o de trabajo; sin embargo, son un capricho o una necesidad cuya posesión está limitada a las circunstancias (y la edad... alguien dijo crisis de la mediana edad?). Aunque he visto familias enteras (7: padre, madre y 5 hijos) en un motor de "2" pasajeros (ver imagen superior). Pero, mi teoría va orientada a automóviles, ya que representan un mayor apego a los conductores.

No existe el concepto amor por los autos; los hombres sentimos PASION por los vehículos... de ahí que algunas mujeres los destruyan solo para hacernos sufrir. Bien, si usted es de esos hombres que no le ha hablado a su carro en medio de un charco, con el agua casi a mitad de puerta: usted no tiene sentimientos; es un animal... insensible. Bueno, aunque los BMW's se apagan por menos: y nadie les habla. También, en ese momento en el que el delivery del pica pollo (quien hace las entregas mas rápido que Flash) le topa al bumper, cruzando por el frente, y lo mira a los ojos (tipo slow motion) ... usted ya sabe que le rayó la pintura; y entonces, solo desea llegar a su casa a ver el “desastre”, para saber cómo va a repararlo: así se va formando una verdadera relación con su carro. Bueno, debo aclarar que si el vehículo en el que usted anda no tiene radio, entonces es solo un automóvil (sin “alma”); salvo, que usted cante como loco dentro de el.

 Ahora bien, como toda relación, cuando usted ve que a la puerta se le desprende un pedazo, o hay partes que se le están cayendo o un sonido "raro": usted sabe que no todo esta bien.  Pero, no por ello corre al dealer a cambiar el carro: nooo!!!... lo remienda lo mejor que pueda, con lo que tenga a mano, y… sigue adelante. Aunque, algunos empeñan hasta el alma por comprar autos de lujo, deportivos, último modelo; sin embargo, el secreto no está en la marca, sino en el uso y el cuidado (compromiso). Su carro puede ser de los 90’s y estar en perfectas condiciones; o, ser del 2015 y estarse cayendo a pedazos; todo, se debe a la dedicación. 

Existe una marcada diferencia entre llevar un vehículo al taller a hacerle un servicio (bueno si está en garantía, es un palo) a hacerle un servicio uno mismo. Y no tiene que ser ingeniero de la NASA para hacerlo. La diferencia, al margen de que se cuida mejor de los componentes del motor (y que no le rompen nada) es que usted sabe las piezas que le pone a su vehículo, a veces, superiores en calidad a las de fábrica. Y eso influye mucho si piensa durar una década o más con su vehículo. Si, leyó bien, y ese es otro aspecto: algunos duramos largos años con un mismo vehículo (fidelidad??); otros, los cambian de 1-3 años, casi siempre, dependiendo de la garantía, ofertas, préstamos bancarios, etc. Sobre este punto, resulta interesante este dato: muchos de los que conozco que entran en esta última categoría: suben la foto de su nuevo carro en Instagram: SIEMPRE (hasta ahí, bien); pero, al cambiarlo: la borran. Es lo mismo que hacen cuando cambian de pareja, o están en “búsqueda”(eliminan esa parte del pasado (Por qué?).

Me gusta diferenciar la dedicación del cuidado. Por un lado, hay personas (mujeres y hombres) que se montan en un vehículo y no tienen la más mínima idea de cómo se realiza el mantenimiento del mismo, ni su chequeo (dedicación). Sin embargo, son casi “religiosos” al momento de darle su servicio al vehículo (cuidado). Lo que me lleva a los histéricos, personas que pulen la pintura semanalmente; que limpian el interior del vehículo hasta con cepillo de dientes, y que manejan a 10km/h para cuidar la suspensión, tapando el vehículo con lona dentro del parqueo (techado). A esos, casi siempre se les estrella un motorista por detrás, el cual termina sobre el baúl o techo del vehïculo, con los brazos abiertos, y diciendo: “Papá, por que frenó así”.     

Parecería tonto comparar autos y personas; sin embargo, si algo hemos aprendido de miles de años de conducta humana es que nuestra personalidad se manifiesta en las cosas que hacemos; de ahí que, si usted anda a pie, en transporte público, en 2 o 4 (o más) ruedas: su única obligación es asegurar su vida y las de sus pasajeros al momento de transitar. Mantenga sus neumáticos a presión adecuada, no compre gomas usadas; respete las leyes de tránsito; ceda el paso; use casco y cinturón; no deje objetos sueltos dentro del vehículo que puedan salir disparados en una colisión; ponga el cinturón a sus hijos; no hable por el celular o se maquille mientras conduce (mujeres); y, siempre recuerde sonreír: una sonrisa le sacará de casi cualquier apuro; bueno, salvo que choque un vehículo de un guardia.

