abril 25, 2018

@eye.of.ty



He elegido hoy esta imagen de Ty Newcomb (@eye.of.ty) denominada: “Luz de vida”, por una simple razón: Toda vida, ilumina con su propia luz. ¿Quiere saber qué significa esto? Que no hay que competir, para ser valioso/a.

Sí, los seres vivos tenemos la palabra “competencia” escrita en nuestro adn por todos lados. Sin embargo, no creo que haya un animal más indefenso al nacer, que un ser humano. Si no fuera por ese deseo, hasta de respirar, que tenemos: moriríamos más rápido de lo que nacemos. Gateamos, caminamos, corremos, bailamos, reímos, amamos, sufrimos, lloramos; pero, en medio de todo ese camino: lo que somos, no se define por nuestros instintos; sino, por nuestras acciones.

Hay quienes dicen que los deseos (ideas, pensamientos, aspiraciones) no importan si no las llevas a la práctica. Sin embargo, si no tienes clara esa “teoría”, toda práctica se vuelve “instinto”. Y si el instinto fuera infalible: no hubiera evolucionado la razón. Sin embargo, la pregunta es: ¿En verdad competimos? O, tan solo buscamos sobrevivir. Hay una diferencia abismal entre dos corredores que quieren ganar un premio (reconocimiento) y una orquídea exótica que florece exclusivamente en una época del año para transportar su polen a otra planta de su misma especie (sobrevivir).

Quizás, la grandeza de una persona no se encuentra en cuántos obstáculos ha vencido; sino, en a cuántas personas ha ayudado a vencer esos obstáculos. Las mayores sociedades modernas te dicen: para llegar a la cima, debes olvidarte de todos y seguir hasta la meta. Aunque le sorprenda, la técnica si funciona: usted será la persona miserable más rica que pueda imaginar; incluso, hasta puede comprar amigos/amigas, amantes y bienes. Pero, habrá un hueco en su ser que no lo llenará nada. ¿Recuerda a las personas a las que les dio la espalda para llegar ahí; ¿A cuántos/as afectaron sus decisiones? ¿Los que quedaron atrás?

Ese, es el verdadero problema de competir en la vida: te quedas solo o sola. La vida, no es una meta. Son todas las circunstancias y oportunidades que tomaste o dejaste para llegar hasta el final. ¿Qué hubiese pasado si en vez de ganar 10, te hubieras conformado con 5? ¿Si hubieras escuchado el consejo de tus amigos/as, además de a tu “infalible” instinto? ¿Si les hubieras demostrado humildad a las personas, antes que riqueza y gloria? 

A eso, me refiero con luz propia, al valor que cada circunstancia y oportunidad tiene en nuestra vida, frente a las decisiones que tomamos. No es saltar de un avión sin un paracaídas; es, saber que puedes saltar, a sabiendas de que una o varias personas se asegurarán, con su propia vida, de que llegues al suelo sano (o, sana) y salvo (o, salva). El reto no es llegar a la cima, es llevar contigo la mayor cantidad de buenos recuerdos y de personas que puedas. Si tan solo cambias una sola vida, a algo mejor: no habrás vivido en vano. Esa, es la única luz que cuenta. No la de una iglesia (tributo), ni la una sociedad (fama); sino, la de hacer el bien, sin esperar nada a cambio.

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