P.d. Y nada, las brochas de pintura son mejores que los cepillos de dientes para limpiar lugares difíciles como los ductos del aire acondicionado o los botones del radio (risa).

febrero 15, 2016

Cuestiones de amor: ¿Desilusión?

A veces, en la vida, el mayor logro de un hombre es: conquistar el corazón de una sola mujer. Sin embargo, en el mundo en el que vivimos parece más un documental de NatGeo (depredadores y presas), que un lugar en donde podamos conocernos y encontrar a esa mujer con la cual compartiremos nuestra existencia. Ser hombre es muy difícil en este mundo de hoy: usted tiene que dominar cada ciencia, arte, profesión u oficio; y, además, ser “encantador”… eso, solo para que una mujer le haga caso. Bueno, es broma: si tiene algo de encanto, hasta lo mantiene. Sin embargo, ese no es el tema… 

Sucede en la vida que hay personas que dejan de creer en el amor; dígase, un caldo de cultivo entre desilusión, monotonía e intolerancia. Pero, ¿Qué es la desilusión? El incumplimiento de las metas autoimpuestas? ¿La falta de tolerancia hacia el otro? O, ¿la repetición de sus propios errores? 

Estar enamorados no tiene nada que ver con el amor. Es, algo así como la diferencia entre estudiar una carrera y ser un/una profesional. Cualquiera puede estudiar, pero no todos terminan… y, la diferencia está en los elementos más simples como el empeño, la perseverancia, la voluntad y los sacrificios (nota: siempre habrá sacrificios en las cosas de la vida por las cuales vale la pena vivir). De ahí que nos enamoramos de una cara bonita, de un cuerpo; pero, amamos las manías, los detalles de una mujer que la convierten en única.

No sé por qué, pero las personas que usan la desilusión como excusa son las mismas personas que emplean el concepto “aburrimiento”. Y no se lo digo como algo malo o para que esté como una Guinea (ave africana extremadamente escurridiza) buscando las causales de por qué su relación no funcionó o no funcionaría. Si algo he aprendido en esta vida es a disfrutar de las personas con sus defectos y su tiempo; si, a veces, para conocer a alguien debes hacer las cosas a su ritmo: a veces son días; otras, años… pero, solo así puede conocerse realmente a una persona.

Y ese es uno de los errores más elementales de nuestro tiempo: lo queremos todo y rápido. No dejamos que las situaciones respiren, disfrutando el verdadero valor del momento: único e irrepetible. En la vida, hay dos momentos en los que debes ser “lento”: comiendo dulce de leche, y en el amor. El primero, se acaba muy rápido; pero, el segundo, deja cicatrices de por vida. Y esa, es la segunda lección: con los sentimientos de las personas no se juega. Como diría Arjona: Hombre no es tener muchas mujeres y vida de tormenta, sino tener UNA y mantenerla “contenta”. Bueno ese es un error que no es exclusivo de los hombres.

Sin embargo, el punto de la desilusión es que no puedes pedirle limones a un naranjo; bueno, puedes hibridarlos; pero, el punto es que no se trata de esperar mucho o poco de alguien, sino de disfrutar de lo que esa persona te ofrece. A veces, olvidamos que el mayor regalo que alguien puede darte es su tiempo. Algo que, jamás recuperará… así que, aprovecha las oportunidades; o, aprende a crearlas. Al final, solo cuenta que nunca pierdas la ilusión de que: para alguien en este mundo, tú eres SU mundo.   

febrero 13, 2016

Si pudiera detener el tiempo: ¿Lo haría?


No hay amor, o amistad, sin un yo, o... un nosotros. Desafortunadamente, vivimos en un mundo demasiado lleno del Yo: insaciable e inconforme. Y qué decir de la manipulación, o de la carencia más elemental: formar parte de algo más grande que nosotros mismos.

Detener el tiempo… en mecánica cuántica, todo un ciclo; en la vida es, sencillamente, estancarnos en un momento. Y no me refiero a un problema, me refiero a aferrarnos a la “perfección” de un momento pasado que nos marca, literalmente, toda la vida. Imagine al niño o niña que estudió medicina porque ayudó a un enfermo/a; el muchacho o la muchacha que defendió causas perdidas y terminó como abogado/a o juez/a; aquel niño que jugaba con arena en la playa y terminó como ingeniero/a. La vida tiende a darnos situaciones que nos marcan. Pero, ¿Nos muestra un camino?; o, el camino.

El ser, es una compleja suma entre estar, pensar y actuar. Técnicamente ese es el “yo”. Y en este punto, podría decirle que en el momento exacto en que se da cuenta de que la suma de todos sus elementos lo o la convierten en un ser único, especial e irremplazable (en ciertos sentidos) comprende que necesita algo más, algo que está fuera de su individualidad; bueno, esto debo polarizarlo con el  “nosotros”; ya que, por más “bendito o bendita” que usted sea: por ahí anda un alma “inversa” a la suya, que le hará cuestionarse sobre toda su existencia. A veces, llega solo como amor; otras, como un NOSOTROS. En fin, ¿Por qué detener el tiempo?

El error más grande de la humanidad de los últimos 50 años fue pensar que todo podía envolverse en una caja y entregarse. En cierto sentido, diría que en un punto la presentación se volvió más importante que el contenido. La apariencia de una persona se volvió más importante que sus sentimientos. ¿Por qué? Fue, quizás, el deseo de cada persona de verse realizada compitiendo consigo misma, o con otros, para lograr una realización personal o existencial. Hasta aquí, ningún problema. El problema ocurre, cuando comenzamos a competir por una pareja, o con nuestra pareja. Muchas personas buscan fórmulas mágicas para el amor y un matrimonio de 50 o más años. Sin embargo, en vez de construir momentos y compartir experiencias, se dedican a competir. No me mal interprete, competir es sano en muchos aspectos; pero, los únicos logros que cuentan en la vida son las cosas que aprendimos y con quienes las compartimos: ese, es nuestro verdadero tesoro.

¿De qué vale ser la chica más bella del mundo, si se pasa el día sola, con sus amigas, mucho trabajo... y, sin nadie que haga sobresaltar su corazón???Una monotonía de días que se vuelven años, alejándola del más noble y puro sentimiento… y es ahí, donde me pregunto: ¿Si pudiera detener el tiempo?... ¿Si pudiera moverme fuera de el?... ¿Cómo haría para que el corazón de ella diera un salto en el tiempo-espacio, robando (al menos) una pequeña sonrisa… aunque sea chiquita? ¿Acaso de eso no se trata el NOSOTROS? Bueno, creo que la respuesta debe estar encerrada en algún otro post.   

febrero 11, 2016

Cuestiones de amor: Simpatía.


Hombres y mujeres, somos criados de una forma algo distinta sobre nuestros conceptos de amor, pareja, matrimonio, familia. Pero, lo cierto es que, sin importar la sociedad o la época: todos y todas buscamos lo mismo; algo así, como el: “para toda la vida”.

No hay dos personas iguales; súmele incontables “amores” y “desamores”, y tendrá una enciclopedia de teorías y vivencias distorsionadas sobre lo que es el amor y cómo hacer funcionar una relación, más allá de la atracción física. (En este punto, alguien siempre se identifica con los consejos de sus vivencias… y yo, les recuerdo, como cada año, que esto busca ser teoría (objetiva), que sirva para comprender un poco más sobre nuestra relación de pareja (hombre-mujer: iguales, y diametralmente opuestos)).

Tanto hombres como mujeres nos enamoramos de una presencia física (alta, rubia, de buen cuerpo y piernas largas… o, algo así). Sin embargo, solo somos capaces de llegar a amar con el tiempo y la dedicación que somos capaces de dar a esa otra persona que puede ser muy distinta a nuestro parámetro inicial. Casarse?, hasta los perros lo hacen hoy en día; sin embargo, unirse voluntariamente (ante los ojos de Dios o de su conciencia) a una sola mujer, en este tiempo, parecería más un calvario que la manifestación libre de una voluntad dispuesta a compartir este camino.

Ello, ha llevado a muchas personas (hombres y mujeres) en una búsqueda por un espiral de “belleza” (física), dejando a un lado el hecho, de que lo que nos hace únicos es nuestra forma de pensar/actuar. Pero, esta parte la dejo a un lado, junto con las mariposas en el estómago (nervios), el “sí quiero” y el “En qué lío me he metido”. Digamos qué, llega un momento en la vida en que su mujer pasa de ser un ser mítico, a una persona de carne y huesos… que ronca, patea y babea como un bulldog. Sin embargo, un matrimonio (como institución) es la prueba tangible de que el amor es solo eso: simpatía.

Una simple palabra, con un complejo significado. Algunos dirán que el amor es apego, cariño, entrega, devoción, alegría o una firme voluntad. Sin embargo, lo cierto es, que en algún punto de tu vida conoces a esa mujer que, literalmente, borra todo lo demás (incluyendo, cualquier consejo). Y sobre ello, solo habría que decir que, muchas personas no entienden que en el amor no hay un sentido de posesión; sino, un sentido de pertenencia (a la pareja, a la familia y la sociedad); también, se pasa por alto el hecho de que, en el amor: no hay dudas; ni recelos. Y es que, no hay dudas, en el sentido de que algo puede durar un instante o 90 años. Me refiero a que, llega un punto en el que, antes de rezar por ti: le pides a Dios que le de salud y alegría a ella; y, sin importar el cansancio o los problemas: dejas todo a un lado, para compartir ese momento especial juntos.

Los hombres estamos hechos para ser DUROS; sin embargo, todos sabemos que en una casa LA MUJER manda. Bueno, no es la regla; pero, el punto es que como hombre siempre tratas de darle valor a su opinión; salvo, que ella no tenga la razón… entonces deberás disculparte y buscarle la vuelta para que ella te perdone, aunque ella se halla equivocado y tu tengas la razón. ¿Por qué? porque así es el amor: una compleja maraña de sentimientos, reducidos a un solo concepto: simpatía. El hecho de que me preocupo más por cuidarte a ti, que de mí mismo. 

febrero 07, 2016

Solo vivimos una vez.


Si alguna vez se ha detenido a lanzar una piedra sobre un lago o un río con la superficie en calma, podrá apreciar el hecho de que, no es solo cuántas veces rebota la piedra sobre el agua; sino, las ondas que cada “rebote” produce en la superficie. Hay un punto en que esas ondas convergen y, literalmente: se cancelan; quedando solo los remanentes difusos de un efecto lineal. Lo mismo, sucede con nuestra vida.

Cada decisión que tomamos, tiene una consecuencia. A veces, previsible; otras, imprevisible. Y ello, nos lleva por el camino de la experiencia y la construcción de nuestra vida. Debo aclarar que, aplicando el tema al Carpe Diem y al YOLO: la idea se ha desnaturalizado bastante. No se trata de vivir la vida como si fuera el último día (excesos), ni pensar que lo que hacemos hoy no tendrá repercusiones mañana (excusas). El hecho de la expresión solo refiere a que debes hacer lo que sea que hagas, de la mejor manera posible; porque, si faltas mañana, alguien debe ser capaz de retomar lo que has dejado y seguir adelante. Ello, aplica a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestra pareja.

La vida, es un don. Nadie sabe cuándo llegará su hora. Pero, no por ello debemos privarnos de vivir plenamente. Conozco personas como yo, que son extremadamente precavidos con las variables y los resultados. Y ni siquiera ellos/as pueden controlar los resultados de cada día. Y ahí está uno de los secretos de la vida: vivir el día a día haciendo de las cosas simples algo memorable. ¿Cuándo fue la última vez que almorzó o cenó con sus padres? ¿Cuándo invitó a su pareja a una cita solos? (los abuelos cuidando los nietos por el fin de semana) ¿Cuándo fue la última vez que llamó a un viejo amigo y le dijo una extensible muestra de malas palabras que, terminaron en alguna remembranza y en risas? ¿Cuándo fue la última vez que sacó tiempo para usted mismo/a?

Son esos detalles de la vida los que nos recuerdan que los años cambian todo y que las cosas ,solo nos suceden una vez en la vida; para luego: cambiar. Y eso, es lo maravilloso de vivir; ya que, fuera de lo bueno y lo malo, de lo esperado e inesperado, nos encontramos aún aquí, reflexionando sobre esta “basura” existencial que solo nos sirve para valorar lo único que tenemos y que realmente importa: nuestra vida.  Es como ver a un perro tosiendo (atragantado por un hueso): sin importar los peligros y las preocupaciones, al final, terminamos moviendo la cola (alegres); y esperando… nuestra próxima aventura.

febrero 05, 2016

Lo que construimos.



Decir que todos los problemas de un hombre surgen cuando conocen a una mujer: es una gran mentira. Ya teníamos problemas, desde que nos pusieron la primera tarea en el colegio. Sin embargo, siguiendo la línea del concreto debo ver qué escribo sobre el amor respecto al punto de los cimientos.

Uno espera que el amor dure para siempre, que todo sea comprensión, perdón y armonía… pero, al margen de las películas de Disney: no hay nada mejor que llevarse “mal” con su pareja. Antes que nada, fíjese en las comillas. Y, creo que debo dar un salto en el tiempo: al inicio. Su novia del colegio, su vecina, su “amiga”, la amiga de su novia, la hermana de la muchacha que le gustaba, la que le presentaron, la que usted conoció por casualidad, su colega, la hermana de su colega, la mejor amiga de la novia de su amigo… (Creo que entiende la idea): cualquier mujer que entró en su vida y es su pareja. Hay relaciones que duran calidad de tiempo y cantidad de tiempo. Es decir, que hay momentos de la vida que valen por meses o años… solo espero que, se de cuenta de lo complejo que es escribir sobre el tema con los 200 millones de variables que hay entre situaciones, complicaciones y sentimientos: no tengo todas las respuestas.

Entonces, tenemos física, química y filosofía (sexo, cariño/respeto y sentimientos)… un tripletazo bastante extensivo. Sin embargo, parte de la reflexión de escribir de estos temas (teóricos: objetivos, en la medida de lo posible) proviene de la cuestión básica o del cuestionamiento que lo origina. Y para ello, como pareja, debo retroceder en el tiempo hasta el punto filosófico de la relación, que será el primer elemento.

Los sentimientos: forman parte de la relación desde antes, incluso que la relación. Cuando nos enamoramos por primera vez (10-12 años) el amor es ingenuo, la vida se resume en besos y felicidad. Interesante, es lo que ocurre entre ese punto y la llegada de la pareja con la cual pretendemos pasar nuestra vida. Nos casamos con una mujer, su familia, sus amigos, sus mascotas… y, todo su universo. Nota: por universo, me refiero a cada una de las relaciones previas que tuvo. Es un tema delicado, así que solo me limitaré a decir que: “Un caballero no tiene memoria”. Volviendo al tema de los sentimientos, no hay nada más importante en una relación que la confianza y el respeto. Ya he escrito sobre ello; pero, el punto aquí es que: según avanzamos en la vida (edad) se nos hace más difícil confiar; y el respeto, ese hay que ganárselo. Dicho esto, hombres y mujeres somos bastante similares respecto a desconfiar con el paso de los años; y este, es mi elemento central.

¿Consejos sobre amor? Nadie en este mundo podrá decirle si lo que usted siente es real o no; si es pasajero; si funcionará; o, cuánto durará. El punto, es que somos un resultado de experiencias y anhelos y cuando ellas convergen en una relación, solo debemos tratar de ser nosotros y sentirnos cómodos al compartir con alguien especial esos momentos que jamás volverán. Por cierto, solo se vive una vez (próximo post); sin embargo, debemos pasar la vida reflexionando sobre cada día de nuestra existencia. De ahí que, en algún momento comenzamos a entender (o quizás, aprender) que una mujer es algo más que una pareja (madre de nuestros hijos; compinche; amante) y que se vuelve parte de lo que somos en cuanto aceptamos la inevitable verdad de que el amor es, simplemente, SIMPATIA… desde el punto de vista de que somos devotos a esa sola mujer, sin importar el mar de opciones que la vida nos cruce.

Construimos una relación con algo más que cariño y respecto, con algo mas que comunicación o pasión… lo que hace que el amor dure, no son los hijos, los amoríos, las hipotecas o las deudas: es la devoción por ese sublime ser que está ahí cada mañana y cada noche, con sus ironías y sus particulares “mañas” y que pone nuestro mundo de cabeza, a veces, con una simple sonrisa. Nos enamoramos, amamos y sufrimos por una sola mujer en la vida; y, si tenemos la dicha de compartir con ella: días, meses o años… poco importa. Es una experiencia única de la vida que nos enseña apreciar los pequeños momentos… que duran para siempre.  

febrero 02, 2016

Una cuestión de... humanidad



Cada año, escribo una docena de posts sobre amor y amistad. Es como una tradición en la que trato de hacerle entender a las personas que los hombres (hombres-hombres… risa) también podemos escribir sobre estos temas). Lo cierto es, que las mujeres nos ponen a escribir disparates y cosas raras, aunque en el fondo sabemos que por ellas (ustedes) hacemos cualquier cosa.

Sin embargo, comienzo este 2016 de forma distinta y reflexiva. Si se fijan, cada año sigo un patrón y temas teóricos casi individuales. Pero, este año quiero comenzar por algunas cosas que nos afectan como especie, más que como individuos. Imagine el amortiguador de un vehículo (vienen en pares): cuando le toque cambiarlos sabrá que incluso dos cosas iguales no se desarman de la misma forma si están en dos lugares distintos. Eso, sucede con nosotros las personas: tenemos los mismos sentimientos, los mismos músculos, los mismos huesos (bueno, casi); pero, es casi imposible encontrar dos personas iguales que reaccionen de la misma forma ante un mismo evento. Yo, no se mucho de nada; solo se, algo de todo. La vida me ha enseñado a tomar cosas inútiles hasta volverlas a mi favor en las circunstancias menos “ortodoxas” e incompatibles. Así que ¿Por qué no tomar la escritura, y mi forma de escribir para hacer este post?

¿Qué tienen en común una tribu de pescadores kenianos, con los inmigrantes que huyen de las guerras en el Oriente? Unos tres millones de años atrás, un gran lago lleno de peces y exuberante vegetación dio origen a la evolución de nuestra especie. Comer carne nos permitió aumentar la masa cerebral y sin esos nutrientes: estaríamos rompiendo semillas con rocas como algunos primates. Los seres humanos, nos adaptamos. Aprendimos a ver el mundo como nuestro hogar, cruzamos fronteras, experimentamos, sufrimos. Cambiamos la jungla verde por la jungla de cemento con todos sus cambios. Y no me refiero a tecnología, me refiero a nosotros, y nuestra capacidad de sorprendernos ante la vida. Hoy en día, cualquier pescador del planeta sabe que hay menos peces, que son más pequeños y que las aguas están contaminadas o más alcalinas (afectando la flora y fauna). Todo es cuestión de tiempo para que todo un proceso evolutivo quede en el recuerdo, y apuntemos hacia un nuevo cambio. 

Nos movemos, nada en esta vida es estático… salvo un bulldog, aunque se mueven por comida. En fin, ese cambio en el entorno, es lo que nos lleva a desplazarnos. Así llegamos al tema de la inmigración en Europa. Y no piense que voy a referirme a los niños ahogados, al incendio de asentamientos o al problema económico… Un pescador keniano, toma el tronco de un árbol, de un ancho un poco mayor al de sus pies juntos y hace de éste un bote. Ya, no pesca la misma cantidad de peces, por lo que ha tenido que ingeniárselas con algo más “grande”: cocodrilos. Imagine salir de su casa a buscar alimento en la noche, con una lanza de madera que tiene un pequeño arpón en la punta y una arcaica soga. Recuerde el tronco sobre el que va de pie y que su presa lo triplica en tamaño. Ahora imagine usted su propia ciudad, su casa, su calle… imagine sus vivencias durante su corta o larga vida. Ahora, vuelva a imaginar esos lugares luego de ser atacados con artillería pesada: calibre 50, tanques de guerra, misiles… imagine que la mitad de todos los que usted conoce murió (innecesariamente). Imagine que quieren obligarlo/a a luchar, a esconderse, a sobrevivir en un lugar incierto...

Ni el pescador de cocodrilos keniano, ni el inmigrante: saben si sobrevivirán otra noche. Ese es su punto de convergencia: la incertidumbre. Si bien uno busca el peligro (por necesidad), el otro trata de alejarse de el, por instinto de supervivencia. Esa es su opción: sobrevivir, alejándose del peligro. Y a esto, me refiero con el término “humanidad”: puedes ser el hombre o mujer más bravo, valiente y capacitado del planeta; pero, desde que tienes a tus hijos/hijas, padres/madres, (la esposa, es compañera de batalla en cuestiones de supervivencia de la familia) en medio del peligro: las reglas del juego cambian. Nuestro instinto de pelear se ve reemplazado por hacer que los nuestros estén seguros; y es ese punto, en el que también confluyen el pescador y el inmigrante: ambos, arriesgan sus vidas por llevar la mejoría a sus seres queridos. Y eso, en una simple palabra es: amor.

Así comienzo estos posts de febrero, esperando que por encima de la guerra, de la incertidumbre y de la falta de esperanza: cultivemos el amor y la amistad en un granito de arena. Lo suficientemente pequeño para estar con nosotros; y, lo suficientemente grande para unirse, y crear algo tan duro como el concreto.